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OPINIÓN - SÁBADO, 5 DE MAYO DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

Sobremesa interesante
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Hubo un tiempo en el cual la barra de la cafetería del Hotel La Muralla fue frecuentada por políticos y funcionarios, empresarios y periodistas, militares de graduación y ladrones de oído, amén de profesionales que venían a vender los productos que representaban. Algo parecido ocurrió en el Hotel Tryp, durante un espacio de tiempo menor, infinitamente menor.

En el Tryp, hasta hace pocos años, era casi de obligado cumplimiento para ciertas personas acudir a tomar el aperitivo en la cafetería. Aunque conviene aclarar, cuanto antes, que nunca las tertulias del Tryp tuvieron el grado de interés que tenían las organizadas en el establecimiento situado en la plaza de África. La más recoleta de todas las de Ceuta. Para el gusto de quien escribe.

Las tertulias del famoso ‘Rincón del Muralla’ jamás volverán a repetirse. Porque los tiempos que vivimos en nada se parecen a aquellos otros. Por más que los comienzos de los años ochenta se vieron también sacudidos por una crisis económica que venía de lejos; es decir, del año 1973, más o menos. Tampoco volverán a cobrar vida las del Tryp. Tertulias que, mientras duraron, a cualquier observador debió procurarle un mejor conocimiento de los demás. Un mejor conocimiento de políticos, empresarios, avispados medradores y correveidiles de poca monta.

Aquellas tertulias, a pesar de cotizar a la baja, le daban al establecimiento un aire festivo que no le venía nada mal. Pues la barra de la cafetería repleta de clientes le quitaba cierta severidad a una sala de estar cuya frialdad era, y es, evidente. A pesar de que los empleados del Tryp sean inmejorables en el trato con los clientes.

Fechas atrás, comiendo en el Tryp, con conocidos de fuera, surgió la conversación que hizo que me expresara en los términos ya reseñados. Y, claro, mis compañeros de mesa opinaron al respecto. Y lo hicieron con el conocimiento que han ido adquiriendo durante los años que llevan viniendo a la ciudad. Que son varios. Nada que objetar a los cambios que se han ido produciendo. Mejoras evidentes. Evidentes por su comodidad. No olvidemos que si una ciudad es incómoda o peligrosa, sus habitantes reflejarán en su carácter tales inconvenientes.

Luego, llegada la sobremesa, la conversación dio un giro. Se habló de los negocios. Y a mí me tocó mantenerme al margen de una actividad que apenas conozco, por más que hubiera un tiempo en el cual me dio por hacer mis pinitos. Eso sí, disfruté de lo lindo cuando a uno de los presentes se le ocurrió decir que no se metería en negocios legales ni por todo el oro del mundo.

Y, cuando se le pidió cuentas acerca del sarcasmo que acababa de exponer, aclaró que “En los negocios ocurre lo mismo que con la teoría darwinista: sólo los más fuertes sobreviven”. Y a partir de ahí, el debate quedó servido.

Pasaba el tiempo y la tertulia continuaba siendo interesante, muy interesante, sin que ninguno de los contertulios tuviera que echar mano del fútbol para decir eso tan manido de que yo no sé nada pero… Y luego tirarse una hora disertando sobre tácticas. Cuando habían hablado de negocios los que sabían, todos, menos yo, se me invitó a decir algo. Y con la venia de los maestros, cité de memoria, como es tan del agrado de Javier Arnáiz, arquitecto municipal: “La crueldad no es un requisito previo para tener éxito en los negocios: ser duro y desagradable es destructivo a la larga”.
 

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