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OPINIÓN - DOMINGO, 14 DE AGOSTO DE 2011

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

Simplicio
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

No podía imaginar el protagonista de esta “historia” que el 15-M le traería fatales consecuencias. Él, como muchos jóvenes de nuestro país, sintió la necesidad de abandonar su pueblo, ubicado en la provincia de Toledo, donde sólo trabajos eventuales fueron objeto de su actividad laboral. Tenía algo más de veinte años cuando se decidió a dar el paso decisivo para trasladarse a la capital de España. Sólo una breve experiencia en trabajos del campo y una incompleta formación, donde no llegó a conseguir titulación académica elemental, aunque él “presumía” de saber leer, escribir y hacer cuentas. Con un breve equipaje, se lanzó a la aventura.

Y no tuvo muchos problemas para encontrar un puesto de trabajo: una ferretería, ubicada en la madrileña Puerta del Sol, donde, en principio, y como era lógico, desempeñó funciones de meritorio, hasta que, transcurrido unos meses de aprendizaje, se convirtió en un empleado eficiente, a satisfacción de los dueños del establecimiento.

Unos años después, consiguió un modesto piso en las proximidades de su lugar de trabajo, posiblemente con la intención de formar un hogar, con su novia de toda la vida, que había quedado allá en el pueblo y que, con cierta asiduidad, lo visitaba.

Pero aparece, para él, de forma inesperada, el autodenominado 15-M, convirtiendo la madrileña Puerta del Sol en epicentro del movimiento que toma esa denominación, por acontecer a mediados del mes de Mayo, a una semana de las Elecciones Autonómicas.

Grupos de ciudadanos “indignados” salieron a la calle para expresar su rechazo a la clase política y reclamar un cambio sustancial en el sistema.

No importaba la edad, aunque la mayoría eran jóvenes, tampoco la ideología, aunque avispados dirigentes de uno y otro signo a la caza de votos, no tardaron en mostrarles sus simpatías o tomar la callada por respuesta, para no dar un paso en falso que pusiera a la multitud en contra.

Simplicio, todo este movimiento lo vivió de forma pasiva, con cierto asombro, al producirse de forma inesperada, escuchando los primeros gritos de “lo llaman democracia y no lo es”.

Acamparon en decenas de plazas públicas, en vísperas de las elecciones y, pese a que la Junta Electoral Central prohibió sus concentraciones, el Ministerio de Interior decidió no desalojarlos.

Pero aquello que parecía “flor de un día”, resultó que se prolongó por muchos días, originando un enorme deterioro en la Puerta del Sol, en aquellos establecimientos colindantes, perjudicándoles notoriamente en la venta de artículos y las consiguientes pérdidas, elevándose a porcentajes muy altos.

Simplicio, por un momento, temió lo peor: de prolongarse la situación, su trabajo peligraría, por lo que se venían abajo todos sus proyectos y se vería abocado a formar parte de esa ya larga “legión” de “indignados”.

En síntesis, las propuestas del llamado 15-M eran: 1) Eliminación de los privilegios de la clase política. 2) Lucha contra el desempleo y jubilación a los 65 años. 3) Derecho a la vivienda. 4) Especial atención a los servicios públicos. 5) Control de las entidades bancarias. 6) Fiscalidad, aumento de impuestos a las grandes fortunas. 7) Libertades ciudadanas. 8) Reducción del gasto militar.

En un paréntesis producido por los “indignados” y, recobrada la normalidad, el dueño de la ferretería donde trabajaba Simplicio, lo inquirió en su despacho con los deseos de hacer una exposición sobre la situación originada por los acampados: crisis total en todos los comerciantes de la zona. Y el modesto empleado se temió lo peor: despido, por las nulas o escasas ventas de artículos que se habían producido en esos días. El cuerpo le temblaba, viendo cómo se veía irremediablemente a quedarse sin empleo. No se cumplieron sus vaticinios de forma inmediata, lo que su jefe le pidió es que comprendiera que si no se realizaba en esos días una total recuperación de la normalidad, sí que se produciría el despido de forma inmediata.

Pero, ¿por qué se produce en estos momentos este movimiento de protesta? El movimiento del 15-M puede ya apuntarse el tanto de haber rescatado de los sótanos de la Historia la idea de la utopía (posible) para el imaginario colectivo. Se trata, sin ningún género de dudas, de una pequeña revolución cultural. Los eslóganes del 15-M no dejan lugar a dudas. “No somos anti-sistemas, somos cambia-sistemas”. “Tu futuro es ahora”. “Ya ha empezado”. “Hemos vuelto a recuperar la fe en el futuro”. “Y la capacidad para imaginarnos un mundo mejor”.

Ahora que los manifestantes de la Puerta del Sol gritan “lo queremos todo y lo queremos ahora” ha llegado el momento de preguntar por qué la utopía había desaparecido del horizonte cultural contemporáneo, qué papel jugó la ideología dominante (el libre mercado) en su caída en desgracia y qué función política cumplen los textos utópicos literarios.

A los participantes de estas concentraciones les une una común indignación ante una situación que les parece insoportable… Nos encontramos ante una manifestación de justa cólera que, afortunadamente, se ha expresado de forma pacífica. No se sabe lo que ocurrirá. Es difícil valorar los movimientos sociales en su origen…

El porvenir de Simplicio está en un punto de incierta espera. Ser un “indignado” o no serlo, no depende de él. Sin duda, no se trata de un único caso, si tenemos en cuenta que los movimientos de protestas se han realizado en Barcelona, Valencia, Salamanca, Mallorca, Burgos… y siempre en lugares céntricos, por lo que los problemas laborales originados en ellos son similares a los de Madrid.
 

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