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OPINIÓN - JUEVES, 20 DE OCTUBRE DE 2011

 
OPINIÓN / CARTAS AL DIRECTOR

Mujeres, niños y mayores como
objetivos del Estado del bienestar

Por Manuel Hernández Peinado - PSOE de Ceuta


A lo largo de los últimos años las sociedades avanzadas han ido cambiando de forma considerable. Una parte de esos cambios son resultado de los modelos de protección social defendidos por la izquierda. Si la sociedad cambia, las políticas progresistas también deben cambiar. Ello significa que el futuro del Estado del bienestar pasa por incorporar cambios que le permitan solucionar con suficientes garantías los nuevos retos que se plantean. El futuro del Estado del bienestar debe pasar de políticas reparadoras y compensatorias a políticas que se anticipen a los problemas y que inviertan en el futuro.

De acuerdo con lo anterior, los objetivos de las políticas progresistas se deben concentrar en tres colectivos: las mujeres, los niños y los mayores. Si bien es cierto que estos tres colectivos no son los únicos vulnerables en una sociedad, podríamos comentar, por ejemplo, acerca del colectivo de inmigrantes, pero en este caso los inmigrantes son también niños, mujeres y mayores, y no solo personas que provienen de otros países.

Con el propósito de lograr un mejor modelo de sociedad habrá que abordar como primer gran objetivo el incrementar el peso de la mujer en el mercado de trabajo. Para ello deben llevarse a cabo políticas que permitan conciliar la vida laboral con la familiar y, por tanto, repartir los costes de maternidad y del cuidado de niños entre hombres y mujeres. Pero además habría que extender la educación de 0 a 3 años, igualar los derechos de maternidad y de paternidad, y feminizar la vida laboral como principales medidas.

La consecución de este primer objetivo traerá enormes beneficios sociales y económicos. Así, estas medidas permitirán aumentar la natalidad y, de este modo, frenar la inversión de la pirámide poblacional que es precisamente otro de los retos del Estado del bienestar. Al aumentar el número de personas que trabaja, los ingresos fiscales del Estado también aumentarán. Una mayor recaudación permitirá garantizar la viabilidad de las políticas sociales. Además, aumentará la igualdad entre hombres y mujeres. Si las mujeres se incorporan de forma plena al mercado laboral, su poder de negociación dentro de la pareja aumentará, caminando hacia una sociedad más justa. Y, finalmente, algunas de estas políticas permitirán solucionar disfunciones como el no haber logrado mayor igualdad de oportunidades con la extensión de la educación. Precisamente una de las grandes apuestas debe ser la universalización de la educación, ya que si se extiende el acceso al sistema educativo, se producirá una mayor igualdad de oportunidades. La clave está en extender la educación a etapas mucho más tempranas, entre 0 y 3 años. Es durante este tiempo cuando se producen las mayores desigualdades cognitivas y de aprendizaje.

Políticas sociales como las que se acaba de indicar cubriría el segundo colectivo que necesita una mayor atención por parte del Estado del bienestar, los niños. Las economías desarrolladas se fundamentan en el conocimiento. Por ello, es muy necesario que los jóvenes alcancen los mayores niveles de formación posible. La oferta económica de España mejoraría y sería mucho más atractiva para la inversión. Aparte, la educación es un capital social que va más allá de la cualificación y el conocimiento, no existen verdadera ciudadanía ni convivencia democrática en la libertad si existen grandes disparidades educativas en una sociedad.

La inversión en formación no es solo una cuestión de eficiencia, sino también de justicia social. La barrera que hay entre caer en la pobreza o no, es tener un puesto de trabajo. El desempleo está muy estrechamente ligado a la formación. Por lo tanto, extender la educación es un factor más que ayudará a reducir la pobreza de un país, puesto que capacitará a su ciudadanía para obtener un empleo.

Estas políticas destinadas a mujeres y niños favorecerán a un tercer colectivo como es el de los mayores. Una gran parte de la redistribución dentro del Estado del bienestar es posible gracias a la transferencia de renta entre generaciones, es decir, parte de la riqueza creada por las personas en edad de trabajar se traspasa a las personas mayores. Si el Estado del bienestar no es capaz de mantener en el tiempo estas transferencias, una parte muy importante del componente redistributivo de las políticas sociales desparecerá. Por ello resulta tan importante para la izquierda garantizar los sistemas públicos de pensiones.

La mayor incorporación de la mujer al mercado de trabajo, el aumento de la natalidad y la mayor formación de los trabajadores permitirán aumentar la riqueza y, por lo tanto, aumentar los ingresos fiscales. Si los gobiernos ingresan más, podrán atender a un mayor número de pensionistas. Aunque, seguramente, serán necesarias reformas adicionales.

Una medida que contribuirá al mantenimiento de los sistemas de pensiones es retrasar la edad de jubilación para los trabajos cualificados. Las personas que desempeñan trabajos que exigen formación han pasado un mayor tiempo en el sistema educativo. Ello significa que han trabajado menos tiempo que aquellos que no tienen formación, puesto que estos últimos se incorporaron antes al mercado de trabajo. Por ello, es razonable retrasar la edad de jubilación para determinadas profesiones. No es solo una cuestión de eficacia económica. Retrasar la edad de jubilación para algunas profesiones contribuirá a una mayor justicia social.

En definitiva, el Partido Socialista Obrero Español tiene las “ideas claras” sobre cómo debe liderar nuevas políticas que permitan el sostenimiento del Estado del bienestar en el medio plazo.
 

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