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OPINIÓN - LUNES, 3 DE SEPTIEMBRE DE 2012

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

Recuerdos de su colegio
 


Andrés Gómez Fernández
andresgomez@elpueblodeceuta.com

 

En estos días nos ha visitado Sohora Kaddur, antigua alumna del “Convoy de la Victoria”, hoy “Santiago Ramón y Cajal”. Ha sentido la necesidad de contactar con antiguos compañeros de su etapa como alumna. Con ellos no ha tenido muchas dificultades; pero con los maestros, sí. Unos porque ya han desaparecido, como el entrañable y querido D. Miguel y otros. Yo he tenido la fortuna de atenderla en esos deseos fervientes de conocer ese “después” de su Colegio.

En su obligada visita al Colegio, no parece el mismo. La entrada, los pasillos, las aulas… ya no son iguales, dando la sensación de que es otro centro distinto. Ya no queda apenas maestros y maestras de su época. Sólo D. Pepita, que ya está a punto de jubilarse. Todo un símbolo del que fue su Colegio.

Es frecuente que, pasados muchos años, cuando se deja el Colegio, generalmente vividos con intensidad, que el recuerdo de esos años estén presentes en nuestras vidas. Directores, maestros, personal auxiliar, porteros, limpiadoras… ocupan nuestra mente. En especial cuando, por cuestiones de traslados, por asuntos personales, laborales… nuestra ausencia se ha alargado más de la cuenta…

La lectura de nuestro libro, con amplia participación de alumnos y alumnas de aquellos momentos de convivencia, nos llena de nostalgia. Lamentablemente, Sohora no participó. No le llegó la noticia de su proyecto. Pero su lectura le trasladará a unos momentos de emocionante nostalgia. En ese nuestro libro, “Un antes y un después”, seguro que se emocionará cuando lea estos párrafos escrito por una alumna vinculada familiarmente: “Estudiar en Convoy era garantía de éxito.

Fue una etapa llena de gratísimos recuerdos. Para nosotros los “Kaddur” era como encontrarnos en nuestra casa. Junto a mí, estudiamos todos mis hermanos y varios primos. Conservo grandes amistades, conseguida en el Centro de mis recuerdos…”.

En aquellos años, en los centros educativos, en la mayoría de los casos, no se disponían de los recursos didácticos que, para apoyar cualquier exposición, se necesitaba. Él era el caso concreto de las Áreas de Experiencia, Física y Química, donde cualquier intento de montar un laboratorio no era posible.

El material, si se recibirá, se distribuía entre las aulas de los cursos superiores. Cuando, por ejemplo, se necesitaba un microscopio, el maestro se tenía que dirigir al aula del maestro que lo custodiaba… En cualquier otro lugar corría el riesgo de que el “vandalismo” que existía en la zona lo hicieran desaparecer.

Viene al caso la anterior exposición, por la anécdota que refiere Sohora: “La experiencia necesitaba de la utilización de un encendedor o una caja de cerilla. Se dispuso de este último “artilugio”, ya que como no fumador no los tenía a mi alcance.

Pero no me preocupé, ya que uno de los alumnos se prestó a que utilizáramos una caja que él disponía. Puesto en marcha la experiencia, por supuesto que no cabía la posibilidad que ésta no se llevara a cabo. Pero, ¡oh, sorpresa! ¡Se trataba de una cerilla explosiva! Claro que la confusión reinó en todos los rincones del aula. ¡Y el susto para aquellos que no estábamos al tanto de la broma! A continuación, después de los momentos de confusión, se recobró la normalidad, todos reíamos, y no hubo que lamentar “desgracias” personales.

Nuestra ilustre visitante, actualmente residente en Valencia, donde regenta un salón de Peluquería, suele visitar su ciudad natal siempre que sus obligaciones se los permiten.

Hablando de su colegio. Los recuerdos se agrupan en su mente de forma desordenada; pero surge el tema tan traído y llevado de los chicos con las chicas, o separación por sexos. En su etapa, ya con la EGB, se formaron las agrupaciones de chicos y chicas, y no pasó nada. La convivencia se realizaba con normalidad. Y recuerda el enorme muro que separaba los patios de los recreos. Los chicos con chicos y las chicas con las chicas. Pero llegó un día que se produjo cierto revuelo en los patios con entrada de herramientas apropiadas para su derribo. Hubo que poner orden y alejarlos del lugar. Parece ser que el muro estaba hecho a conciencia porque los obreros, pese a utilizarlas, no lograron derribarlo en una jornada. Tardaron varias, con los apylausos de los asistentes, que mientras duraba el tiempo dedicado a ese espacio de relajación, fueron testigos de la eliminación de ese obstáculo que impedía que los niños y las niñas compartieran juntos el tiempo de recreo. Para Sohora, fue calificado como el gran momento de la “liberación”.

Sohora no consiguió el Graduado. Le faltó una asignatura. Pero encontrándose en Madrid con su hermano, lo consiguió; no cruzándose de brazos, sino con la inquietud que le caracteriza, estudió lo que sin duda es su gran vocación: Peluquería y Estética. Conseguidos los títulos correspondientes, decide montar su propia empresa, un moderno local dedicado a su especialidad, que según su propia confesión le es altamente rentable, y está situado en una céntrica vía de Valencia.

Sus continuos estudios les hacen mejorar en su profesión, estando al día en los avances que producen en el mundo de la belleza.

Y algo que le hace conseguir aquello que se propone: su gran voluntad por la superación. Tiene proyectado acceder al curso de mayores para, posteriormente pasar a la Universidad.

Desde esta página le damos ánimos para conseguir que todos sus proyectos se conviertan en realidad.
 

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