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OPINIÓN - DOMINGO, 21 DE AGOSTO DE 2011

 
OPINIÓN

Miscelánea semanal

Por Manuel de la Torre


Lunes. 15


Agosto se está mostrando como un mes terrible. Los medios -tanto escritos, como audiovisuales o hablados- no cesan de asustar a la gente. Todas las informaciones, opiniones, ensayos o análisis, se vienen basando en lo mismo: la crisis financiera. Yo recuerdo que no ha mucho, durante los veranos y concretamente en estas fechas, surgía una leyenda con la que entretener al personal. La que más se estilaba era la del Monstruo del Lago Ness: un misterio nunca resuelto. Pero, por lo que uno viene observando, ya no cuelan tales historias. La que se lleva ahora es la de cundir desánimo entre la población. Lo cual es mala cosa. Puesto que se nos viene diciendo por parte de quienes son especialistas en la materia, que cuando se apodera del personal el miedo a perder su empleo y, por tanto, a sufrir las nefastas condiciones de vida que tal hecho acarrea, lo que más sufre es el corazón. Así, mediante ese pesimismo generalizado que se ha apoderado de los mortales, cada día mayor, por causa de unos mensajes tétricos y auspiciados por la incertidumbre con la que actúan los políticos, no es extraño que los que más trabajo tengan, a partir de ahora, sean los cardiólogos. Y tampoco debe extrañarle a nadie que las iglesias vuelvan a verse repleta de un público que, a falta de pan, volverá a refugiarse en la fe (generadora de energía). De momento, la llegada del Papa cumplirá un cometido en tiempos tan revueltos: apaciguar a mucha gente. Ya decía Napoleón, que de tonto tuvo bien poco, que la religión es el soporte del orden social. Sobre todo cuando la Iglesia, la institución más experta en hacer ostentaciones barrocas, debido al gusto que tiene por el fasto y el aparato escénico, entiende que es el momento propicio para volver a reverdecer laureles. Y es que una Iglesia sin pobres, como ustedes comprenderán, es menos Iglesia.

Martes. 16

Coincido con Juan José Cerro Muro en el Hotel tryp. Y Juanjo, como es costumbre en él, cada vez que nos vemos, acude presuroso a saludarme. Un gesto que suelo agradecerle. Y, a partir de ese momento, el secretario particular del presidente de la Ciudad y yo nos metemos en conversación. Conversación que suele ser clara y concisa: los dos sabemos de qué pie cojeamos y conocemos suficientemente la ciudad como para no darle vida ni a las ambigüedades ni a los circunloquios. Así que hablamos de lo que nos apetece y lo hacemos en corto y por derecho. Sin tener que recurrir a contarnos los clásicos cuentos del alfajor. Juanjo, al margen del cargo que ocupa, es persona que se ha preocupado de hacerse una cultura y, sobre todo, de exponerla en cuanto se tercia. Así, como pregonero de cualquier acontecimiento local, es siempre figura destacada. Y, desde luego, tiene el don de saber estar siempre en su sitio. Motivo más que suficiente para que uno, que lleva tantos años escribiendo en periódicos, lo tenga en gran estima. Juan Vivas, que acierta en la misma medida que yerra, ha sabido elegir bien a su secretario particular. Y a uno no le duelen prendas airearlo.

Miércoles. 17


Vengo leyendo, desde hace días, que Susana Román, consejera de Juventud, Deportes y Menores, está dispuesta a cambiar de arriba abajo el Instituto Ceutí de Deportes. Más que a cambiarlo a transformarlo. De modo que nadie lo conozca. Ni siquiera Juan Vivas: que fue la persona que más influyó, en su momento, acerca de cómo debía regirse ese organismo. Un organismo que nació muerto. Y donde reina la muerte, nada puede germinar. Del ICD, antes IMD, nadie puede darme a mí lecciones de nada. Puesto que yo tuve la oportunidad de vivirlo durante tres años. Y a fe que tuve la ocasión de empaparme de cómo se actuaba en él como para reconocer que jamás nunca antes había salido tan asqueado de ningún sitio. Incluso habiendo toreado en plazas muy difíciles. Susana Román, magnífica deportista y con título de abogada, fue ya directora gerente del IMD. Y su labor fue un fracaso rotundo. Un fracaso que la ilegitima para volver a intentar lo que en otros tiempos le fue imposible conseguir: hacer trabajar a los empleados de un ICD que han vivido a su aire. Los empleados del organismo, que deben mantener sus empleos dentro del Ayuntamiento, son los primeros que deberían reconocer que el ICD está acabado en todos los sentidos. Y cuanto antes lo comprendan, mejor será para ellos. Ahora bien, a Susana Román, que ya la pifió como directora gerente, lo que le conviene es taparse. Pues sus manifestaciones suelen hacer más mal que bien.

