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OPINIÓN - VIERNES, 11 DE MAYO DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

Recordando a Rosino
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Andrés Carrera, secretario general del Sindicato Unificado de Policía, ha tenido palabras elogiosas para José Luis Torres en su despedida como Jefe Superior de la Policía Nacional de Ceuta. Palabras que tienen su valor porque proceden de alguien que ha ganado fama de ser muy exigente con los mandos. Al menos, es lo que a mí se he me ha dicho siempre; pues yo jamás he cruzado palabra alguna con un sindicalista que lleva más de dos décadas ejerciendo sus funciones sindicales y laborales.

AC, aprovechando la despedida de Torres, también ha declarado que Antonio Rosino ha sido el mejor comisario que ha pasado por esta ciudad. Y si él lo dice, uno no tiene por qué ponerlo en duda. Aunque la mención de Rosino ha hecho posible que afloraran mis recuerdos de cuando el ministro Corcuera vino a inaugurar la Comisaría del Paseo de Colón. De aquel día, espléndido por el clima y por el buen ambiente que reinaba en el Hotel La Muralla, durante la copa de vino español que fue servida, lo que nunca he olvidado es la alegría que mostraba Rosino. Era una alegría desbocada. Quizá debida a la desinhibición provocada por varias copas de Fino Quinta; cuya frescura y sabor obraron el milagro de hacerle contar una historia que acabó causando tanta hilaridad como sorpresa.

Rosino formaba parte de un corrillo en el que estaba Elisa Beni, entonces directora del periódico decano, y Fernando Rodríguez -a quien le sigo profesando amistad-, entre otras personas, y, naturalmente, quien escribe. Lo relatado entonces por el mejor comisario que ha pasado por Ceuta, según ha dicho Carrera, nos hizo reír hasta límites insospechados. Cierto es que al día siguiente, cuando el comisario se percató de que bien podía haberse excedido, trató de negar lo que había pasado. Pero eso es ya harina de otro costal.

Viene al caso, pues, referir lo peligroso que resulta excederse en la bebida; sea en cualquier inauguración o acto de toma de posesión. Aunque actualmente, por la crisis económica, los actos oficiales carecen de ese vino español que incitan a los tímidos a largar lo que no se atreven cuando están en estado de sobriedad.

Cuando escribo (dos de la tarde del jueves en que los hinchas del Atlético de Madrid todavía siguen cantando bajo los efectos de los goles conseguidos por Falcao y Diego), aún no tengo noticias de cómo ha ido la toma de posesión del nuevo Jefe Superior de la Policía de Ceuta, Pedro Luis Mélida, en la Delegación del Gobierno y con la presencia del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

Aunque por ser conocido el ritual de tales actos, no es descabellado aventurar que quien ha salido, Torres, habrá manifestado que se marcha con la satisfacción del deber cumplido, habrá dado las gracias, proclamado lealtades y elogiado al sucesor. Quien lo ha echado –bueno, Torres presentó su dimisión- habrá expresado cuánto notará su ausencia, regalado ditirambos, y afirmado que se trata de un relevo. Por fin, el entrante, Mélida, con las gracias por delante, habrá proclamado lealtades y elogiado al antecesor. El trío se habrá abrazado, con enérgicas y rápidas palmadas en las espaldas, y las sonrisas al uso, bajo la mirada complaciente del ministro. Ceremonia preciosa. Como debe ser. Y todos tan amigos.
 

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