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OPINIÓN - JUEVES, 26 DE ABRIL DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

Periodismo de calle
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

El periodismo se hace en la calle. Hablando con la gente. Participando en corrillos. Criticando, debatiendo, haciendo preguntas como un Diógenes cualquiera. El periodismo de mesa y teléfono es un periodismo que está acabado. Pues se ha convertido en una especie de cambalache que adultera cuanto sucede.

El periodismo de mesa y teléfono, como ya he dicho, no deja de ser una manipulación en la cual se pierden tanto los dirigentes de las instituciones como los periodistas que se adentran en una senda que termina desembocando en callejones sin salidas. Salvo excepción. De modo que despierta escaso interés.

Recoger el sentir de la calle sólo está al alcance de quienes la transitan, la viven, y se dejan en el empeño dinero y, sobre todo, arriesgan con el intercambio de impresiones el que se les tome la matricula cambiada.

Quienes escribimos en periódicos, en mi caso, desde hace un montón de años, debemos procurar por todos los medios ser sagaces, agudos, valientes y hasta dar la impresión de que somos más libres de lo que nos permiten las circunstancias.

La opinión luce más, sin duda alguna, si es escrita por trotamundos y por quienes no tienen la menor duda en sacar a relucir muy mala intención cuando les tocan las narices. La columna ha de tener fuerza, convicción y ritmo. Y, sobre todo, la debe firmar alguien con quien los lectores puedan disentir en plaza pública. Lo cual suele suceder en provincias. Porque, desde hace muchos años, todo periódico de provincias tiene su columnista o columnistas, como Madrid o Barcelona, y su chiste político.

Decía Umbral, figura indiscutible de las seiscientas palabras, que la democracia a la española, más dialogante que ninguna, a veces demasiado, estaba viva en los periódicos gracias al columnismo, que incluso ha sido imitado por otros medios posteriores, como la radio y la televisión. Y, naturalmente, no se olvidó de decir que una verdadera columna sólo consta de letra impresa y mala leche.

En los tiempos que corren, donde la crisis económica está haciendo estragos en el personal, transitar la calle es cada vez más difícil. Tremendamente difícil. Se han acabado las alegrías y el personal anda tan receloso como propenso a darle rienda suelta a los malos humores que ha ido acumulando por mor de la precariedad económica que está padeciendo.

Ya no se trata de la pérdida de valores, sino de algo tan fundamental como es poder llegar a final de mes con los euros justos para no verse en inferioridad manifiesta. Sobre todo frente a quienes, por la cara, todavía reciben soldadas de mogollón. Tan grandes como para acordarse de todos los muertos de quienes hacen posible que semejante discriminación pueda producirse.

En la calle, créanme, uno queda enterado de lo que la gente piensa de los políticos en general y, naturalmente, de algunos en particular. Y hay momentos en los que a uno le gustaría contar esos pensamientos. De cabo a rabo. Sin dejarse nada en el tintero. Pero pronto se percata de que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

A pesar de todo lo dicho, sigo convencido de que el periodismo de calle es el mejor. Y, desde luego, vuelve a imponerse, si acaso alguna vez fue a menos, el contar historias cada día para distraer a unos lectores que están saturados e indignados de oír y leer los peores e interesados vaticinios.
 

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