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OPINIÓN - LUNES, 31 DE OCTUBRE DE 2011

 

OPINIÓN / LAS NOTAS DEL QUIM

Un susto himenóptero
 


Quim Sarriá
quimsarria@elpueblodeceuta.com

 

Me acababa de levantar, el domingo, con ganas de disfrutar el día.

Un día magnífico gobernado por un sol brillante, estupidez interpretativa porque el sol siempre está brillando pero que es una de las herramientas de los escritores cursis, ensombrecido en zonas por algunas nubes con aspecto de boina de contaminación.

Después de la ducha agarro el chándal, había pensado pasar el día en el Parque Natural del Montseny, cuando noto una cosa rara en la manga izquierda, al meter el brazo.

Una cosa rara, rarísima, que empezó a moverse a una velocidad de vértigo sobre el codo de mi brazo. Rápidamente me quito la pieza superior del chándal y sale de la manga una especie de abeja, mosca, moscardón, lo que se quiera decir, del tamaño de medio encendedor tipo Bic.

El bicho me ha dejado una mordedura en el codo, así como en el dedo medio de la mano derecha, el de indicar un mini insulto al uso, al tocar la manga.

No escribo aquí las culebras, rayos, truenos y demás palabrotas que suelen soltarse cuando algo nos asusta.

El insecto himenóptero, no lo he visto en mi vida. Tan grande y tan feo se asemeja al hombre mosca del cine. Ese que se va convirtiendo en moscardón enorme poco a poco.

Se parece bastante a una ‘sarcophaga’, esas moscas de las tumbas, si no fuera por el tamaño y por sus cuatro alas. Las moscas son dípteras. Más bien tiene aspecto de abejorro pero éste tiene en la parte superior del abdomen un color amarillento (Bombus Wurfleini o Bombus Confusus) y el que entró en la manga del chándal es totalmente negro. Si alguien sabe qué es, que me lo diga.

Con ese tamaño se comería a un elefante.

Lo que son las cosas. El susto que me ha pegado se convierte en una diversión para mi chico. Pretende que la capture y la meta en una caja transparente (las que usan en el colegio para estudios naturales).

Esta aparición me da mala espina. Sobre todo con el tema del cambio climático porque ya es raro que por estas fechas sigan, vivitas y aleteando, miles de moscas en su versión mini.

Moscas y mosquitos, sus vástagos, molestan lo indecible volando insolentemente una y otra vez delante de las narices de cualquiera. Tan molestas como esos comerciales que insisten en que cambie de costumbres respecto al gas y la luz reunificándolas en una sola factura. Ya se parecen bastante a esos políticos que se empeñaron en crear el euro.

Imagínense Vds. si los que revolotean alrededor de sus narices son gigantescos moscones himenópteros del tamaño de una castaña bien gorda.

Al final, el final del bicho, lo matamos con el arma de destrucción masiva de insectos. El espray de toda la vida con marca de bombazo.

Tuvimos que emplear casi medio bote y estuvimos a punto de asfixiarnos.

Fin de una mosca que no era mosca.

Pero gracias a esa exageración de mosca, he descubierto que puedo escribir un artículo sobre las moscas. Sobre todo éste ¿no?

Aunque sabemos que moscas siempre las hay. Desde la televisiva, esa que aparece de vez en cuando revoloteando alrededor del locutor o locutora, hasta esas personas que revolotean alrededor de otra, más descollante, en espera de chupar algo. Aunque sean las migajas que vaya soltando.

Bueno, basta de desvariar sobre insectos.

Como no pasa día en que no saque a la mosca pepera, noto un poco raro al líder conservador, Mariano Rajoy. Promete que no va a negociar con terroristas, si gobierna… prometer de boquilla es muy fácil. Sencillísimo, tanto como acostumbraban prometer los fariseos.

Promete tantas reducciones en materia de impuestos que me pregunto si no plantará árboles del dinero. ¿Toreará la crisis con el salto de la rana?

En fin. La vida sigue, yo también aunque con el recuerdo del mordisco del insecto en el codo.
 

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