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OPINIÓN - MARTES, 3 DE ENERO DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

El gran día de González Pérez
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

He decidido apuntar en mi libreta de los hechos importantes, la toma de posesión de Francisco Antonio González Pérez como delegado del Gobierno, un dos de enero del año 2012. Que para él será una bendición. Por ser el día en el cual se vieron culminados si no todos sus deseos políticos, pues quizá habría soñado con ser ministro alguna vez, al menos gran parte de ellos. Ya que ser delegado del Gobierno no es moco de pavo.

Para Pacoantonio, repito, habrá sido una bendición el haberse sentido el centro de atención, en este lunes de enero, de una ciudad en la cual lleva más de tres décadas viviendo; mientras los demás mortales, es decir, los menos favorecidos por la suerte, nos vemos precisados a invocar al santo de turno para que las medidas de recortes adoptadas por el Gobierno nos permitan seguir comiendo asiduamente. De momento, el ministro Montoro no ha dudado en meternos el miedo en el cuerpo, una vez más, anunciando que el jueves habrá nuevas medidas contra el déficit. Que Dios nos coja confesados.

El discurso del nuevo delegado del Gobierno, que he oído por ahí y leído en alguna parte, ha sido el esperado. Ha dicho, fundamentalmente, que goza de los mejores deseos y que llega al cargo dispuesto a darlo todo por esta tierra. Y, además, se ha comprometido, como han hecho todos sus antecesores en el edificio de la plaza de los Reyes, a tener las puertas de la Delegación abiertas para todos los ciudadanos, al margen de ideas políticas, credos o posiciones.

Y, rápidamente, me he acordado de aquel subdelegado del Gobierno, llamado Fernando Marín López, a quien le oí quejarse amargamente de cómo la gente se creía a pie juntillas frase tan manida; o sea, la de que podían acceder al delegado cuando quisieran. Y pronto descubrió que el despacho se le llenaba cada día de personas interesadas en convencerle, con sutilezas y por medio de influencias de ciertas amistades, de que intercediera en beneficio de ellas. Hablaba Marín López que un día se percató de que por su despacho pasaban chalanes dispuestos a todo. Y, cuando decidió cortar de raíz semejante descaro, lo pusieron a parir y le hicieron la vida imposible.

En fin, que, aunque creo que sobra el ejemplo a fin de que el nuevo delegado del Gobierno sepa de qué va la cosa, porque es un hombre avezado en política, he creído conveniente recordarle que él menos que nadie debe ofrecer su despacho cual si fuera un lugar de peregrinación.

Lo que si me ha extrañado es que la pareja de moda, la formada por Juan Luis Aróstegui, cual líder de la coalición ‘Caballas’, y su segundo, Mohamed Alí, haya asistido al acto de la toma de posesión. Aunque no sé si el líder habrá ido vestido de traje y corbata. Como mandan los cánones de la buena educación. Ya que la corbata es signo de autoridad y no de señoritismo. Y, desde luego, he echado de menos la presencia de Gustavo Manuel de Arístegui y San Román –político, diplomático, y gran amigo de González Pérez- en un momento tan deseado y tantas veces soñado por Pacoantonio. Pero todo no se puede tener. Ojalá que el nuevo delegado del Gobierno tenga la fortuna de actuar sin herir susceptibilidades. Ni despertar envidias locales, que son las peores, en una ciudad donde sentirse vivo exige muchos sacrificios.
 

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