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OPINIÓN - MARTES, 6 DE MARZO DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

Mujeres
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Es inteligente, culta, bella, y poco dispuesta a pegar la hebra porque sí. Conmigo lo hace de higos a brevas. Ya que vive entregada a su trabajo, es viajera, y apenas se deja ver por los sitios de costumbre. Ahora bien, yo tengo la suerte, siempre que ella decide tomarse un respiro en sus labores, de tropezármela. Cuando ello sucede, me gusta provocarla de esta guisa: “Tengo la impresión de que nuestro encuentro no ha sido casual”. Y a ella, como otras veces, le sale ese mohín de qué más quisieras tú…

En esta ocasión, cuando apenas llevamos unos minutos conversando, va y me dice que si voy a escribir algo esta semana sobre las mujeres por celebrarse el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Y le digo que sí. Y ella, haciendo un alarde de memoria, va y me suelta lo siguiente:

-La diferencia que hay entre los hombres y las mujeres es que ellos hablan bien de ellas y las tratan mal, mientras que ellas hablan mal de ellos y los tratan bien.

Y, tras hacer una pausa acompañada de risa, le recuerdo que lo dicho por ella fue escrito por mí el año anterior por estas fechas. Lo cual demuestra que me lees con cierto interés.

-Verdad es. Incluso no tengo el menor inconveniente en reconocerte que no pocas veces tomo apuntes de lo que cuentas. De ahí que sé que volverás a escribir bien de nosotras.

Por supuesto, querida amiga. Así que te voy a adelantar algo al respecto. Nada que no haya dicho antes, pero que en estas fechas, donde las mujeres celebráis vuestro día participando en actos culturales, deportivos, sociales, humanitarios, etcétera, creo que se impone insistir en que “diferentes” no significa “inferiores”.

-O sea que en este punto, Manolo, tú crees que las ideas feministas han triunfado realmente.

-Naturalmente que sí. ¿Quién se atrevería a afirmar todavía que las mujeres son menos inteligentes, dotadas, creadoras, hábiles y artistas que los hombres? Todo el mundo reconoce, y los hombres los primeros, que las desigualdades que subsisten entre los sexos están relacionadas con las condiciones, no con las capacidades. De modo que cada vez son menos los hombres que se atreven a esgrimir esos argumentos de otros tiempos acerca de la “superioridad” del sexo fuerte. Y quien lo hace se expone, sin duda alguna, a recibir una reprimenda de mucho cuidado.

-Lo que tú quieres decir es que se acabó el viejo mito de la Dama de las Camelias. Que ya no somos vistas por vosotros ni frágiles, ni evanescentes, sino más bien robustas, duras ante el dolor y con más posibilidades de vida larga.

-Pues sí. Pero eso no lo digo yo, sino que lo prueban todos los estudios relacionados con el tema. Ya que estáis sobradas de voluntad y valor; de olfato, sutileza, sexto sentido: vamos, que un poco brujas sí que sois. Y qué decir de vuestra resistencia física.

-Tampoco te pases… Porque al paso que vas eres capaz de describirnos como seres perfectos. Y ni tanto ni tan calvo.

-Vaya, ya me has obligado a referirte lo que decía Paul Valèry -escritor él-. Que hay tres clases de mujeres: “las fastidiosas, las fastidiantes y las fastidiadoras”. Y a juzgar por lo que dicen los hombres, aquel desagradable misógino no se equivocaba del todo.

-¿Me puedes explicar las diferencias entre esas categorías?

-Lo haré en otra ocasión. Basta por hoy.
 

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