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OPINIÓN - DOMINGO, 27 DE MAYO DE 2012

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

¿Hasta otra?
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

Según informaciones recogidas de distintos medios escritos, la primera jornada de huelga conjunta de todos los niveles educativos, convocada hace unos días, no sólo no cumplió los objetivos que se habían fijado los convocantes sino, y esto es lo lamentable –que, además, estuvo marcada por un episodio de violencia grave, protagonizado por un grupo de “estudiantes” en Palma de Mallorca. Sobre la una de la tarde, una treintena de ellos asaltó el despacho del Consejero de Educación, Cultura y Universidades, encontrándose en esos momentos, el responsable fuera de las dependencias oficiales, atendiendo sus obligaciones en el Parlamento balear.

Con respecto a este hecho, la Policía calcula que unos 60 jóvenes lograron acceder a la fuerza a la Consejería y, una treintena de ellos ocuparon durante casi una hora las dependencias del gabinete de su máximo responsable.

Durante todo el tiempo se vivieron escenas de enorme tensión, hasta el punto de que la Jefe del Gabinete recibió golpes y empujones -imágenes nítidas ofrecidas por las distintas televisiones-. La Policía logró desalojarlos, procediendo a sus identificaciones y no a sus detenciones.

Lamentablemente, hecho no incluido en el guión, aunque antes la intervención de la Policía, los “asaltantes” ya habían dejado claro sus objetivos, asegurando que no se irían de la Consejería si el Gobierno balear no rectificaba los recortes.

Es “vox populi” las causas que motivan la huelga general en la enseñanza. Los Sindicatos y la Izquierda política, quisieron demostrar con la huelga de la enseñanza, la intensidad de la protesta ciudadana contra los recortes –ajustes dice el Gobierno del PP-

Y confiaban en que su campaña, que centraba el paro como una defensa ante el mayor ataque a la educación pública en la democracia, surtiera efectos cerrando colegios, institutos y universidades.

La valoración que se hace, en principio, no es nada positiva. La huelga general apenas se notó en la enseñanza Primaria; fue algo más seguida en Secundaria, mientras que fue imposible medirla en el mundo universitario porque muchos centros ya han finalizado las clases.

Conviene tener en cuenta lo que ocurrió en la huelga general de Marzo: las manifestaciones de la tarde estuvieron algo más concurridas. Y distintos medios informativos, piensan que, a pesar de la dureza del ajuste-recorte, los ciudadanos no se dejan arrastrar por consignas, y entienden que, hoy por hoy, ese es el único camino para salir de la crisis, aunque sería más aconsejable que el Sr. Ministro y sus asesores, pensaran que Educación y Sanidad, en estos momentos, como en otros, tendrían que ser intocables.

Bueno será tener en cuenta las manifestaciones del Sr. Ministro, que se comprometió, después de la jornada de huelga, a mantener una actitud de diálogo abierto y franco con toda la Comunidad Educativa, sobre la reforma de la enseñanza. Agradeció a la inmensa mayoría de los docentes, “su sentido de la responsabilidad y sus obligaciones para con los estudiantes” sobre todo con este final de curso, lo que no significaba que quienes sí han hecho huelga sean unos irresponsables, “porque la huelga es un derecho constitucional y tiene todo mi respeto”.

La huelga no paralizó la enseñanza, “desde Infantil hasta la Universidad”, como pretendían los Sindicatos que la convocaron. El Ministerio cifró el seguimiento en un 22,7%. Los Sindicatos convocantes elevaban la media de participación de la huelga al 80%, en el caso de la Universidades públicas, el 90%. (¿?).

Personas vinculadas al Ministerio piensan que la huelga no tiene ningún sentido, ya que la enseñanza iba mal antes y los Sindicatos no dijeron nada. Pero tiene valoraciones muy positivas, ya que muestran su “agradecimiento a los profesores porque entienden que la huelga ha fracasado”. Los alumnos de Primaria y 1º Ciclo de la ESO han seguido con normalidad sus clases (¿?). Claro que cada cual está en su derecho de manifestar las discrepancias, pero lo que no es razonable, ante la necesidad impuesta de ajustes presupuestarios, es manifestar y falsear datos, como han actuado los Sindicatos (Para hacer un acercamiento muy aproximado a la realidad, comentan los entendidos que habrá que hallar la media aritmética, que en este caso será de un 50%).

Pero, ¿qué vendrá detrás de todo lo ocurrido? ¿Habrá otra política educativa tras la jornada de huelga vivida? La respuesta del Ministerio es la siguiente: “Contra los ajustes impuestos por el presupuesto no se puede hacer nada. Nosotros hemos salvado las partidas esenciales, como las becas. Las Comunidades Autónomas son ahora las que tienen competencias para ajustar sus recursos. Ahí hay campo de maniobra”.

Por otra parte, llama la atención del Ministerio –siguen con la misma canción- que la enseñanza fuera tan mal en los gobiernos anteriores como ponen de manifiesto indicadores internacionales y los Sindicatos no dijeron nada. Y ahora, se lanzan a la calle. Y se muestran optimistas pese a todo lo que está cayendo: “A pesar de los recortes, tenemos margen para reformar y mejorar la educación”.

La huelga afectó a todas las Comunidades autónomas, excepto al País Vasco, Baleares y la Rioja, en las que los Sindicatos optaron por no convocar huelga en el sector, aunque si movilizaciones de protesta.

Para los representantes de los Sindicatos convocantes de la protesta, la jornada de ayer fue un éxito “rotundo” por lo que reclaman al Ministerio “negociación, diálogo y acuerdos frente a los recortes”. Y, concretamente, en Madrid, la tarde de ese día, hubo una manifestación en el centro de la Ciudad en la que a la cabeza se situaron dirigentes del PSOE y de IU.

Tocar el tema de la huelga en Educación es un tema muy delicado. Bien cierto que antes de llegar a esa situación se han agotado todas las vías de diálogo. Pero, según mi experiencia como docente, habría que pensar en los problemas que lleva consigo. Uno de los más importantes es dejar sin clase a los alumnos, en particular a los más pequeños. No me prodigué mucho en este tipo de protesta, pero la vivida en mi etapa en el curso 93-94 me sirvió de dura experiencia. Quiero recordar que fue durante un tiempo de dieciocho días, de forma intermitente, nuestros alumnos, dejaron de existir a clase. ¡Claro que, después nos obligaron a recuperar esos días, y, por supuesto, las consiguientes deducciones!
 

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