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OPINIÓN - DOMINGO, 14 DE AGOSTO DE 2011

 
OPINIÓN

Miscelánea semanal

Por Manuel de la Torre


Lunes 8


Guillermo Valero, el mejor vendedor de vinos que nunca haya tenido las Bodegas Terry, siempre me decía que para los tiradores de escopeta al pichón y al plato venir a Ceuta era un motivo de alegría. Que la estancia en la ciudad, durante varios días de verano, y su alojamiento en El Hotel La Muralla, les suponía el mejor regalo del año a quienes gustaban de competir en puntería. La primera vez que a mí me tocó alternar con tan extraordinarios competidores fue el 24 de julio de 1982. Fecha trágica. Pues en ella se produjo la muerte del soldado Antonio Güeto cuando participaba en la extinción de un incendio. La noche anterior, la barra de la Cafetería del Hotel La Muralla era un hervidero de personas dispuestas a disfrutar de una competición magnífica en las instalaciones de Punta Bermeja. A partir de entonces, el interés de tal acontecimiento fue disminuyendo a la par que las instalaciones se quedaron obsoletas. Ahora, Francisco Manuel Blanco “Quino”, dueño del restaurante ‘La Barraca’, me dice que se abrirá una nueva cancha de tiro en Punta Bermeja. Aunque en otro sitio. Y que existen las mejores perspectivas para que las competiciones de tiros alcancen otra vez un gran esplendor. Las que tuvieron allá por los años setenta y ochenta. Que así sea.

MARTES. 9

Me cuentan la siguiente conversación entre dos políticos cuya orientación sexual es distinta. El lugar del hecho lo dejo a la elección de ustedes. El primero, que está convencido de ser tan macho como muestras daba de serlo Luis Miguel Dominguín, se jactaba de que viajaría cuantos antes a una playa caribeña donde podía cambiar de mujeres cada dos por tres. El político, tan follador él, le enseñaba al otro las pastillas que se llevaba para disfrutar a tope del sexo. El segundo, en cambio, celebraba con enorme entusiasmo que muy pronto estaría tendido al sol en una playa griega situada en la isla de Mykonos. Una playa que han hecho suya todos los gays del mundo con posibilidades económicas. Durante la conversación, ambos políticos disfrutaban ya de antemano de los placeres que les esperaban, gracias a que llevaban la faltriquera repleta de dinero. Semejante exhibición de buen vivir, en momentos donde la incertidumbre política, social y racista es tan grande, me parece que no deja de ser una actitud tan innecesaria cual peligrosa. Estamos inmersos en tiempos difíciles, muy difíciles, tan complicados como para que los políticos sepan que son las personas más odiadas en la actualidad. Y que a medida que aumenta el desempleo, y los pobres son más pobres y la clase media va desapareciendo, también crece la aversión hacia ellos. Lo cual hace posible que la predisposición de malestar existente ya entre cuantos carecen de lo más elemental, salga a flote convertida en una explosión de ira. Cambiando lo que haya que cambiar, conviene no perder de vista los disturbios que se están produciendo en El Reino Unido.

MIÉRCOLES. 10


El 24 de julio pasado, en mi columna de opinión, titulada Chapuceros, el primer párrafo de “El Oasis”, que así se llama la columna, era el siguiente: “Cada vez que se apaga la luz en Ceuta, algo que viene ocurriendo desde hace muchísimos años, frecuentemente y casi siempre en el extrarradio, lo primero que se me viene a la cabeza son los años de nuestra posguerra. No lo puedo remediar. Y sucede que en esos momentos los recuerdos de aquellos años oscuros y terribles, desfilan ante mí con tanta claridad como para darme cuenta de que las chapuzas en Ceuta siguen formando parte de nuestra manera de vivir”. Después de lo ocurrido ayer por la noche, tras el apagón histórico del que habla este periódico y que todos vivimos, me ratifico en lo escrito por mí hace quince días. Y no tengo el menor inconveniente en decirles a los directivos de Endesa que bien harían en salir a la palestra pidiendo disculpas y declarando que han decidido hacer penitencia por el daño que están causándole a esta ciudad. Una ciudad donde los poderosos siguen gozando de privilegios. Ya está ahí la palabra odiosa: privilegio. Palabra contra la que se alzaron los hombres de la Revolución francesa. Pero que en esta Ceuta, teniendo a unas autoridades tan melifluas cual dubitativas, mucho me temo que los dirigentes de Endesa sigan haciendo de su capa un sayo. Lo cual significa que los apagones continuarán produciéndose cada dos por tres.

