PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura
Melilla

Opinión
Archivo
Especiales  

 

 

OPINIÓN - DOMINGO, 21 DE AGOSTO DE 2011

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

¡…es que yo soy socialista!
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

Transcurría el curso 1999-2000. Colegio Público “Maestro Juan Morejón”. Me correspondió la de tutor de un grupo de 2º de la ESO-A, formado por alumnos y alumnas, a casi un 50%. Yo impartía Matemáticas, Ciencias de la naturaleza, Tecnología, y si quedaba un tiempo libre, me responsabilizaba de la alternativa a la Formación Religiosa, donde, con un grupo de varios alumnos musulmanes, nos dedicábamos a comentar la “prensa del día”.

En los comienzos del curso, todavía con el recuerdo de las vacaciones, Septiembre lo dedicábamos a repasar el curso anterior y organizar el aula. En mi trayectoria como tutor, lo primero que hacía ere elegir al Delegado del grupo, que al mismo tiempo, ejercía como Secretario del tutor.

El cargo, en su doble función, se elegía de forma democrática, con la participación de todo el grupo. Con mayoría absoluta salió elegido Oscar, un chico con aspecto serio, que a mí, me agradó. Y a él, también. Se le vio entusiasmado. Quería ser útil, colaborar para el buen funcionamiento del grupo.

Oscar, que había “cogido” el cargo con muchas ganas, pretendió introducir nuevas ideas para conseguir la superación de todos los objetivos propuestos. Entre sus ideas, estaban a elaboración de un escueto “Reglamento de Disciplina”, aunque ya existía uno de cursos anteriores. El suyo, aprobado por el grupo, sus ideas iban en esta línea:

En las entradas y salidas del aula, se irá en filas de “a uno”. Con orden y formales.

En clase permanecer callados, sentados y atentos a las explicaciones del maestro.

En los cambios de clase, permanecer sentados y callados, hasta que llegue el otro maestro.

Al terminar la última clase, será considerada falta, abandonar el aula dejando su mesa desordenada y sucia.

Creó, como una novedosa aportación, la llamada “Comisión de Organización del Aula”. De inmediato se reunieron y redactaron una serie de observaciones de lo que consideraron como comportamientos inadecuados, al finalizar la jornada escolar:

Se siguen dejando los pupitres todo el material escolar. Es obligatorio que se lo lleven a su casa. (Los propietarios del mismo, al día siguiente no lo recuperarán). Que se abandonan, después de su uso debajo de los pupitres “Kleenex” que se encontrarían mejor, por sus estados cochambrosos en las papeleras.

Abandonos, en cualquier lugar del aula, de chicles ya consumidos.

En general, se observa que nuestro lugar de trabajo es más bien un basurero o un estercolero, que un aula, siendo así, nuestra estancia en él no es todo lo grata que deseamos.

Por todo lo anteriormente expuesto, bajo ningún concepto, se permitirá el cambio de sitio, siendo responsable de las suciedades encontradas, aquel al que se le haya asignado un lugar fijo. De continuar esta situación se tomarán serias medidas.

El grupo comenzó a funcionar con los problemas habituales. Pensar que, pese a las normas de convivencia aconsejadas por Oscar y su equipo de colaboradores, todo iría sobre ruedas, como cualquier lector puede imaginar, era una utopía. Y no tardaron en aparecer los conflictos. Bien cierto es, que no eran, en principio, situaciones graves, pero, pese a la aplicación de las sanciones previstas, el grupo no era una balsa de aceite.

No era frecuente que liderara un grupo “saboteador” del desarrollo normal de las clases, una alumna. Todos los conflictos tenían su origen en una “banda”. Se había utilizado todo tipo de estrategias para evitarlos y, en el peor de los casos, sancionarlos.

Bien cierto es que Oscar y sus colaboradores llegaron un momento que tiraron la toalla, ante el sinnúmero de conflictos, donde la mayoría de ellos tenía el mismo origen. Llegaron a aburrirse, por lo que el deterioro del grupo se veía venir, ya que, la “líder” del grupo se había hecho dueña y señora de la situación.

Procedía de inmediato, ponernos en contacto con la familia, ya que, posiblemente, las causas que determinaban su comportamiento, se encontraban en una especie de desajuste familiar. No servían de nada las entrevistas que realizábamos para, mediante diálogo, intentar modificar su conducta.

Como no se veía solución al problema, pese a la utilización de sanciones, como la interrupción, por cortos períodos de su escolarización, cuando al cumplir las mismas, volvía peor. Y, además, amenazaba a sus compañeros con su “banda”, pues en su barrio reunía a un grupo de “amigos”, con los que “atacaban” a sus compañeros.

La “banda” causaba estragos. Elegida la víctima, en general, compañero de la “jefa” de la banda, procedía a la agresión. Claro, que todas estas agresiones se realizaban en su campo de operaciones: la calle.

Las víctimas, atemorizadas, callaban. Y como todo ocurría fuera del aula, gozaban de cierta impunidad. Hasta que, negando los hechos, ante el temor de la denuncia, las víctimas callaban.

Oscar y su equipo, acobardados, permanecían en silencio. Y, ante una nueva denuncia, la banda negaba su participación, hasta que planteado el problema en el aula, el silencio era total y absoluto. Los alumnos se miraban entre sí. Había que aclarar desde donde procedía la última agresión. Rompiendo el silencio, la voz de Oscar, resonó en el ambiente: “Sr. Maestro ¡ha sido la de siempre y su banda! Yo ya no he podido callarme… ¡porque yo soy socialista!
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto