PortadaCorreoForoChatMultimediaServiciosBuscarCeuta



PORTADA DE HOY

Actualidad
Política
Sucesos
Economia
Sociedad
Cultura
Melilla

Opinión
Archivo
Especiales  

 

 

OPINIÓN - DOMINGO, 4 DE MARZO DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

El circo
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Tuve yo un amigo, nacido en casa donde pasar hambre era una costumbre inveterada, que se dio cuenta de que su canina aumentaba en la misma medida que su agudeza. De modo que un día decidió echarse a la calle para disputarles el pedazo de pan a otros que estaban en sus mismas condiciones. Que eran legión.

Lo primero que se le ocurrió es convertirse en palmero de aquellos flamencos que se buscaban la vida divirtiendo a los señores y señoritos de la noche en juergas de colmado que duraban hasta el alba. Y es que mi amigo sabía llevar el compás con dignidad. Y a veces, si la ocasión era propicia, hasta se pegaba su baile entre el jaleo impostado de los demás componentes del grupo.

Mi amigo se permitió un día cantiñearse por bulerías; pero fueron tan sonadas sus desafinaciones que ni el estruendo de las palmas pudo evitarle el sonrojo Y, a partir de ese momento, decidió que nunca más volvería a formar parte de aquel entramado nocturno donde se ganaba poco y se terminaba dando camballadas toda la noche por mor del vino.

El vino era el mejor antídoto con el que contaban aquellos faranduleros de ventas para aliviar sus penas y, sobre todo, para engañar a una botarga desacostumbrada ya a cumplir fielmente con sus obligaciones. Ocurrente e ingenioso, mi amigo comenzó a destacar por sus frases. Verdaderas sentencias acerca de los hechos de actualidad; ya fueran políticos, sociales, económicos o deportivos.

Mi amigo encontró pronto quien le ofreciera trabajo: se trataba de un empresario circense que le ofreció un puesto acorde con sus conocimientos sobre personas y circunstancias de la vida. Y él aceptó ser la persona de confianza de ese empresario con la misión de tenerle al tanto de cuanto ocurriese dentro de la carpa.

Tras unos meses de ver cuanto acontecía en el espectáculo, y en vista de que las taquillas no respondían a lo previsto por el empresario, éste no dudó en consultarle a mi amigo acerca de ese problema. Y mi amigo, que no era de los que se mordían la lengua, respondió en corto y por derecho:

-A la gente le gusta ver fenómenos. Yo te puedo decir que los artistas que más éxitos tuvieron en el circo donde yo estuve de espectador eran los enanos, los contorsionistas y algunos números más. Pero, a pesar de ello, nunca obtuvieron ni los triunfos ni las recaudaciones de los circos que llevaban fieras. Las fieras gustan porque el público espera que en cualquier momento se coman al domador. El público es así. ¡Qué gente!

Lo de mi amigo se me ha venido a la memoria al comprender que lo que está ocurriendo ahora mismo en la política local no deja de ser circense. Vamos que es calcado a lo que suele ocurrir durante la representación de un circo con fieras.

Las fieras, en este caso políticas, son Aróstegui y Alí. Que en tiempos revueltos donde los haya, por culpa de una economía ruinosa, están gozando de atención ciudadana por ver si son capaces de merendarse a Vivas: el domador. Y ellas, las fieras de Caballas, están empecinadas en lograrlo. Craso error. Puesto que el domador está sobrado de recursos. En rigor, los leones serán domeñados y acabarán pasando por el aro en llamas. Triste sino para unas fieras políticas. Cuyos rugidos, en este caso de claxon, solo sirven para distraer al personal.
 

Imprimir noticia 

Volver
 

 

Portada | Mapa del web | Redacción | Publicidad | Contacto