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OPINIÓN - VIERNES, 3 DE AGOSTO DE 2012

 
OPINIÓN / ANALISIS

La luna de agosto llega con el Raksha Bandhan

Por Nuria de Madariaga


Si afirmo que cualquier celebración hindú es puro deleite para los sentidos por su deslumbrante belleza, con el añadido del goce espiritual que conlleva, no hago más que manifestar algo evidente. El hinduísmo es sin lugar a dudas un compendio de misticismo, sublimación de las expresiones artísticas (cada escena de cada rito es en sí una obra de arte) y profunda espiritualidad.

Es conjunción de factores y precisamente ayer, con la majestuosa luna llena de agosto se celebró lo que en hindi es Raksha Bandhan y en castellano “Lazos de protección” en las que la hermana ata a la muñeca de su hermano un lazo o rakhi a modo de petición de protección y el hermano se compromete de cuidar de ella. El amor puro entre hermanos se convierte así en objeto de festividad, en exaltación de la mitología y de los arquetipos, en guiño de complicidad hacia Indra, el rey de los dioses y su fiel Sachi atando un hilo alrededor de la muñeca de su esposo para garantizarle la victoria frente al demonio Vritra. ¿Y quien puede arrebatarle el legado y el patrimonio cultural de sus preciosas tradiciones a los practicantes del hinduismo? Afortunados ellos que viven unas creencias tan dúctiles y afortunadas ellas que son tratadas como diosas y como hadas, cuando en otras religiones las mujeres no son precisamente objeto de un tratamiento tan sensible. ¿Existe en algún rito el recuerdo de una Draupadi capaz de coger un hilo de seda de su sari para atarlo en la muñeca de Krisna para detener la hemorragia porque estaba herido?.

Sí que tenemos en nuestro judeocristianismo santas mujeres, monjas guerreras y a Juana de Arco sobre el caballo y con la armadura, tenemos a Hildegarda de Bingen, poetisa esotérica, tenemos... A la Madre, a María la judía, pero todas ellas viven tragedias, dolor, privaciones, un auténtico calvario hasta llegar a la Gloria Eterna.

La nuestra es una religión dura y guerrera, la hindú es una religión en la que hoy hermanos y hermanas se alimentarán con dulces ¿Y saben mi reflexión? Pues que me gustaría viajar en el tiempo y llegar a Israel para ir en busca de María de Nazareth y que fuera la jornada anterior a la entrada triunfal de Jesús en Jerusalen al grito de “¡Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor!” y como antes del viaje hacia el pasado yo habría tenido la precaución de pedir prestado un maravilloso sari a Soni, la preciosa esposa de Suresh Danwani, le llevaría la prenda a María, para que al menos una vez en su vida se olvidara de la tosquedad del manto y de la túnica y se vistiera con un sari de seda, delicado como el ala de una mariposa, seda con los bordes brocados y cuajada de perlas ¿Y cómo iba a estar de guapa la Virgen? ¿Y cómo se iba a quedar el Hijo al ver a su madre tras el cortejo ataviada como la Reina que iba a ser? ¿Y qué diría Jesús?

Pues diría en arameo “¡No veas mi madre, lo preciosa que está!” Y se sentiría feliz de ver a su Madre tan guapa y además la Virgen repartiría hilos-rakhis entre apóstoles, discípulos y santas mujeres, para que los intercambiaran porque, ante el buen Dios, todos los hombres y mujeres somos hermanos y nuestra primera obligación es amar al prójimo como a nosotros mismos. Pero eso no se manifiesta en bellos hilos adornados ni en comer dulces en señal de hermandad, porque nosotros construimos las grandes catedrales y las inmensas obras de pintura y escultura que son el orgullo de la Humanidad, pero luego fallamos en lo pequeño y hermoso como el rakhi, así que espero que algún amigo hindú me ofrezca uno. Y también los dulces.
 

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