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OPINIÓN - DOMINGO, 11 DE DICIEMBRE DE 2011

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

Roberto y la Constitución
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

Nuestra Constitución fue aprobada por las Cortes, en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado, celebradas el 31 de Octubre de 1978, siendo ratificada por el pueblo español en referéndum el 6 de Diciembre de 1978, y sancionada por el S.M el Rey ante las Cortes, el 27 de Diciembre del mismo año, según texto publicado en el “Boletín Oficial del Estado” de fecha de 29 de Diciembre de 1978.

El artículo 27 titulado “Libertad de Enseñanza” en el apartado 1) recoge: “Todos tienen derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza”; el artículo 2) se refiere a “la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana, en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”; el artículo 3) nos dice que “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones básicas”… y así hasta diez apartados.

La Constitución del 78 cumple el trigésimo tercer aniversario, significando el punto de partida de una etapa de prosperidad y convivencia democrática, sin precedentes en la historia de España. En plena crisis económica, los valores y principios constitucionales ofrecen una fórmula eficaz para buscar una salida a los graves problemas que abruman a nuestra sociedad.

España se constituye en un estado social y democrático de Derecho y la soberanía nacional corresponde al pueblo del que emanan los poderes del Estado. Es imprescindible que ciudadanos y poderes públicos cumplan con su deber, al servicio del interés general, porque la lealtad constitucional es el mejor camino para buscar la luz al final del túnel. Al día de hoy, el egoísmo partidista o territorial, supone un lastre que no nos podemos permitir.

Las opiniones de distintos analistas se refieren a que “las legítimas discrepancias políticas no pueden eludir la obligación de buscar la concordia, que se impone en una coyuntura tan difícil”. Bajo el aliento de la Corona, los dirigentes políticos, sociales y económicos, deben sumar esfuerzos en la búsqueda de soluciones eficaces. Por ello, resulta inaceptable la actitud de quienes, en un día que se conmemora su aprobación, se niegan a cumplir sus deberes constitucionales o pretenden negar las virtudes de una Constitución que sigue ofreciendo un marco de libertad y democracia para todos. El acto que se celebra en el Congreso de los Diputados, todos los años, refleja simbólicamente el consenso de todos los españoles, en torno a una Ley Fundamental, que prende un período de nuestra historia, que sitúa a España en el lugar que le corresponde en Europa y en el Mundo. Todas las personas pueden sentirse cómodas en un contexto de derechos fundamentales y libertades públicas que permiten expresar la propia personalidad individual y territorial, sin perjuicio de la lógica primacía de interés común. La Constitución de 1978 se ha convertido ya, con sus 33 años de vida, en la segunda de mayor duración de la historia española, sólo superada por la de 1876.

La Constitución del 78 produce entre los españoles un entusiasmo descriptible. Menos incluso que la de 1812 que, quizás por ser la primera, dispuso de servidores entusiastas preparados, sin remuneración alguna, a dar su vida por ello. Dice la redacción del texto que fue fruto de un consenso.

Siguen opinando los comentaristas: “La constitución del 78 nacida entre aplausos, es hoy criticada por todos, menos por los políticos que viven de ella”. En principio, tenía un espíritu que se ha ido evaporando con el tiempo. Fue producto del consenso de todas las formaciones políticas españolas, de ahí que se le conociese como “la Pactada”. Un gran valor, ya que las anteriores habían sido impuestas por la fuerza predominante en aquel momento, al rebelarse las demás, terminarían arruinándola y, a veces, incluso al país.

Algunos plantean, ¿hay que reformularla? De hecho, recientemente se ha producido una leve reforma del texto constitucional, introducida por el Gobierno saliente del Sr. Rodríguez Zapatero, que pone freno al gasto público. Al parecer ha sido un acierto…

Convienen tener presentes las actividades que se programaban en las escuelas. En la actualidad, en nuestro ayuntamiento, en el Salón de Trono, se convocan a los alumnos de distintos centros educativos para recordar el momento de la Carta Magna.

Pero lo de Roberto Rufino fue de más relieve. Él y cuatro compañeros más del “Convoy” tuvieron la fortuna de, por tal motivo, visitar el Congreso. Acompañaron a Roberto, bajo la sabia dirección de nuestro recordado Maestro D. Miguel Calderón, los también alumnos Lupión, Enrique, Carlos y Ucero. El acontecimiento tuvo lugar en el curso 1984-85.

Me he puesto en contacto con Roberto y me cuenta como transcurrió su “aventura”: <<Participamos en un concurso sobre la Constitución Española. Ganamos y, como premio, visitamos el Congreso de los Diputados y el Museo del Prado, como hechos más significativos. D. Miguel, nuestro llorado Maestro, que Dios tenga en su gloria, nos acompañaba. En el Grupo, yo era el de menor edad. Mis compañeros eran ligeramente mayores que yo. También nos acompañó D. Fructuoso Miaja, alcalde de la Ciudad. Visitamos el “Corte Inglés”, que me encantó. Yo parecía un muñequito de dibujos animados japoneses, con los ojos desorbitados, por el asombro de todo lo que veía. En el Congreso observamos, con todo detalle sus instalaciones, estuvimos sentados en las gradas… y el hecho lamentable de los impactos de balas de aquel triste “23-F”>> (Nuestros alumnos se encuentran en la primera fila de la izquierda. Roberto el cuarto).

Roberto pertenece a una gran familia de alumnos que dejaron un grato recuerdo en nuestro Convoy: Javier, Magdalena y Ada, formaban un cuarteto maravilloso, e hicieron felices a todos sus compañeros y maestros. ¡Eran otros tiempos, pero el recuerdo queda ahí! En nuestro libro “Un antes y un después” están recogidas sus vivencias.
 

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