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OPINIÓN - MARTES, 20 DE DICIEMBRE DE 2011

 
OPINIÓN / EDITORIAL

La Policía no detiene, los vecinos no señalan

Observar lo que ocurre en la ciudad de los 19 kilómetros cuadrados con más de 1.500 agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad, la que mantiene una densidad o ratio Policía/ciudadano más alta de España, es absolutamente descorazonador. Sobre todo si, en lugar de descender el vandalismo callejero y la pequeña delincuencia, ésta se eleva a niveles insoportables para el ciudadano de bien que asiste impotente y pasmado a una escalada de inseguridad en la ciudad que no parece tener remedio.

Acciones de ‘Kaleborroka’ en El Príncipe; atracos y pequeños robos en barrios de las afueras y del centro; vehículos quemados, contendores incendiados y vecinos que critican a la Policía por cómo actúan de modo indiscriminado, según dicen, sin realizar una labor ‘quirúrgica’, aunque nunca señalen quiénes son los alborotadores pese a que sin duda los conocen. La situación es de armas tomar.

El silencio protege a los malos en un barrio que se encierra en sus laberínticas calles en las que se mueve y almacenan drogas y armas sin que, hasta ahora, se haya conocido acción policial exitosa al respecto. Los ciudadanos comienzan a repetir lo de que “la calle está muy mal” y cuando eso ocurre es que algo hay. Esa percepción subjetiva, que dicen los técnicos, está muy extendida y los técnicos, además de escudarse en la ‘subjetividad’ de las percepciones deberían analizar por qué ocurre tal cosa cuando en realidad hay más policías por metro cuadrado que en ningún lugar de nuestro país.

El próximo delegado del Gobierno tendrá que lidiar con una situación que heredará complicada, extremadamente complicada, porque actualmente ni los vecinos que saben quiénes son los gamberros, vándalos y delincuentes no los señalan, ni la Policía logra detenerlos. Es la Ley sin ley, y sin que nadie ponga remedio a semejante desaguisado social, con la activa participación añadida del amarillismo en forma de vetusto tabloide.
 

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