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OPINIÓN - DOMINGO, 4 DE MARZO DE 2012

 
OPINIÓN

Miscelánea semanal

Por Manuel de la Torre


LUNES 27.

Con la que está cayendo últimamente en relación con los jueces, ya sea por el caso Baltasar Garzón, ya por el de Iñaki Urdangarin, me acuerdo de la siguiente historia contada en sus memorias por Antonio Puigvert, eminente urólogo barcelonés. Habla en ellas, entre otros muchos personajes tratados por él, de un juez llamado Carlos Calamita y Ruy-Vamba, cuya amistad entre ambos se hizo realidad debido a la enfermedad de éste. Cuenta así lo ocurrido: En los años de la República que precedieron a la guerra civil que asoló al país, don Carlos Calamita y Ruy-Vamba, en funciones de juez de guardia en Madrid, procedió al interrogatorio de un joven abogado, airoso y elegante, que había sido detenido con motivo de su actividad en una manifestación callejera que degeneró en conflicto de orden público. Durante el interrogatorio, el joven abogado se insolentó y en un arrebato de furia tomó un pesado tintero que se hallaba sobre la mesa del Juzgado y lo arrojó sin contemplaciones a la cabeza del juez. El señor Calamita incoó de oficio el correspondiente proceso por desacato a la justicia y procedió al encarcelamiento del detenido. El joven abogado se llamaba José Antonio Primo de Rivera. Al término de la guerra civil, don Carlos Calamita fue procesado, separado temporalmente de la carrera judicial, y por temor a represalias personales, con motivo de aquel incidente, abandonó Madrid trasladándose a Barcelona, donde no era conocido y podría malvivir en paz en la casa de su hermano político, que le dio cobijo. Años después, aquel hombre, conservador, de amplia y exquisita cultura, de justo criterio como correspondía a su formación y a su carrera, fue repuesto en la judicatura, pero postergado a la Audiencia de Madrid cuando por su categoría y antigüedad le correspondía el Tribunal Supremo. Pasan los años, pero los hechos se siguen repitiendo. Aunque se emplean otras armas.

Martes. 28


Cada equis tiempo, María del Rosario Cenizo Rodríguez viene a Ceuta con la misma ilusión de siempre. Pasa en la ciudad dos o tres días y se vuelve a la Península con lo que ella llama sus deberes cumplidos: que no son otros que haber disfrutado plenamente de la ciudad. Charo es Vicedecana de Ordenación Académica. Facultad de Comercio y Gestión. Universidad de Málaga. Y es mujer siempre dispuesta a conversar de cuanto haya que hacerlo. Como profesora de Derecho civil, yo aprovecho sus estancias en esta tierra para dármelas de saber algo del asunto. Pero pronto me quedo sin recursos ante ella. Hoy nos ha tocado charlar sobre la primera vez que ella vino a esta tierra con sus padres. Y lo hacemos mientras paseamos por sus calles céntricas. De aquella ciudad, finales de los setenta y comienzos de los ochenta, queda ya muy poco. Luego, cuando compartimos sobremesa con otros amigos, a mí me gusta enrollarme con anécdotas de un pasado que ella no vivió y que le parece que a mí me agrada sobremanera darles un toque de exageración. Y, como siempre que nos vemos, acabo diciéndole que los hechos no son como pasaron sino como uno los recuerda. En fin, que una vez más he tenido la suerte, la misma que sus otros amigos presentes en la reunión, de pasar unas horas estupendas en su compañía. Charo, vuelve cuanto antes. Le gritamos a coro sus amigos.

