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OPINIÓN - JUEVES, 27 DE OCTUBRE DE 2011

 
OPINIÓN / PLUMA DE SECANO

Soy poco de playa

Por Manuel Corral


Disfruto el día ahora que el calor se bate en retirada cual figurado enemigo que corre con el rabo entre las sucias piernas para llorarle a la Mujer Muerta su afrenta a nuestros “lejías”. Celebro la dicha ahora que las altas temperaturas ya no acogotan mi quejicoso y añoso cuerpo, pues el verano –que alarga su calendario por el cambio climático- es para mi la peor estación del año al aguantar mal los embates del calor abrasador diurno, no digamos la sofoquina de la noche larga que es como catana que corta el aire con un solo mandoble para dar a luz no menos hirientes y pegajosos amaneceres.

Bienvenida sea esta lluvia que amansa corazones belicosos, relaja mentes turbias y sojuzga al mentiroso, que ya no hay pábulo para seguir cortando trajes en la arena, sólo chismes en la barra del bar, confesionario ideal de los marujones. Sálvese el que pueda.

Bendita lluvia que ahuyenta la calima, que limpia la atmósfera de porros, que empuja a la mar los efluvios de esta humanidad descompuesta de tantos pecados capitales. Oro líquido que limpia las playas que pisan mis pies cuidando de no triturar las conchas, que es souvenir para el turista, y gratis; pies que no se dejan enredar por las algas arribadas por la corriente; pies que saltan a la comba por no aplastar las cacas de los perros, aquí presentes también; pies que casi pisan ..¡Sorpresa! un feo condón con capucha ¿De la ETA, de Al Qaeda?, porque pueda ser que una ola juguetona se lo haya arrebatado a un atún salido en alocado romance con una aguaviva. Jo, cómo está la fauna marina, cagondiez.

Pies decía, que ahora ya no pisan la arena porque soy poco de playa, lo reconozco, y mira que aquí la oferta es mayúscula y a cual mejor, pero nada, entre que algunas están atestadas de bañistas ruidosos que jugando te escupen arena recalentada emulando con onomatopeya incluida al Messi ese de los “coyons” ..Y venga a sacudirte la arena y el sudor de la cara. La rabia también. Porque si les protestas los nenes se ponen chulos y la verdad, como se supone que se las saben todas pues.. A callar. Y a emigrar. Que hasta la sombrilla a rayas abandonas. Aunque por el rabillo del ojo miras a ver si entre el revoloteo de juegos acierta siquiera el bobo de turno, el graciosillo que se clava el pincho donde más duele: el bujerito.

Ya digo que soy poco de playa, mucho de monte, sin contar que hace dos años innumerables idas y venidas a la Ribera jalonaron de pecas enigmáticas mi espalda, que dice mi amiga Nadia que son pupas como “cucarachillas” poniendo sus larvas sin autorización ni licencia (muy al uso de ciertos barrios marginales de acá, por cierto), y quiero suponer que me habrá pedido cita, sin mi permiso, tal cual, con la doctora para quitar nuevos nebus o como diantres se llamen esos malditos bultitos o lunares pre-cancerígenos. Menos mal que no soy hipocondríaco ¿O si?

Nada tengo que ofrecer al paisanaje en la arena, que nada le importa al desconocido si te bañaste o no en una playa cualquiera, tampoco si lo fue en El Chorrillo o en Calamocarro (cuyas frías aguas son como los besos de mi última conquista, la que heló mi mente y por ello no consigo recordar su nombre, vaya), que nadie te va a echar de menos por no haber mojado tu bañador a rayas cuasi de neopreno como antípodas a la era de Adán y su hoja de parra. Sexy.

Mas entre las fotogénicas piscinas del Parque Acuático del Mediterráneo no te van a encontrar por mucha orden de busca y captura que te imprima el juez de la pasma, porque vas tan caracterizado de hortera que ni te conocen, menos aun te saludan si no los convidas por tieso así que tranquilito y a remojarte el gaznate con ese ruidoso sorber que te baja por el esófago al buche cervecero. Buuurrr. Perdón. Es que me sale a veces lo aprendido en morilandia.

Que voy. Que vengo. En solitario. Que no me busquen en la playa, que pesadez, que el salitre daña mis pensamientos. Y ya que la cabra tira al monte, vamos, pongan ustedes su GPS a trabajar y a ver si me localizan pronto, que regalo souvenirs, antes de la acampada mochilera que llena el verde pinar de colorido y alegría, pero ni en sueños les aconsejo que rastreen el Renegado. Que ya lo es uno.
 

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