JUEVES. 11

Contaba el domingo pasado en esta página, que hace ya cierto tiempo que yo decidí no juntarme con los políticos. Que sólo me limitaba a saludarlos, cuando la ocasión se encartaba, por educación y poco más. Y explicaba que actuando así evitaría pronunciarme coartado por los sentimientos a la hora de escribir sobre ellos. Por lo tanto, no es extraño que lleve la tira de tiempo sin cruzar palabra alguna con Nicolás Fernández Cucurull: Senador del Partido Popular y presidente de la Comisión de Presupuestos de la Cámara alta de las Cortes. Insisto: hace ya un mundo que yo no hablo con el señor Cucurull. Y si hoy he decidido escribir de él, créanme que es porque en una conversación entre conocidos alguien ha sacado a relucir las ganas que tiene el senador de dejar su cargo y venirse a Ceuta a disfrutar de un puesto importante. El conocido, que conoce bien los entresijos del Ayuntamiento y, sobre todo, está al tanto de cuanto se cuece en el PP, me adelanta que ha llegado el momento en el cual Nicolás Fernández sea elegido presidente del partido. Cargo que deseaba y al que estuvo a punto de presentarse, como aspirante, cuando Pedro Gordillo y Emilio Carreira se enfrentaron en una campaña electoral, que acabó siendo cruenta. En esta ocasión, con el camino despejado y con un partido que está pidiendo a gritos que alguien conecte con sus militantes, con todos sus militantes; es decir, con los de la banda y con los del lugar, los deseos de Cucurull podrían verse cumplidos.

VIERNES. 12


Hace poco tiempo que estuvo Luis Vicente Moro en Ceuta. Y coincidimos en un establecimiento. Nos saludamos, como mandan las reglas de la buena educación, pero sin que saliera a relucir ni un adarme de efusividad. Quizá porque nunca nos entendimos durante su estancia en Ceuta, cuando ejerció como Delegado del Gobierno. Luis Vicente me dijo que me leía desde la distancia y que me seguía viendo con el mismo talante inquisidor en mis opiniones. Ni siquiera me molesté en preguntarle en qué medida me perjudicaba el adjetivo que me había endilgado. Ni las razones que podía esgrimir para calificarme como escribidor inquisitivo. Porque entendí bien pronto que lo que me quería decir Luis Vicente Moro es que yo me mantenía en mi línea: o sea, sin conchabarme con ninguna autoridad. Pues él recuerda perfectamente cómo me negué a servirle de correveidile en versión oficial. Labor que cumplió una periodista que ahora se atreve a hablar del ex delegado del Gobierno de manera tan irrespetuosa como inoportuna. A buenas horas, mangas verdes. Lo digo, porque la periodista a la cual me estoy refiriendo, debe acordarse cuando iba invitada a comer a la Delegación del Gobierno, cada dos por tres, y servía para transmitirles a los cargos que estaban directamente a las órdenes del señor Moro, lo que éste quería que supieran pero sin que sospecharan que era él quien emitía los mensajes. Es más, un editor, cuyo nombre me reservo, me contaba en su despacho lo siguiente: “Tengo de topo en la Delegación del Gobierno a una periodista que está adquiriendo un poder enorme como persona de confianza del Delegado del Gobierno”. Después ocurrió lo que ocurrió… Eso sí, lo único por lo que yo saludo al señor Moro, al margen de la buena educación, es porque hizo todo lo posible por salvar la vida de Mohamed Chaib. Y lo consiguió.

SÁBADO. 13

En España la primera manifestación del poder consiste en colocar gente próxima. Es algo que se ha venido diciendo desde tiempo inmemorial; pero ahora más que nunca, debido a que la crisis económica está haciendo estragos entre los de siempre: los más desfavorecidos. Antes se contrataba a parientes carnales y ahora a parientes políticos, militantes del partido que reclaman el pago de las lealtades. Y, lógicamente, esas legiones clientelares sobredimensionan una administración ineficaz y mal organizada y contribuye al rencor popular contra la función pública. Quien me habla así (funcionario de carrera y persona muy dada a saber escuchar atentamente y a opinar cuando conoce muy bien de qué va el asunto, de la misma manera que guarda un silencio sepulcral cuando está pez de la cuestión que se expone), se desespera ante el poder disparatado de los partidos. Se escandaliza de la enorme distancia que hay entre los ciudadanos y los que mandan. Por lo cual no se cansa de explicar que esto no funciona, que los políticos españoles sólo trabajan en beneficio de los partidos, sus clientelas y las redes mafiosas que les acompañan.
 

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