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OPINIÓN - DOMINGO, 4 DE MARZO DE 2012

 
OPINIÓN / COLABORACIÓN

In memoriam Manuel Domínguez del Barrio (y III)

Por Julián Manuel Domínguez Fernández


El sábado sobre las siete de la tarde el sastre se marchó a casa de su amigo Pajares, donde antes había mandado a toda su familia. Pajares fue el promotor principal y uno de los fundadores de la logia LIXUS, en 1.926. Antes, el sastre le había dicho a Soto que fuera a preguntar a la Jefatura de Policía por si le buscaban. Efectivamente no hizo falta que Soto llegase a la Jefatura, antes, el muchacho que habitualmente les llevaba el hielo a su casa se lo dijo.

El Teniente del Batallón de las Navas, nº 2 José Campos Justo había recibido órdenes precisas. La muerte de Bozas y de Reinoso no iba a quedar impune. Citó a todos los agentes de policía y a todos los considerados extremistas. De la Jefatura del Territorio le hicieron llegar los documentos inculpantes. No le hizo falta mucho tiempo, entre el 27 y el 30 de julio les tomó declaración y para mejor proveer registró la casa de los sospechosos. Entre ellos el sargento de Ingenieros Crespo Andrade, el sastre Jiménez, el veterinario Eulogio Fernández, el practicante Chacón, al funcionario de telégrafos Victoriano Fuminaya, al maestro Matamala y al exguardia civil Domínguez del Barrio. Pruebas “evidentes” les inculparon. A los militares la hoja-manifiesto de la UMRA (Unión Militar Republicana Antifascista) en contra de un golpe militar. A los civiles de casi todo: desde cartas de la logia masónica firmadas por Jiménez, o por Matamala, cartas con propuestas antifascistas de Domínguez del Barrio, a críticas contra el Casino Español firmada por Fuminaya como miembro de la Agrupación del partido socialista obrero español de Larache, calificándolo de cueva fascista, o contra la institución de la Mehaznía armada por su utilización contra los trabajadores y su coste para España que cifraban en 12 millones de pesetas legado según decían del verdugo del Comandante Doval. A Doval le tocó la responsabilidad de la guardia civil en los sucesos de Asturias de 1.934 y ahora la organización de la Comandancia de la Guardia Civil de Marruecos. También

El teniente Campos no lo dudó: el 1 de agosto propuso elevar las actuaciones por los indicios que dedujo contra el sastre Jiménez, Victoriano Fuminaya, Antonio Chacón, César Gilardi y Manuel Domínguez del Barrio a una causa militar en toda regla. Y pidió por telegrama al Auditor de Guerra de las Fuerzas Militares de Marruecos en Ceuta la aprobación. Y el 2 de agosto el telegrama fue taxativo: “El Auditor Guerra Fuerzas Militares Marruecos. Al Teniente Juez Bon Caz, Las Navas 2, José Campos. Apruebo elevación causa diligencias previas instruye contra paisano Manuel Giménez Díaz y cuatro más por infracción bando declarando estado de guerra, significándole dicha causa queda registrada esta Auditoría al nº 303 del año actual. Acuse recibo”. El teniente Campos aprovechó para someter al procedimiento a 20 más. No hizo falta mucho procedimiento. El día 4 de agosto Don Francisco Allue Martínez y Don Tomás Romero Sánchez, capitán y teniente médicos de Larache practican la autopsia a Domínguez del Barrio que presenta varias heridas por arma de fuego, siendo causante de la muerte una que tiene el orificio de entrada en tercio superior de la cara anterior de la región costal derecha y salida por la región lumbar a nivel de la segunda vértebra atravesando el tejido pulmonar con hemotórax correspondiente. Tal como declaró Buendía, que había sido el anterior jefe de policía antes que Gilardi, era un dirigente de filiación comunista por lo que fue detenido en 1.934, nocivo para la sociedad y la Patria por sus ideas y que aunque no tenía antecedentes punibles era obvio que eran personas no gratas. A María la llamaron el día 9 de agosto para devolverle los efectos personales de su marido: 1 manta, sábanas y 1 colchón, 1 pantalón y 1 chaqueta, 1 mono blanco, toallas, camisetas y pañuelos, 1 servilleta, 1 par de sandalias y 1 par de zapatos de color, 1 tarro de mermelada y 1 lata de carne en conserva medio vacíos, plátanos, varios pedazos de chocolate, 1 tenedor y 1 cuchara, 1 brocha de afeitar y jabón, 1 peine, 1 lápiz y 1 carterita con tarjetas y 1 libreta con documentos y fotografías. Su destino, como el de varios millones de españolas quedaría para siempre marcado con la muerte de su marido para ella y para sus 2 niños y sus 2 niñas.

Solo quedaba vivo Gilardi, que tampoco duró mucho en ese estado, el 27 de agosto le fusilaron también. Aunque el Comandante de Caballería Domingo García Fernández, continuaría la causa como Juez Permanente del Territorio de Larache. Algunas de las actuaciones duraron hasta casi finales del año 1936. Entre ellas las declaraciones de todos los agentes de policía (Alcázar, Muro, Rodríguez, García Viano, Buendía) y la declaración de Soto, el ayudante del sastre. A Soto no hizo falta que le presionasen mucho. Lo cantó todo y de todos. Inculpó al sargento de artillería Manuel Bajo, al sargento de Ingenieros Montes, al capitán veterinario, al practicante Chacón, al maestro Matamala, a Pedrosa, a Subiza, a Vázquez empleado de la Junta Municipal, a Cristóbal de Lora, y hasta un total de 16. Antes de la vista del consejo de guerra había ya 21 fusilados, de entre ellos todos los anteriores. Y todos localizados casualmente frente a las tapias del cementerio cristiano.
 

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