Jueves. 18


Un verano más me encuentro con los hermanos Rallo: con Francisco y Antonio. Y, claro, me resulta una tarea muy grata reflejarlo en esta miscelánea. Antonio fue un compañero de tertulia en los años ochenta, cuando el Partido Socialista había irrumpido con una fuerza inusitada en una España que respiraba socialismo por los cuatro costados. Antonio ejercía de senador y se mostraba como lo que ha sido siempre: un señor que destilaba buenas maneras. Hablar con Rallo, cuando la democracia en España estaba aún balbuciente, era un placer. Por medio de Antonio, conocí a Francisco; que es un extraordinario piloto civil y con quien da gusto intercambiar impresiones acerca de cómo funciona el mundo visto desde arriba. Un día le pregunté a Paco Rallo si el volar induce a una actitud de escepticismo religioso. Si uno se da cuenta del error de suponer que Dios puede estar “ahí arriba”, y puede estar “mirando hacia abajo” hacia nosotros. Porque la actitud del observador ahí arriba es necesariamente de indiferencia. Uno ve a un hombre pedaleando en una bicicleta, uno ve una pequeña granja con su arroyo y su puente, y no hay nada de humano en ello. Uno no siente el menor deseo de ayudar al hombre en su camino o de lanzar una bendición sobre la pequeña casa. En suma, Manolo, me contestó Paco: “Tú lo que quieres saber es si volando uno puede sentirse bien o mal dispuesto hacia cuanto ve desde las alturas. Por entender que el hombre sólo puede ser un hombre en relación con aquellos que caminan sobre la tierra a su lado”. Más o menos, le respondí. Me lo pones difícil… Eso sí, me dio una extraordinaria explicación de por qué el pilotaje de aviones es tan seguro. Pues bien, hoy, cuando me han invitado los hermanos Rallo a sentarme con ellos a la mesa de una terraza, hemos hablado sobre la relatividad moral, sobre el hombre y sus circunstancias y, desde luego, no se me ha olvidado recabar la opinión del Barcelona-Madrid. Ya que Paco es madridista hasta la médula. Y me lo he pasado en grande con las respuestas de los hermanos Rallo. Quienes, además de tener maneras, son unos conversadores sobresalientes.

Viernes. 19


La selección española de fútbol se queda sin Medalla Autonómica. Lo cual parece ser que ha sorprendido a quienes daban por el hecho que Vicente del Bosque y sus muchachos serían galardonados por sus éxitos… Y hasta piden que se argumente los motivos habidos para haber cambiado de opinión quienes tenían que decidir al respecto. No hace falta. Pues el motivo es palmario: se debe a las declaraciones hechas por algunos árbitros de fútbol acerca de la corrupción existente en los organismos federativos de Ceuta. Escándalo mayúsculo, aireado a escala nacional, que ha dañado gravemente la imagen del deporte en esta tierra. Creo recordar que, cuando la denuncia estaba en su apogeo, yo escribí en este espacio sobre lo inoportuno que sería concederle la Medalla de la Autonomía a una selección española donde los discursos de concesión tendrían que ir, el día del acontecimiento, por la senda de la deportividad y del juego limpio. Lo que hubiera sido toda una contradicción: cuando aún flotan en el ambiente las malas artes empleadas por ciertos árbitros locales. Con el fin de que los equipos juveniles foráneos no pudieran ganar a los de casa.

Sábado. 20

Se veía venir. La salida de Jorge Valdano del Madrid, por la puerta de servicio, debido a que José Mourinho la pedía insistentemente, por saber que el argentino formaba parte del Grupo Prisa como informador de cuanto acontecía en el club, está empezando a pasarle factura al entrenador portugués. Mourinho no es ningún santo varón. Sin duda. Y, si lo fuera, a mí no se me ocurriría escribir la menor palabra a su favor. Simple y llanamente, porque a mí los santos varones me producen un malestar indefinido. Cuando yo trato con entrenadores, quiero que éstos se expresen cual entrenadores y no como la haría cualquier religioso que ande siempre dispuesto a darnos lecciones de espiritualidad, lindando con la beatería. Guardiola, por ejemplo, está demostrando que es el técnico ideal para el Barcelona. Sus éxitos le avalan. Ahora bien, cada vez que habla parece que no ha roto un plato en su vida y nos hace creer que su misticismo y sus finas maneras de aceptar los hechos son valores catalanes que ya no existen en ningún otro sitio. Pep se ha convertido en el arquetipo de buen hombre. En una España cada vez más hipócrita. Una España donde el fariseísmo está tan bien visto como premiado. Y, claro, a Mourinho le está correspondiendo aparecer como el demonio. Y, para más INRI, un demonio portugués. No seré yo quien justifique el que Mourinho le metiera el dedo en el ojo a Tito Vilanova; el hermano gemelo de Pep. Pero lo que no dicen los medios, con la misma insistencia que lo del dedo, es que el tal Vilanova llevaba ya mucho tiempo diciendo impropios del entrenador del Madrid. Y todo tiene un límite. Y eso lo saben bien quienes han sido profesionales del banquillo durante muchos años. Resumiendo: Mourinho es un gran entrenador, y lo peor que haría Florentino Pérez es enemistarse con él. Pues eso, y solamente eso, es lo que persiguen los medios afines a Valdano. En esta vida, lo que no podemos pedir es que todos los profesionales del fútbol sean de la misma manera de ser de Guardiola y de Vicente del Bosque. En absoluto. Ya que no todos tienen por qué tener vocación secreta de benedictinos. En cuanto a Casillas, bien haría en no hacer más el ridículo: en principio, arremete contra lo que él cree que son fingimientos de los jugadores del Barcelona, e, inmediatamente, sale a la palestra haciendo labor de arrepentido por el bien de la causa nacional española futbolística. Listos así, con semejante componente de sepulcro blanqueado, son los que salen ganando siempre en esta España pacata por excelencia.
 

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