Miércoles. 29

No recuerdo si Aurelio Mata Padilla y María del Carmen Godino han pasado ya por esta página donde mis amigos tienen siempre cabida ni tampoco me voy a poner a comprobarlo, así que vuelvo a hablar de ellos aunque me repita, ya que ambos se merecen la insistencia del homenaje. De Aurelio Matas, arquitecto él, debo decir que me era más conocido por ser fan destacado de la Asociación Deportiva Ceuta que por su profesión. Hasta que un día estuve en el sitio justo y con las personas apropiadas y pude enterarme de que también él cuenta con muchos admiradores como arquitecto y, desde luego, hablan y no acaban de sus valores personales. De modo que aprovecho la ocasión, durante una larga sobremesa, para hacerles el artículo de palabra y ahora repetirlo por escrito. A fin de que lo dicho pueda quedar para siempre registrado en la hemeroteca. AM, memoria prodigiosa donde las haya, me premia cuando saca a relucir pasajes de mi vida como entrenador, allá en los años de Maricastaña. Más o menos cuando él estudiaba la carrera en Sevilla, gracias al sacrificio de sus padres. Una carrera de arquitectura que ejerce de manera brillante. Tampoco hace ninguna falta que yo lo diga. Puesto que así lo manifiestan los edificios que se yerguen en la ciudad con su firma y, sobre todo, con su estilo.

Jueves. 1


En el mes de octubre, del año pasado, le dediqué una columna a Alfonso Conejo, merecida en toda regla, por un acto que puso de manifiesto su categoría personal. La que siempre ha tenido. Pues bien, desde aquel día nunca más tuve la oportunidad de pararme con él a charlar un rato. Tal y como ha sucedido esta tarde en la avenida del Alcalde Sánchez-Prado. Y hemos vuelto a conversar sobre asuntos locales que nos interesan, y lo hemos hecho con la franqueza consiguiente. Debido a que ambos sabemos que nuestro conversar no se traduce en materia de correveidiles. A mí, y creo haberlo resaltado no pocas veces, AC me parece un político desaprovechado. Y no veo ninguna necesidad en ponerme a enumerar ahora sus cualidades. Que son más que conocidas por cuantos lo trataron cuando participaba activamente en ella. Y, aunque las comparaciones sean tenidas por odiosas, válgame el tópico para recordar que uno suele preguntarse cómo es posible que Conejo lleve mucho tiempo viviendo su ostracismo político mientras otros siguen yendo en el machito y sin dar un palo al agua.

Viernes. 2


Al margen del desdichado arbitraje de Salvador Alcaraz Yáñez, en el partido de la Copa de Federación entre la Asociación Deportiva Ceuta y el Lemona, leo que el primer equipo de la ciudad juega tres partidos seguidos en el Alfonso Murube. Además de estar de por medio una de las ya clásicas jornadas de descanso por retiradas de equipos. Ay, cuántas veces conté lo que pensaba Pablo Porta, presidente de la Real Federación Española de Fútbol, respecto a la Segunda División B: “Esta categoría nace muerta”, dijo. Y explicó los motivos. Motivos que yo me he hartado de airear. En fin, a lo que iba y perdonen la digresión: que a Sergio Lobera, debido a la bonanza del calendario, se le presenta la oportunidad de situar a su equipo entre los que cuentan con aspiraciones de jugar la promoción de ascenso. Está en su último tramo de oportunidades. Y debería ser capaz de influir en sus hombres para conseguir lo que sería un logro ansiado. En realidad, la plantilla que tiene es de las mejores del grupo IV.

Sábado. 3

Día primaveral. Tras darme mi paseo por el centro de la ciudad, acabo tomando el aperitivo en los lugares de costumbre. En uno de ellos, de lo mejorcito que hay ahora mismo en Ceuta, coincido con una pareja con la que me pongo a pegar la hebra. Pasado un tiempo, ella va y me dice que es sobrina de Carlos García Bernardo. Y a mí me agrada sobremanera tener la oportunidad de hablarle de su tío, cuando pronto se van a cumplir tres años de lo suyo. La sobrina de Carlos se llama Mercedes, y a fe que charlar con ella y con su pareja me resulta la mar de agradable. Mercedes quiere saber de su tío y de cómo se forjó mi amistad con él. Y yo no tengo el menor inconveniente en ponerla al tanto de unas relaciones que fueron de menos a más. Y que acabaron siendo entrañables. A Carlos, le digo, lo conocí yo en El Puerto de Santa María. Sucedió en el Hotel Puerto Bahía, sito en la Playa de Valdelagrana, un domingo de primavera de principio de los ochenta. Y a partir de entonces nunca dejamos de hablar de fútbol y de cuanto se encartara. Mercedes, mujer agradable, educada, y magnífica conversadora, supo prestarme toda la atención del mundo.
 

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