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OPINIÓN - DOMINGO, 8 DE ENERO DE 2012

 

OPINIÓN / SNIPER

Marruecos y el gobierno “oficial” Benkirán
 


José Luis Navazo
yebala06@yahoo.es

 

Con fórceps y de milagro sin cesárea, pero al fin el 3 de enero Su Majestad tuvo a bien nombrar el nuevo gobierno oficial de Marruecos, presidido por el secretario general del PJD Abdelilah Benkirán y en el que, haciendo una higa a la flamante Constitución, tan solo figura una mujer, Bassima Hakaoui, diputada del partido de la Lámpara. Ni la derecha istiqlalí, el centro “harakí” del Movimiento Popular y los presuntos izquierdistas del Partido del Progreso y el Socialismo, los oportunistas del PPS, disponen al parece de una sola mujer capacitada para ser ministra. Realmente sorprendente. Y una vergüenza que, de paso y como el que no tiene la cosa, tiene lugar con el advenimiento del primer gobierno “islamista”, muy entre comillas. A la vez y si el gobierno Benkirán se retrasó en ver la luz, el que corrió más que un bebé “sietemesino” fue el Gabinete Real, el gobierno real del país es decir “el de verdad”, que no paró de reforzarse tras las elecciones del 25 de noviembre y la victoria del los islamistas parlamentarios del PJD con cinco prohombres peculiares, entre otros desde el prestigioso Omar Azzimán (30 de noviembre) al inquietante y calavera Fuad El Himma (7 de diciembre), contando como última adquisición el mismo 2 de enero con el veterano y último ministro de Exteriores, el “istiqlalí” Taïb Fassi Fihri. El mensaje es claro: en Marruecos está y sigue estando al frente una monarquía ejecutiva por derecho divino, dirigiendo de facto un gobierno en la sombra. Punto pelota. Es decir, que en Marruecos como diría el politólogo Yussef Belal coexisten dos legitimidades: la monárquica y la democrática. La cuestión es: ¿por cuánto tiempo será esto posible? Además, uno de los compromisos de Benkirán era que él iba a hablar directamente con el rey y no con sus consejeros. Aunque tenga que ser en Midelt, digo.

“¿Y la primavera árabe…?”, pregunto en mi ignorancia. “¡Bah!”, me contestan: “En Marruecos no ha pasado nada, alumbramos una nueva Constitución, ha habido elecciones y gobiernan por primera vez los islamistas, ¡a ver por cuánto tiempo!”. Ya, “al platu vendrás arbeyu” digo para mis adentros. Si algunos piensan que el movimiento contestatario que ha sacudido Túnez, Egipto, Libia… está muerto y enterrado, lo tienen claro o si lo prefieren como diría un famoso escritor de Valladolid, que no era una zorra pequeña, en boca de uno de sus más famosos personajes, el ínclito Don Juan Tenorio: “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. También me parece muy peligrosa la presunta maniobra que se masca en el ambiente, es decir, atizar desde ciertas instancias la latente conflictividad social para que le reviente en la cara al nuevo jefe de gobierno, Abdelilah Benkirán, quién hasta el momento y haciendo de la necesidad virtud ha tascado el freno y contenido estoicamente su ímpetu, mientras se prepara para hacer frente a un doble reto: las indicaciones de Palacio y su propia mayoría. Por lo demás Benkirán no es un fantoche como Abbas El Fassi, pero tampoco el moderado Saad Eddine El Othmani va a dejarse manejar en Exteriores (si bien continuará la línea oficial como ya ha anunciado) ni, mucho menos, el duro Mustafá Ramid en la cartera de Justicia. Y en cualquier caso, el PJD es muy consciente (eso puedo asegurarlo) de por qué el pueblo marroquí le ha votado y en su estrategia va a “apurar” al máximo las posibilidades que ofrece la nueva Constitución, en vigor desde el pasado 16 de julio.

Del nuevo gobierno “oficial”, ya digo, destacaría también la tranquila continuidad del ministro de Asuntos Islámicos y Habús, el cofrade “bouchichiya” Ahmed Toufiq y, cara a las siempre complejas relaciones con España, la afortunada presencia entre tanto “hijo espiritual de Francia” de un hispanófilo, El Othmani, detalle humano sobre el que el gobierno Rajoy debería tomar muy buena nota.
 

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