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sociedad - DOMINGO, 19 DE AGOSTO DE 2012


ciudad de ceuta. archivo.

REPORTAJE / GEOESTRATEGIA
 

Ceuta y Melilla: siglo XX

Las dos ciudades españolas en el norte de África, claves en la redefinición de las relaciones hispano-marroquíes a finales del siglo XX, desde una perspectiva geoestratégica
 

CEUTA
El Pueblo

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Un estudio titulado ‘La redefinición geoestratégica española en el marco de la OTAN: las relaciones hispanomarroquíes en el Mediterráneo Sur a fines del siglo XX’, realizado por David Pérez Fernández y José Luis García Hernando, de la Universidad de Valladolid, pone de relieve la importancia que Ceuta y Melilla tuvieron en las últimas décadas del siglo pasado en la definición de nuevas estrategias.

Según los expertos, desde tiempos muy antiguos, el Mediterráneo en su vertiente sur “ha sido foco de innumerables tensiones y conflictos entre sus dos orillas. Esta realidad, es más palpable a día de hoy, ya que la zona nos muestra dos realidades bien diferentes, un primer mundo y un tercer mundo, de los que España y Marruecos son sus representantes en el área. La estrecha franja de mar que separa estos dos países y sus territorios adyacentes, es una de las fronteras que más preocupan a la Alianza Atlántica”, indicaban en el estudio.

Centrándose en la situación en los años 80, escribían que “para la defensa y control de esta área, España se apoya en la OTAN y la UE, las cuales actualmente son las más importantes a nivel mundial en cuanto a poder militar y económico, facetas en las que el Mediterráneo reviste gran importancia para nuestro país”.

Apuntaban los expertos que para estas dos organizaciones, Marruecos es un socio de primer orden tanto a nivel estratégico (OTAN), como económico (UE). En una parte del mundo como es el Magreb, de gran inestabilidad y permanentes conflictos.

La entrada de España en la Alianza Atlántica, data de 1982, desde la misma incorporación de España en la OTAN, se vio que no iba a disfrutar para sus territorios norteafricanos del mismo status que esta otorgó a los departamentos franceses de Argelia en virtud del artículo V de su tratado fundacional. Estos territorios norteafricanos, desprovistos tanto antes como ahora de una defensa efectiva por parte de la organización atlántica serían Ceuta, Melilla, las islas Chafarinas, las islas Alhucemas y el peñón de Velez de la Gomera.

Territorios que Marruecos ha reclamado como suyos desde su independencia en 1956. La vinculación española con la OTAN data del año 1953, fecha de la firma de los pactos de Madrid entre Franco y el presidente norteamericano Eisenhower, en plena Guerra Fría. Las relaciones con esta organización, preveían la protección del denominado “flanco sur” de la OTAN contra posibles actuaciones o una amenaza soviética en plena Guerra Fría.

Concretamente, la vital ruta marítima que atraviesa el estrecho de Gibraltar, vía de paso de innumerables barcos de todo tipo y sobre todo superpetroleros que debían abastecer de crudo a Europa. Pese a entrar a formar parte del entramado atlántico, se seguían sin cubrir defensivamente las plazas españolas del norte de África. Tal situación, pudo haber creado un grave problema para los intereses españoles de haber fructificado el acuerdo de Unión Libio-Marroquí o

Tratado de Uxda en 1984. Ante la referida unión, las fuerzas armadas españolas quedaban en neta inferioridad numérica y material ante la conjunción libio-marroquí. Hay que destacar que la amenaza quedó deshecha tras los ataques que soportaron las ciudades libias de Trípoli y Bengasi en 1986, tras los cuales el régimen libio quedó aislado internacionalmente.

La situación de Ceuta y Melilla tras los anteriores acontecimientos, quedó otra vez en punto muerto, pese a la importancia geoestratégica de las mismas no sólo para España. A este respecto ya se pronunció en 1985 el comandante en jefe de las fuerzas aliadas en el sur de Europa, William Small, declarando que el status de Ceuta y Melilla debía ser clarificado como cuestión política en Bruselas, sede del cuartel general de la Alianza en Europa1. La cuestión siguió en punto muerto durante los años 80 y 90, debido sobre todo a la indiferencia de algunos miembros de la organización y la resistencia de otros, que vieron las plazas como enclaves coloniales, sobre todo Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña.

La situación geoestratégica del Mediterráneo sur, iba a cambiar a comienzos de los años noventa, a consecuencia de sucesos que afectarían al mundo de manera global. Tales acontecimientos, serían la desintegración de la URSS y la consiguiente pérdida de hegemonía a nivel mundial. Tales acontecimientos, serían la desintegración de la URSS y la consiguiente pérdida de hegemonía a nivel mundial. En la cumbre de la OTAN celebrada en Roma en 1991, se trató este asunto y se adoptó un “Nuevo Concepto Estratégico”, donde el peligro ya no era la extinta Unión Soviética, sino peligros de una naturaleza más amplia. Entre estos peligros cabía destacar las armas de destrucción masiva, la ruptura de aprovisionamientos de recursos vitales, y los actos de terrorismo y sabotaje que pudieran afectar a la seguridad de la Alianza. Antes de finalizar el primer lustro de los años noventa, España se dotó de un nuevo discurso defensivo, reflejado en el Nuevo Concepto Estratégico, aprobado en enero de 1994. Este documento era de crucial importancia pues preparaba el desarrollo del nuevo Plan Estratégico Conjunto, que sustituiría al anterior ya desfasado. El Nuevo Concepto, se definía como prioritariamente defensivo en caso de amenaza al territorio español o al de la UEO y,cómo no, a cualquier territorio de la OTAN. De este modo, se revalorizaba la posición estratégica española como miembro de la Alianza Atlántica.
 

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