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OPINIÓN - JUEVES, 21 DE JUNIO DE 2012

 
OPINIÓN

El tiempo se acaba y el poder de reacción, también

Por Juan Merino


Durante varios días hemos comprobado cómo cientos de persona han estampado su firma y se han acreditado para suscribir su apoyo a la A.D. Ceuta. Personas con nombre y apellidos y carnet de identidad, ciudadanos de todos los estratos sociales, ceutíes de pro que pagan sus impuestos, han querido mostrar su apoyo a la no desaparición del primer equipo de la ciudad. La iniciativa, surgida de la Asamblea de socios y aficionados, se ha materializado en la fórmula que viabiliza el sentimiento y lo traduce al respaldo con soporte documental. No hay anonimato. Tampoco fanatismo. Simplemente, es el sentimiento de una afición predispuesta a respaldar una postura: evitar la desaparición de la A.D. Ceuta por la indiferencia política.

Los actuales rectores del club, conscientes de que la situación económica es difícil, que ha obligado a “recortes” de sueldos de funcionarios y a ceses de asesores, de la puesta en marcha del Plan de Ajuste y Sostenibilidad, no caen en la insensatez de pedir “más dinero público” para la A.D. Ceuta, como algún malintencionado ha podido propalar con más demagogia que veracidad.

Se trata de requerir, de la Ciudad Autónoma de Ceuta y de su Gobierno, el apoyo para que las numerosas empresas privadas de los más variados sectores que vienen trabajando obra pública, se impliquen -como hicieron otros años-, en la medida que sea posible, para apoyar económicamente un sentimiento deportivo que va más allá de quien o quienes estén al frente del club. No se pide un imposible. Otras veces se ha hecho y si ahora no se da el paso, sencillamente hay que entender que la inhibición es el presagio de facilitar un deterioro que sólo conlleva a la desaparición del club.

Desde la A.D. Ceuta se cuenta con la necesidad de confeccionar un Presupuesto ajustado, acorde a la circunstancias del momento y a la realidad social y económica del país. Otra cosa sería irresponsable, insensato y de lunáticos. Ahora bien, la austeridad, el ajustarse el cinturón, no está reñido con apoyar indirectamente desde el Gobierno, facilitando fórmulas al márgen del desembolso directo vía subvención, aunque en este capítulo habría mucho que hablar: desde los compromisos verbales, no escritos como se dijo, hasta los desvíos de cantidades públicas desde la A.D. Ceuta a la Federación de Fútbol de Ceuta o a los encargos en exclusividad de viajes institucionales de todo tipo a la misma agencia de viajes.

El apoyo de empresas privadas que trabajan en Ceuta con presupuestos millonarios no es un imposible si aportan su granito de arena.

Los años de gloria que ha dado la A.D. Ceuta con el FC Barcelona, el Málaga, el Mallorca y otros equipos de Primera División, con sus repercusiones mediáticas a gran nivel y la promoción turística y de imágen de la Ciudad, no pueden ni deben caer en saco roto. Además, todos los ceutíes, aficionados o no al fútbol que han ido desfilando por la mesa de firmas, vienen a demostrar que la A.D. Ceuta no está sola y que hay ceutíes, votantes de partidos políticos, contribuyentes en suma, que pagan sus impuestos tantos como los que dicen que no quieren que se subvencione un equipo de fútbol profesional con los suyos, que están ahí, que se dejan sentir, con nombre y apellidos, perfectamente identificados e identificables. Una marea de apoyo al primer equipo de la ciudad que no entiende de personalismos y sí de sentimientos.

Si echamos una vista al concierto futbolístico nacional, no hay ciudad que se precie que no cuente con un equipo representativo en categoría nacional. La hermana Ciudad de Melilla nos da un ejemplo palpable: equiparable a Ceuta en tantas cosas, con la que “vamos de la mano” a tantas iniciativas y, se pretende convertir al fútbol profesional en la excepción de la regla.

No se entiende ni se puede entender que el único punto de divergencia entre Ceuta y Melilla sea el primer equipo de ambas ciudades. Algo no parece razonable: allí sí hay un presupuesto altísimo y aquí no, allí sí quieren fútbol profesional y ¿aquí no?

Entendemos que, si los fondos públicos son imposibles, el Ejecutivo sí debiera tutelar el apoyo de empresas privadas que invierten en Ceuta, para hacer viable que compita en Segunda B un equipo que siempre ha sido uno de los “cocos” de la categoría y que, en no pocas ocasiones, estuvo a punto de dar el salto a superior categoría.

Por ello, salvemos a la A.D. Ceuta. Búsquense fórmulas que antes del 30 de junio, es decir, de aquí a la próxima semana, se viabilice una posibilidad de subsistencia. Otra cosa sería el aniquilamiento de un sentimiento que suscriben cientos de ceutíes: con nombre y apellidos. Un colectivo que también paga impuestos. Gente que vive aqui y que luego, llegadas las elecciones votan. No se olvide. Y se podría dar el caso que si se les desoye a ellos ahora, luego también pueden desoir a quienes les pidan su voto.

Traducido al lenguaje popular y dicho en castizo: donde las dan, las toman.
 

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