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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 27 DE JUNIO DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

Yolanda Bel
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Tres de la tarde. La copla española suena en la radio. Espigas y amapolas es el título de la canción que canta Manolo Escobar. Me sabe a gloria cuando escucho atentamente el “Cariño, cariño mío, no hagas caso de la gente, que es más chiquitito el río, que es más chiquitito el río, que el rumor de la corriente”. Un estribillo que me pone en condiciones de recordar.

Y los primeros recuerdos son para una entrevista que le hice a Yolanda Bel. A la cual, entre otras muchas preguntas le hice la siguiente: “¿Usted canta bien?”. “Eso dicen”. “¿Qué género se le da mejor?”. “Me pirro por la copla”. “¿Cuáles son sus artistas preferidas de la copla?”. “Me gustan las clásicas: Concha Piquer, Juanita Reina, Marifé de Triana, Rocío Jurado… Aunque mi predilecta es Isabel Pantoja. Isabel me gusta mucho… como artista. Y fuera de la copla era Rocío Durcal, sin duda, mi preferida”.

A Yolanda Bel, mujer que tiene garabato, me atrevo a pedirle que cante en público. Lo cual sería un éxito rotundo en todos los sentidos. Y que el dinero conseguido con el espectáculo se distribuya entre las personas más necesitadas. Ahí es nada poder asistir a una gala en la que la consejera de Presidencia, Gobernación y Empleo, nos deleitara con su arte.

Con ese arte que tuvo cuando fue portavoz del Gobierno. A pesar de que yo le dije varias veces que haría muy bien en dejar ese cargo que la estaba quemando más que la pipa de un indio. Y lo dejó. Lo que no quiere decir que me hiciera caso. Líbreme Dios de adjudicarme logros para los que no estoy capacitado.

No obstante, debo reconocer que, nada más dejar YB la portavocía, la eché de menos. Puesto que su presencia en el estrado, al margen de que luego contara el cuento del alfajor, me hacía devorarla con la vista. Mirarla detenidamente. Recrearme en la suerte de su figura y acabar convencido de que la consejera valía un Potosí. Expresión que recibía, según me contó ella, cuantas veces abría la boca para mostrar su arte. El arte de cantar la copla en la intimidad.

Yolanda Bel, que nos ha caído siempre la mar de bien, parece ser que lleva un tiempo sin querer ponerse al teléfono cuando la llaman los periodistas de este medio con el fin de que cuente cuestiones relacionadas con su consejería. Cuando antes, es decir, hasta hace nada, daba muestras de ser la alegría de la huerta en cuanto se la reclamaba. Y, claro, semejante cambio nos ha llenado de zozobra. Hasta el punto de que no dejamos de preguntarnos en qué habremos fallado para que tan destacada consejera no sea la de antes. Aquella mujer dispuesta siempre a pegar la hebra con el personal de este periódico. Un periódico donde se le ha respetado muchísimo.

Pues bien, a Yolanda Bel, consejera de Presidencia, Gobernación y Empleo, creo conveniente decirle que tener un amigo periodista es tan conveniente como necesario. No vaya a ser, dado los tiempos que corren, tempestuosos en todos los sentidos, que, ante cualquier contratiempo callejero, se vea más sola que la una. Lo cual sería muy perjudicial para su carrera política.

Resumiendo: estimada YB, que estamos deseando, como ha sido costumbre suya, que vuelva a poner su caletre al servicio de lo práctico, del sentido común y del buen entendimiento con una Casa que siempre la trató como usted merecía. No vaya a ser, créame, que nos necesite y no podamos atenderla. Ah, cante, por favor…
 

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