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OPINIÓN - MARTES, 24 DE ABRIL DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

La tierra dividida
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Hace dos veranos, en el jardín del Hotel Parador La Muralla, cuyo microclima invita a disfrutarlo, se me presentó la oportunidad de conocer a José Muñoz Ragel: ceutí que lleva muchos años viviendo en Alcalá de Henares. Y, a partir de ese momento, nuestras conversaciones estivales fueron tantas como pasadas por agua en un rincón de la piscina donde nos era posible hacer pie.

Muñoz Ragel me confesó un día que llevaba leyéndome hacía ya la tira de tiempo. Él, y su mujer; puesto que ambos no tuvieron empacho alguno en decirme que compraban ‘El Pueblo de Ceuta’ con la intención de irse directo a la contraportada para empaparse de cuanto dijera yo. El matrimonio analizaba cada mañana la columna y, en cuanto me veían llegar al Parador, donde estaban alojados, empezaban a debatir conmigo el contenido de la columna. Lectores empedernidos, apreciaban, por encima de todo, que ésta estuviera bien escrita y, sobre todo, que me atreviera a personalizar. Máxime en una ciudad pequeña y donde todos, además de conocernos, estamos condenados a frecuentar los mismos lugares.

Un día, debido a que leían ‘El Pueblo de Ceuta’, yo les dije que escribir es una adicción. Una adicción que se adquiere de pequeño. Puesto que lo que no prende a esa edad, difícilmente puede lograrse Así, le di la oportunidad al matrimonio de hablarme de lo mucho que habían leído en su niñez y de cómo habían mantenido en su casa la llama viva de la lectura.

Y, claro, quien lee está condenado, más pronto que tarde, a escribir. Porque la lectura a edad temprana invita a escribir. Y, cuanto más se escribe, más necesidad hay de seguir leyendo. Y fue entonces cuando me hablaron de un hijo, nacido en 1971; el cual, amén de estar trabajando en el sector de la ingeniería y de la prevención de riesgos labores, se dedica en sus ratos libres a escribir.

De su hijo Ramón me contó el matrimonio que, durante su adolescencia, se pasaba horas y horas leyendo y haciendo pinitos como escritor. Así que un día vivieron la alegría de saber que su hijo había sido premiado varias veces por su narrativa fantástica y de ciencia ficción. Confieso, eso sí, que tras escucharles atentamente, creí que hablaban como padres. Es decir, con esa pasión que éstos ponen en destacar las cualidades de los hijos.

Pero hoy, precisamente en el día del libro, he recibido el último que ha escrito Ramón Muñoz. Cuyo título es ‘La tierra dividida’. Una novela histórica del siglo IX, editada por ediciones Salamandra, que trata de astures, musulmanes y vikingos. Y que se mete por los ojos por su magnífica presentación. Y, desde luego, engancha nada más leer su prólogo.

Es un libro que voy a leer con sumo interés. Dado el afecto que le profeso a José Muñoz Ragel. Un ceutí que viene cada verano a vivir intensamente la ciudad en la cual fue nacido. Y porque, amén de que me distingue leyéndome diariamente en Internet, ha sabido ganarse mi amistad. Y por algo que tampoco es moco de pavo: cuando me habló de que su hijo era escritor, no lo hizo para darse pote sino porque era palmario.

Por todo ello, a mí me corresponde recomendarles el libro, en fecha apropiada: ‘La Tierra dividida’ es el título de la novela escrita por Ramón Muñoz. Una maravillosa historia que nos sitúa en la frontera entre al-Ándalus y los primeros reinos cristianos. Según dice, Carlos Aurensanz, autor de ‘Banu Qasi. Los hijos de Casio’.
 

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