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OPINIÓN - LUNES, 13 DE AGOSTO DE 2012

 

OPINIÓN / ALGO MÁS QUE PALABRAS

El mundo vive en una manipulación perversa
 


Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
 

Vivimos un momento tremendo, donde siempre hay alguien que te dice lo que debes hacer, que quiere dirigirte de forma interesada, propagando la falsedad muy sutilmente, hasta convertirla en algo cotidiano. Sin duda, una de las grandes crisis actuales es la de vivir bajo una manipulación perversa, descarada a más no poder, que se mete en todo y en todos, y que no te deja tiempo para entender el sentido de las cosas. Se tergiversa con una facilidad pasmosa la realidad y los nombres, los acontecimientos y hasta nuestra misma historia. Nos hacen ver lo que no existe y lo que existe no lo vemos. Los dirigentes del mundo son expertos en la creación de la mentira, en silenciar lo cierto, en taparse unos a otros, en esconderse en la mediocridad. Hay ciudadanos cuya conducta es una ficción permanente. En el fondo, la crisis del euro, lo que refleja es la frustración de una política carente de autenticidad europeísta. Y, desde luego, mientras los gobiernos no sean claros con lo que están haciendo, los fundamentos democráticos, no será más que un sueño de lo que pudo haber sido y no fue.

Los pueblos siempre tienen la palabra y la verdad sólo tiene un camino. Es hora de cambiar actitudes. Hay que reconocer que somos una generación de manipuladores como jamás se ha visto en el planeta, fruto de una cultura encandilada al poder, en lugar de una cultura libre y rigurosa, en función del interés humano que es lo que debería divulgarse. Con gran facilidad se distorsionan los hechos, se hacen creer cosas que no son, modelando un ambiente cada día más manejable, puesto que no se permite a la gente pensar, ni mucho menos decir lo que piensa. Todo se supedita a lo políticamente correcto. Se olvida que no puede haber desarrollo sin personas que se pongan de verdad como servidores sociales. Para ello, precisamos tanto de la preparación profesional de la persona como de su coherencia ética. Aquellos dirigentes a los que no les importa distanciarse de la verdad, que no tienen voluntad de ser auténticos, los pueblos tienen que rechazarlos porque el daño será grande.

Soy consciente de la pérdida de sentido humano y de tantas desviaciones que nos vuelven salvajes, en parte por esta manipulación perversa de una vida mal entendida. De aquí, la necesidad de unir no sólo la humanidad con la verdad, sino también en el sentido inverso y complementario de verdad y humanidad. Se ha de buscar la certeza en cualquier contexto, más allá de las simples opiniones y de las sensaciones subjetivas que nos injertemos, para llegar más allá de la corrección política. Sin confianza y amor por lo verdadero, no es posible suscitar espíritus solidarios, todo queda a merced de intereses contrarios a esta progresiva y expansiva globalización. Conviene recordar, por consiguiente, que no puede haber convivencia pacífica en un universo plural si se desautoriza el impulso constructor de la tolerancia y, sin embargo, se autoriza el impulso destructor de la manipulación.

Todos somos ciudadanos del mundo con derecho a la verdad como exigencia natural y desarrollo del instinto propio de la inteligencia. Por desgracia, de un tiempo a esta parte, todo se ha impregnado de farsas, con justificaciones que desprecian el sentido humano de las cosas. No podemos seguir instalados en la duda, en la sospecha, se debe avivar la autocrítica, el esfuerzo por la búsqueda y la decisión de proponer la verdad como lenguaje de conocimiento universal. Hoy el mentiroso es el gran triunfador de ideas, contrariamente a lo que sucedía en el pasado, que si una persona del poder se le descubría en una afirmación falsa o en un mal ejemplo de conducta, se le apartaba de cargos públicos porque ya no se le creía más y tampoco se le veía como referente. Para dolor del mundo, son multitud los dirigentes que a diario actúan de manera irresponsable, que suplantan la verdad y que promueven falsos valores humanos con el pretexto de servir, y lo que hacen es servirse para sí y los suyos de todo lo necesario y también de lo superfluo, incluso más allá de su propia vida.

Compartimos, pues, la alegría de tantos luchadores que anhelan una sociedad respetuosa, auténticamente solidaria, que huyen de la apariencia, que no saben hablar de otro modo nada más que con la verdad, que se afanan por la exploración de la realidad y sus circunstancias. Por eso, nunca podremos estar de acuerdo con las maneras inicuas que destruyen o degradan vidas humanas. De ahí, que aplaudamos, en un momento de tantas manipulaciones perversas y sometimientos injustos, la indispensable función de la verdad en la defensa de los derechos humanos. Sería la mejor noticia, progresar con la evidencia del desarme, con la comprobación de los países democráticos, con la demostración de donación a los demás a cambio de nada, sin la doble moral que muchas veces invade nuestros espacios. Al fin y al cabo, la verdad es un sinónimo del amor y, como el amor, tampoco puede eclipsare. Pasión que, cuando lo es, te cambia la vida; pero cuando no lo es, o se va con malas intenciones, también es una puñalada en la salud del colectivo humano.
 

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