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sociedad - MARTES, 31 DE JULIO DE 2012


Abdelaziz, Abubake y Salim. C.R..

reportaje / religion
 

Mi primer Ramadán

Varios jóvenes ceutíes nos cuentan cómo se vive la primera experiencia
del mes sagrado del ayuno, una práctica que acogen con toda naturalidad,
y sin perder la sonrisa
 

CEUTA
Cristina Rojo

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Salim, Zinedin y Abdelaziz juegan como cualquier tarde en la barriada del Ferrocarril. Algo de fúbtol, bromas entre ellos y poco más, una jornada de verano a la sombra en este caluroso mes de julio sazonado por una pegajosa brisa de Levante. Desde hace algo más de diez días, el verano es algo diferente para ellos.

A sus once, trece y diez años, estos chicos están aprendiendo lo que significa el Ramadán en la vida de un musulmán. Uno de tres se ha iniciado en el ayuno por primera vez, aunque todos hablan de esta festividad como algo conocido, interiorizado, al que no se le pone pegas ni admite mucha discusión.

“Yo lo hago un día sí y un día no”, dice Salim, a quien ha introducido en la tradición su madre y que afirma entender el significado de este mes sagrado, aunque dice no saber explicarlo con palabras.

Así es como se inician en el Ramadán muchos de los musulmanes más jóvenes, según explican ellos mismos, haciendo pequeñas ‘pruebas de un día o dos’, hasta que con unos trece o catorce años ya practican el mes del ayuno por completo, y de manera independiente.

En cualquier caso, estos pequeños conocen la tradición “desde chicos”, y saben que el mes de Ramadán significa algo más que no comer o no beber durante el día. “No insultar, ni pelear”, dice Zinedin, que ya cumple con el Ramadán por completo desde hace tres años, “ni gritar”, añade otro a su espalda. Mientras explican lo que significa aparece Abubake, que con 11 años lleva tres días completos de ayuno este Ramadán y todavía lo encuentra “un poco difícil”.

Abdelaziz, el más pequeño de los tres, sabe perfectamente que “tampoco se puede comer aunque no te vea nadie”.

¿Qué hacen con sus instintos estos pequeños cuando el calor aprieta o el hambre atenaza? “Lo peor es la sed”, asienten todos. “Sobre todo después de jugar al fútbol, pero me aguanto y ya está”, cuenta uno de ellos con naturalidad. “¿Sabes qué hago cuanto tengo mucha habre o mucha sed y no me aguanto? Pues me duermo y se me pasa todo”, explica.

“El ayuno hace así al musulmán disciplinado y tenaz. Le enseña a ser flexible y adaptable en sus hábitos, a ser capaz de soportar las dificultades y a saber apreciar los dones que Dios le otorga y de los que disfruta normalmente”, explica sobre el significado del Ramadán un artículo divulgativo de ‘Webislam’, el portal islámico de referencia en lengua española, fundado a través del Centro de Dociumentación y Publicaciones de la Junta Islámica de España, y cuya argumentación sirve para dar valor al coraje con que los más pequeños afrontan el ayuno.

Ya durante la tarde o la noche llega “lo bueno”, un buen banquete y poder salir por la noche “sin hora”. Eso es lo que, por el momento, más les gusta a estos jóvenes del Ferrocarril, a quienes el Ramadán no cambia la sonrisa ni las ganas de jugar.
 


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