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OPINIÓN - VIERNES, 9 DE SEPTIEMBRE DE 2011

 

OPINIÓN / EL OASIS

La radio
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Impedirle a la radio que meta su voz en los campos de fútbol, si acaso no paga el canon correspondiente a quienes deben hacerlo, ha servido para que los periodistas hayan tenido otro asunto sobre el que opinar que no sea el mismo de siempre: la crisis económica. Una crisis, dicho sea de paso, que está haciendo mucho más mella en los hombres que el conocido bromuro que les metían a los mozos en la comida para que el empalme no les distrajera de sus obligaciones militares.

A mí, en cuanto oigo hablar del mal comportamiento que están teniendo con las emisoras de radio quienes manejan los negocios futbolísticos de las televisiones, se me viene a la memoria, en un santiamén, el aparato de radio que tenía una mujer rica que vivía en mi misma calle y que tuvo el acierto de invitarme a su casa para que me fuera instruyendo con las disertaciones de Matías Prats desde Brasil, cuando el Campeonato del Mundo de 1950.

En honor a la verdad, a mí me importaba un bledo y parte del otro, lo que dijera el locutor del momento, lo que yo esperaba cada vez que la señora me invitaba era ver colocada encima de la mesa la taza de café con leche humeante y un paquete de Galletas María.

En cierta ocasión, estando aquella señora con ganas de cháchara, recuerdo que le dijo a mi padre lo siguiente:

-Mire usted, Manolo, yo he sido rica y he sido pobre, y ser rica es mejor. ¿Qué le parece…?

-Me parece muy bien. Siempre y cuando siga usted ofreciéndonos café y galletas Maria –contestó mi padre.

Es una anécdota que le conté a Matías Prats la última vez que estuvo en Ceuta para dar una conferencia patrocinada por el Centro de Hijos de Ceuta. Y no creo que le hiciera mucha gracia. Pues en cuanto me dispuse a entrevistarle, el hombre se excusó diciendo que a él le habían traído para hablar de cuestiones correspondientes a la milicia y armamentos modernos. Y no de fútbol.

En ese preciso momento, me percaté yo de que había personas ricas y famosas, verdaderos mitos, que llegaban al final de sus días con un discurso fracasado. Y así lo conté. Por más que algunos dijeran entonces que me había cebado con el hombre cuya voz, cantando el gol de Zarra a Inglaterra, en Maracaná, hizo posible que los españoles fueran felices varios días con la botarga vacía.

Con la botarga vacía no se puede pensar. Ni pensar ni vivir ni responder a ninguna llamada de orden social. Así que al paso que van los gobiernos, tratando de sanear las cuentas públicas, machacando a las pequeñas empresas y enviando cada vez más gente a la cola de los comedores de Cáritas, puede armarse lo que no está en los escritos.

El amigo que me escucha atentamente, que es bético y que no puede ver al Sevilla ni en pintura, me dice que peor que el hambre es soportar a José María del Nido perorando contra los equipos grandes: es decir, Barcelona y Madrid. Y se queda tan pancho.

El problema de quienes deben dinero, que son cada vez más, debido a que la cifra de parados ha llegado ya a los cinco millones, lo cual en otras épocas propiciaba revueltas que tenían que ser sofocadas a palos, es que no se han decido aún calmar a sus acreedores con la proposición adecuada: “Si hay alguien a quien yo le deba dinero, estoy dispuesto a olvidarlo si ellos también lo están”.
 

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