PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura
Melilla

Opinión
Archivo
Especiales  

 

 

OPINIÓN - MIÉRCOLES, 29 DE FEBRERO DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

Debate estéril
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Un joven nacido en Francia de padres de argelinos lleva en sí dos pertenencias evidentes, y debería poder asumir las dos. Es lo que nunca ha dejado de hacer Zinedine Zidane. Ejemplo evidente y destacado de quienes reivindican una identidad más compleja. Y digo dos por simplificar, pues hay en su personalidad muchos más componentes. Ya se trate de la lengua, las creencias, de la forma de vivir, de las relaciones familiares o de los gustos artísticos o culinarios, las influencias francesas, europeas, occidentales, se mezclan en él con otras árabes, bereberes, africanas, musulmanas…

Cierto es que ZZ, mencionado por ser figura destacada del fútbol mundial, se puede permitir el lujo de asumir toda su diversidad. De sentirse francés sin que nadie lo mire por encima del hombro, en la misma medida que pueda manifestar lo que le une a Argelia, a su historia, a su cultura y su religión, sin que por ello sea blanco de la incomprensión, la desconfianza o la hostilidad de los nacidos en la tierra de sus padres, y en otros casos de sus abuelos.

Pero no todas las personas pueden expresarse de igual modo. Porque se exponen a ser vistas como traidoras, como renegadas incluso, y lo primero que pueden encontrarse es con la indicación de que mejor estarían en el lugar de origen de los suyos. Dice al respecto, Amin Maalouf, en ‘Identidades asesinas’, título de un libro de mucho interés para quienes habitan en sociedades donde conviven varias culturas, que esta situación es más delicada al otro lado del Rin. Y nos explica el caso de un turco que nació hace treinta años cerca de Francfort y que ha vivido siempre en Alemania, cuya lengua habla y escribe mejor que la de sus padres. Para su sociedad de adopción, no es alemán; para su sociedad de origen, tampoco es un turco auténtico. El sentido común nos dice que debería poder reivindicar plenamente esa doble condición. Pero nada hay en las leyes y en las mentalidades que le permitan hoy asumir en armonía esa identidad compuesta.

Hay otros muchos ejemplos de identidades complejas que obligan a quienes la disfrutan a elegir ante situaciones importantes para sus intereses; seguimos con el fútbol: ahí están los casos de Özil y de Khedira. Ambos tuvieron que optar entre jugar con la selección alemana o la turca. Una decisión que a buen seguro dejó heridos en ambos sitios. Ahora bien, el aprendizaje de ambos en su lugar de nacimiento, es decir en Alemania, no me cabe la menor duda de que fue acompañado del otro, del recibido entre los suyos. Donde los padres les habrán inculcado creencias de la familia, ritos, actitudes, convenciones y la lengua materna, claro está, y además temores y aspiraciones. Sentimientos de pertenencia. Y, sin duda alguna, la calle también les haría sentir que no todo el monte es orégano.

Tengo la impresión de que las personas citadas hablan varias lenguas. La del país donde nacieron, la de sus padres, y, posiblemente, el inglés. Principalísima. Como asimismo lo es la lengua española. Luego están las lenguas elegidas como secundarias pero útiles. En Ceuta, verbigracia, no estaría de más que la lengua árabe fuera hablada por muchas personas. Por razones obvias. Por lo tanto, me parece que el debate mantenido entre Mabel Deu y Aróstegui, en relación con la enseñanza del árabe, me parece baldío. Que lo aprendan quienes lo deseen.
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto