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OPINIÓN - DOMINGO, 30 DE OCTUBRE DE 2011

 
OPINIÓN / PSICOPEDAGOGIA

Disfasia (II)

Por Quique Rodríguez Asociacion Psicopedagogica de Ceuta


7. CLASIFICACIÓN DE LAS DISFASIAS

En la bibliografía sobre el tema se pueden encontrar distintas clasificaciones atendiendo a diferentes criterios que ahora no parece oportuno detallar. Simplemente constataremos:

MOTRIZ O EXPRESIVA: Se caracteriza por inteligencia, audición y comprensión del lenguaje dentro de límites normales, incapacidad para imitar palabras, incapacidad o capacidad limitada para imitar de fonemas y por la existencia de lenguaje espontáneo o ser este muy pobre.

SENSORIAL O RECEPTIVA: También conocida como “sordera verbal”. Los pacientes tienen un C.I. normal o con ligero retraso, audición normal o ligeramente defectuosa, incapacidad para nombrar objetos, pobreza en las asociaciones verbales, capacidad limitada de imitar la palabra, pobreza en la evocación de objetos e incapacidad para interpretar el lenguaje ambiental.

MIXTA: con síntomas motores y sensoriales.

8. MUNDO SOCIAL Y AFECTIVO DE LOS NIÑOS DISFÁSICOS


Según Monfort y Juárez (1997), las dificultades en el progreso en el desarrollo del lenguaje, junto a una carencia de una justificación clara de éstas, crea en el seno de la familia una situación de gran tensión y ansiedad, con sentimientos de culpabilidad expresados hacia sí mismo o hacia el otro miembro de la pareja de padres.

La alteración en los patrones normales de interacción familiar, produce una alteración cuantitativa de la estimulación externa (menos interacciones espontáneas) y también cualitativas (intervenciones más directivas, menos flexibles y no ajustadas al nivel de desarrollo del niño).

Es importante considerar que los padres ajustan su nivel de lenguaje al nivel del niño, aunque en los casos muy graves se presenta un desfase muy grande entre la complejidad de los contenidos que se desea comunicar y la capacidad del niño para asimilarlos, lo que limita en mucho la posibilidad de interacción.

Las alteraciones de la interacción social también pueden observarse en el contacto del niño con sus pares, ya que reciben menos peticiones de comunicación y establecen interacciones más cortas.

9. EVALUACIÓN DE LA DISFASIA


Según Serón y Aguilar (1992), el diagnóstico de disfasia sólo se debe realizar a partir de los 6−7 años, pues si se hace en edad temprana confundirla con el cuadro de retraso simple del lenguaje.

Una evaluación de un caso de disfasia debe tener en cuenta los siguientes apartados:

• La evaluación de los procesos de producción y comprensión del lenguaje que deberían ser evaluados en términos cualitativos y no cuantitativos para ser distinguidos de los cuadros no disfásicos.

• Se deben considerar los procesos cognitivos que actúan en la adquisición del lenguaje y que nos pueden dar luz de la etiología de dicha alteración: Atención sostenida, imitación generalizada, hábitos de simbolización que se entienden como requisitos previos al lenguaje.

• Requisitos formales del lenguaje, vocalizaciones espontáneas (balbuceo), discriminación auditiva y seguimiento de secuencias rítmicas.

• Requisitos sociales, establecimiento temprano de patrones de interacción social con niños o con adultos. Contacto ocular, sonrisa social.

• Estudiar los procesos de producción del habla, exploración de las praxias buco−faciales y de la articulación del niño.

• Estudio de la conducta general del niño y ver posibles alteraciones conductuales o de aislamiento. ·

• Realizar exploraciones complementarias: audiométricas (para descartar posibles deficiencias auditivas) y pruebas neurológicas.

• Exploración con pruebas psicométricas, ya que en muchas ocasiones el niño disfásico presenta trastornos psicomotrices asociados como alteraciones del espacio, conocimiento de izquierda, derecha, alteración del esquema corporal y expresión gestual.

10. INTERVENCIÓN Y TRATAMIENTO EN NIÑOS DISFÁSICOS


Principios de intervención


Según Monfort y Juárez (1997), existen 10 principios generales de intervención aplicables a los niños disfásicos. Estos son:

a) Principio de intensidad y larga duración: se trata, esencialmente, de permitir y facilitar el acceso a la comunicación y al lenguaje a pesar de una deficiencia de base, que suele permanecer a lo largo de todo el proceso de desarrollo del lenguaje. De este modo, la intervención debe realizarse en forma intensiva, estable y continua, especialmente en los primeros años.

b) Principio de precocidad: la intervención debe hacerse de la manera más temprana posible, ya que el aprendizaje se realiza mejor en su período crítico, mientras más temprano se produzcan los cambios el niño presentará una mayor flexibilidad cerebral y controlamos de manera más eficaz las posibles interacciones ineficaces del niño con su entorno.

c) Principio etiológico: debe tomarse en cuenta la familia del niño y hacérsele participar en la intervención, ya que su rol es fundamental en el desarrollo del lenguaje oral.

d) Principio de prioridad a la comunicación: es necesario mantener en cada actividad y en cada procedimiento de aprendizaje el mayor grado posible de funcionalidad comunicativa.

