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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 30 DE NOVIEMBRE DE 2011

 

OPINIÓN / EL OASIS

Mourinho: soplo de aire fresco
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Esta columna fue escrita un 28 de noviembre de 2010. Y creo conveniente reproducirla literalmente. “Corría el año de 1950. España y Portugal se jugaban una eliminatoria a doble partido. El premio era acudir al Mundial que se iba a celebrar en Brasil. El primer partido se jugó en Chamartín. Ganó la selección española, incluso actuando con diez jugadores, durante ochenta minutos, debido a que fue expulsado José Luis Riera; defensa con quien al cabo de los años mantuve relaciones muy cordiales.

Me acuerdo de aquel encuentro, cuyo resultado fue de 5-1, porque ese día tuve la suerte de oír la retransmisión en la casa de una riquita, amiga de mis padres, y pude atiborrarme de ‘Galletas María’. Esa amiga se podía permitir el lujo de tener un aparato de radio por donde salía la voz inconfundible del sin par Matías Prats. Lo cual sucedía un dos de abril. Zarra marcó dos goles. Y Basora, Panizo y Molowny –que debutaba- hicieron los restantes.

El domingo siguiente, nueve de abril, tocaba jugar en el estadio nacional de Jamor, en Lisboa, y otra vez se me presentó la oportunidad de merendar café con leche y galletas… España necesitaba empatar o ganar. Ya que la diferencia de goles no se estilaba. Zarra -¡qué conversación más interesante mantuvimos a finales de los ochenta!- marcó primero pero pronto se adelantaron los portugueses. Menos mal que Gainza consiguió el empate y con él el derecho a no tener que jugar un tercer partido. España se había clasificado para disputar el IV Mundial de Fútbol.

Al finalizar el partido, Matías Prats entrevistó a ‘Piru’ Gainza, que había actuado de manera memorable. Y le preguntó: “¿Quién crees tú que es el mejor extremo zurdo de España?”. Y Gainza, sin titubear lo más mínimo, respondió: “Yo”. MP, en aquella España gris, pacata, hambrienta y en la que hablar de sí mismo resultaba más condenable que maltratar a las mujeres, se sorprendió hasta el extremo de decirle al vasco que él esperaba que le hubiera citado a Seguí –extraordinario jugador del Valencia o a Molowny-. Y Gainza, dando muestras palpables de pasarse la humildad fingida por el forro, contestó: “De haber dicho yo que Seguí o Molowny eran mejores jugadores que yo, habría dejado en muy mal lugar a los dos seleccionadores que decidieron alinearme a mí”. Los dos seleccionadores eran Guillermo Eizaguirre y Benito Díaz.

En aquella época, Helenio Herrera acababa de llegar a España. Y, con su forma de ser excesiva, consiguió que los entrenadores españoles fueran respetados, exigidos y mejor pagados. Luego, Marcel Domingo y Heriberto Herrera trataron de mantener ese interés que el conocido por el sobrenombre de El Mago había mantenido. Pero se quedaron a mitad de camino. Porque en España molestan muchísimo los triunfadores que no acepten dar el pego de la humildad por sistema. Se les exige que tengan madera de hipócritas. Por más que la hipocresía sea tan perversa y pervertida. De no ser así, los mediocres tardan nada y menos en destrozar a cualquiera. Así que ya era hora de que en España hubiera un entrenador distinto. Aunque los mediocres estén tragando quina con José Mourinho. Que son, en gran medida, los que no dejan de preconizar la arrogancia del entrenador madridista. A fin de quitarle importancia a la magnífica labor que está realizando el portugués. Mourinho le ha venido muy bien al fútbol español. Aunque a veces se salga de madre. Nadie es perfecto”.
 

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