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OPINIÓN - JUEVES, 1 DE SEPTIEMBRE DE 2011

 
OPINIÓN / CARTAS AL DIRECTOR

Que vuelva De La Torre

Por Manuel Corral


A mi no me cortan las venas porque no le pongo a nadie mis arterias a tiro, faltaría mas, que para algo uno ha sido infante de la milicia por tierras lorquíes, secas y ásperas como las manos del viejo labrador (ahora más profundas que nunca, lástima), además de cazador de patirrojas a pinrel, pateador de rastrojeras punzantes como púas tratando de levantar la escurridiza codorniz africana, conteniendo el aliento en el aguardo al corzo, venteando sin hacer ascos la tufarada del astuto zorro que sigiloso rompe por la trocha en el monte, cuyo pausado caminar suele preceder la entrada rítmica del jabalí, y ¡Pum..! restalla el eco de la explosión del tiro certero que arrastra el latido del corazón. Faltaría mas.

Viene esto a cuento, lo de las venas no la parrafada cinegética, por la penúltima de la Madariaga en que aventa una tal vez justificada y angustiosa duda acerca del ostracismo hiriente de la otra gran pluma del periódico, de cuyo silencio también me hago partícipe porque estoy un tanto perplejo ante la falta de noticias de mi admirado periodista Manuel de la Torre, al que chungo no le encuentro pues dada mi discreta cercanía a él lo veo corriendo día tras día por la acera del Ramix-30 con dirección a Benitez, no sé si en busca de la brisa suave de la albada o quizá también en un intento nato de vencer al astro rey antes de iluminar éste la orilla del Atlántico.

Sea como fuere, el silencio como la distancia mata, tan cerca tan lejos, la verdad uno se acostumbra a leer, releer, cortar del periódico manoseado algunas, muchas, columnas del maestro para deleite propio (¿Recuerdan ustedes el magistral artículo sobre la anatomía de la diputada ceutí? ¿Qué no? ¡Pues vaya!) y claro, acaba uno como sin oxigeno, sin gasolina para la máquina, sin horizonte ni mañana por descubrir.

Nada hay más confortador que llegar a casa y tirarse a la bartola –entiéndase como gesto de holganza no de echarle bríos a la cosa amatoria, que conste para los torticeros/as -, tras acomodarse uno en el rincón del mullido sofá y quitarle protagonismo al sesteo, venga que te venga a desgranar las hojas aun frescas del diario ceutí, para mí que el más leído con diferencia, sonriendo para sí, enarbolando una discreta sonrisa de aceptación tras deleitarse al gusto de una crónica cualquiera exponiendo análisis objetivos de cuanto está acaeciendo en este país antes llamado España, que bien pudiera venir de la excelente pluma de Jáuregui, Córcoba, la Zarzalejos, el Aberasturi, o mi paisano Antonio Pérez Henares “Chani”, entre otros, aunque también y como no podía ser menos, de los articulos de “plumillas” locales de tronío, Madariaga en superlativo siempre y ascendente como el humo de la hoguera de San Juan, que el cielo osa tocar, y de mi admirado periodista de la Torre, pluma de oro.

Ya digo, andaba uno un tanto escocido por la ausencia un tanto extraña, como si por arte de birlibirloque se tratara, de no ver en “El Oasis” de contraportada la firma de D. Manuel, o su “Miscelánea semanal” dominical. Dos armas tengo para combatir la canicula del verano: una es espatarrarme tras la regeneradora ducha y la otra es dejarme seducir con la pluma de este Quevedo que lo es De La Torre para mí.

Bendita vecindad que tiene uno. Al susodicho gran escritor se le une en la proximidad vertical Paco León, pintor de cuadros al óleo, al carbón o lo que guste prodigarse.

Cierto es que ambos se ufanan con la compañía de dos animalejos, dicho sea con el cariño con que cualquier cazador ama su perro de caza, que viene a ser lo mismo, éstos son igualmente discretos en su deambular urbano si bien dejan un rastro visible y olfativo de su paso por los rincones de la popular barriada. Pesar que no lo es tanto no ya por el pedigrí de los perros, uno me parece un labrador macho, el otro una inquieta y vigorosa podenca de nombre “Nala” que parece estar en celo eternamente ¿será cosa del entorno?; sino porque con su quiebros y requiebros junto a sus amos, a veces creo que quieren ponerles hasta zancadillas no sé con qué travieso objetivo, nos trasmiten a los ojos su jovialidad y alegría por doquier.

No sé ni quiero saber el por qué de la pluma rota de D. Manuel ¿Vacaciones? ¿Hartazgo? ¿Jubilación anticipada? A él, como a tanta otra gente de recto proceder, puede que le queme el devenir de la sociedad, quizás asqueado por el ascendente mérito de la mediocridad política, el olor nauseabundo del interés por el vil metal, la parcela del poder, la huida de la humanidad. Hay tantas y a cual más inconfesable...

Pese a todo me arrogo en un sincero deseo personal de retarlo a que siga compitiendo en figurado duelo medieval a rebufo de la bala tintorera de la escribanía inmortal con la magistral Dª Nuria, claro está si es que ella ha dado cuenta ya, ahora que se marchita el Ramadán, de un sabroso cuenco de “harera” en el Tarajal. Ándele y vuelva al cotarro amigo mio. Faltaría mas.
 

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