e) Principio de potenciación de actitudes: deben registrarse aquellos aspectos que presentan los mejores niveles de desarrollo para potenciarlos al máximo, y su utilidad en el proyecto de construcción del lenguaje

f) Principio de multi−sensorialidad: es preferible dar desde el principio el máximo de posibilidades de éxito al niño y no reservar el empleo de refuerzos sensoriales aumentativos a los casos que fracasan con una intervención estrictamente limitada a la estimulación de la vía audio−oral normal.

g) Principio de referencia al desarrollo normal del lenguaje: los contenidos de los programas de intervención y su secuencia de ordenación, deben inspirarse en lo conocido sobre el desarrollo lingüístico del niño normal, siempre que las características específicas que presenta la disfasia en un determinado caso no indiquen lo contrario.

h) Principio de la dinámica de sistemas facilitadores: la idea es proporcionar el máximo de ayuda al niño que se encuentra en dificultades, desde el principio, para luego ir reduciéndolas a medida que el niño se va independizando de ellas.

i) Principio de revisión continua: se debe realizar una evaluación frecuente de cada caso para adecuar las orientaciones a las características de éste en cada momento de su evolución.

j) Principio de ajuste del tiempo: los datos recomiendan en forma general un enlentecimiento del ritmo de la interacción y una mayor claridad en la presentación de las relaciones iniciales entre el referente y los modelos verbales; esto, no sólo en lo referido a hablar más despacio y más claro, sino sobre todo alargar los tiempos de espera de las respuestas.

Estrategias de intervención


De acuerdo a lo señalado por Monfort y Juárez (1997), la intervención en los niños disfásicos se puede dividir en dos niveles:

I. Nivel de estimulación reforzada: consiste en apuntalar el modelo natural de adquisición de lenguaje, dentro de su propia dinámica de funcionamiento. Se trata de presentar los estímulos comunicativos y verbales en un entorno facilitador, aumentando la intensidad de las interacciones duales con los adultos, aumentando su intensidad, controlando la conducta que los adultos presentan a lo largo del proceso de adquisición del lenguaje.

Este nivel de estimulación incluye sesiones de estimulación funcional, cuyo objetivo es proporcionar modelos claros en un entorno facilitador y estable; y programas familiares, que tienen como objetivo informarlas sobre el trastorno del lenguaje del niño y formarlas en nuevas maneras de interacción con el niño.

II. Nivel de reestructuración: se deben modificar ciertos aspectos de la comunicación lingüística y del propio proceso de adquisición para intentar que este se desarrolle a pesar de los déficit utilizando, si es necesario y por cierto tiempo, vías inéditas o infrautilizadas en el niño normal, con la introducción de elementos visuales, táctiles o motrices a la comunicación lingüística normal; esto debe combinarse con las directrices del nivel uno, ya que la introducción de estos sistemas no debería limitarse a las sesiones de ejercicio.

Otros sistemas de intervención:


• Sistema alternativo de comunicación: el sistema elegido deberá insertarse en la interacción abierta, siguiendo los principios de la estimulación natural reforzada del nivel uno. El objetivo general es lograr que el niño logre comunicarse manera adecuada con su entorno ocupando, en caso necesario, sistemas alternativos al lenguaje oral.

• Programas para la familia: consta de información y de formación. En la primera se informa a la familia de la naturaleza del trastorno de sus hijos, de la evolución que cabe esperar y de la importancia de su papel en su educación.

La formación de la persona encargada de llevar a cabo una intervención de este tipo consta de seis puntos principales:

• Desarrollar las aptitudes de observación.

• Reducir la tendencia directiva.

• Aprender a ajustar mejor nuestro lenguaje.

• Aprender a crear situaciones comunicativas activas.

• Eliminar las conductas negativas.

• Aprender técnicas de sistemas aumentativos o alternativos de comunicación.

Tratamiento


Los niños/niñas requerirán de un tratamiento también multidisciplinario en el cual se debe incluir un terapéuta de lenguaje, psicólogo, mucho apoyo familiar, escolar y en algunos casos terapia ocupacional.

El tratamiento de los niño/niñas diagnosticados con disfasia es muy largo y puede llegar desde que se detecta el trastorno hasta la adolescencia.

Los niños/niñas que reciben tratamiento desde temprana edad pueden llegar a integrarse como cualquier chico/chica de su edad y logran estudiar en cualquier colegio, desenvolviéndose adecuadamente.

11. BIBLIOGRAFÍA


o Aidex (2000b). Disfasia: Guía de detección y encuadre. Portugal: Aidex. URL http://www.aidex.es/disfasias.doc

o Aguado, G. Trastorno específico del lenguaje. Retraso de lenguaje y disfasia.

o Arnedo, ML (2001) Neuropsicología evolutiva de los trastornos del lenguaje. En E. Mendoza (coord.) Trastorno Específico del Lenguaje (TEL), págs. 67-81. Madrid: Pirámide.

o Catalá Jiménez, B. Y otros. Material para la rehabilitación de las afasias y otras alteraciones del lenguaje. Madrid: Lebón.

o DSM-IV (1995). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona: Masson

o Monfort, M. Y Juárez, A. (1997). Los niños disfásicos. Madrid: CEPE.

o Serón, J.M. y Aguilar, M. (1992). Psicopedagogía de la comunicación y el lenguaje. Madrid: EOS.
 

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