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OPINIÓN - LUNES, 3 DE SEPTIEMBRE DE 2012

 
OPINIÓN / EFÉMERIDES PARA LA HISTORIA

La batalla de Accio

Por JAUMA


1. INTRODUCCIÓN

2 de Septiembre del año 31 a.C., el final de la republica romana está llegando, comienza el Imperio y con él una nueva forma de gobernar, de imponer la autoridad de Roma, pero primero es necesario acabar con las luchas intestinas de poder.

Marco Antonio y Octavio, deudores ambos de Cayo Julio César, aliados primero y enemigos después, solo hay sitio para uno.

2. LOS ANTECEDENTES

Desaparecida la figura de Julio César y eliminados sus asesinos por Octavio y Marco Antonio, llega la hora de repartirse las provincias bajo dominación romana, para ello se constituye el Segundo Triunvirato, con Lépido, general de los ejércitos de César, como tercer socio.

África queda para Lépido, la parte occidental del Mediterráneo se la adjudica Octavio, legítimo heredero de Julio César , la parte oriental, por último, se la adjudica Marco Antonio.

Tras la distribución territorial, ninguno quedo contento y se dedicaron a dos tareas básicas, una consolidar su poder y otra socavar el de los otros.

Marco Antonio se asienta en Alejandría donde junto a Cleopatra dedica estos años a una vida de lujo y placer.

3. EL ESCENARIO

El golfo de Ambracia es el lugar en que quedaron atrapadas las naves de Marco Antonio, frente a él Marco Antonio aguardaba el encuentro definitivo.

4. LOS PROTAGONISTAS

- Cayo Julio César Octavio Augusto:

Nacido en Roma el 23 de Septiembre del año 63 a.C., murió en Nola el 19 de Agosto del año 14 d.c. es, por derecho propio, el primer y más importante emperador romano, conocido como Octavio, mantuvo la ilusión de la República, mediante la continuidad de sus instituciones, pero su gobierno fue autocrático y durante los más de 40 años que reinó, se dedicó con éxito a consolidar el nuevo modelo del régimen, procurando además, acabar con las guerras civiles, inaugurando una nueva era de prosperidad calificada como Pax Romana.

Con su nuevo poder y una enorme fortuna, se dedicó con ahínco a perseguir a los asesinos de Cesar, asociado con Marco Antonio, empeñados ambos en la misma labor.

Su inexperiencia militar y su juventud la compensó con su fiel amigo y general Agripa.

- Marco Antonio:

acido en Roma, 14 de Enero del año 83 a.C., murió en Alejandría el 1 de Agosto del año 30 a.C. Era familiar lejano de César y uno de sus colaboradores más estrechos, ambos abordaron con éxito las campañas de las Galias, demostrando talento y valor como comandante de la caballería. Su lealtad se demostró inquebrantable a Julio Cesar.

Cuando este fue nombrado Dictador, Marco Antonio fue aupado a Magister Equitum, ejerciendo como lugarteniente de César, quedando en la capital mientras su mentor acababa con los últimos reductos de resistencia pompeyana.

Cuando desapareció la figura de Julio César, él se consideró su legitimo sucesor, por lo que al comprobar que no era su heredero sufrió un duro golpe, máxime cuando el elegido era un joven sin experiencia y desconocido.

La disolución del Segundo Triunvirato el 33 a.C., fue el principio de una nueva guerra civil que los enfrentaría por el poder absoluto.

La batalla de Accio fue el principio de su fin y de su aliada y amante Cleopatra.

5. LAS ARMAS

Estamos ante una batalla naval de la antiguedad, donde las embarcaciones son el arma de guerra por excelencia.

El tipo de embarcación militar que dominaba el mediterráneo era la galera, se clasificaban en función del número de filas de hombres que tuviesen en cada lado, y no como comúnmente parece entenderse, referida al número de remos. La mayor y más pesada era la quinquerreme, que poseía cinco, aunque también existían birremes, trirremes y cuatrirremes, que tenían dos, tres y cuatro filas de remeros, respectivamente. En general estas filas se disponían en tres niveles protegidos de los impactos enemigos.

Un espolón en su proa servía para embestir a la nave enemiga.

Como armamento, llevaban scorpios (pequeñas máquinas que podían lanzar dardos o piedras), y torres a proa y popa, donde se apostaban arqueros para tener una mejor visión y posición de tiro. Su fuerza motriz principal eran los remos aunque disponían de una vela cuadrada que recogían durante la batalla, por lo que todos los movimientos debían hacerse a fuerza de remos. El timón típico lo constituían dos remos situados en la popa, desde donde se gobernaba la nave.

Destaca el uso del llamado corvus, que se comenzó a utilizar durante la Primera Guerra Púnica, se trataba de una plataforma vertical móvil dotada de un gancho que, durante el abordaje, se hacía caer sobre la embarcación enemiga evitando que huyera, esta pasarela permitía el abordaje convirtiendo una batalla marítima en lo más parecido a una terrestre.

La flota era comandada por un prefecto y cada nave estaba al mando de un capitán, la dotación de cada embarcación era 300 marinos para un quinquerreme, en tanto que la de un trirreme era de 200 marinos.

6. LA BATALLA

Aunque las fuentes no se ponen de acuerdo, parece que Marco Antonio contaba con superioridad numérica, 600 naves en su mayoría quinquerremes, por su parte Octavio disponía de algo más de la mitad compuesta sobre todo de trirremes y algunos birremes.

El primero dominaba en número y tamaño, el segundo en maniobrabilidad y rapidez.

Las naves de Marco Antonio, estacionadas en le golfo de Ambracia junto con las egipcias, salieron a mar abierto para iniciar la batalla. No resulta difícil imaginar la escena, cientos de naves avanzando en apretadas líneas, imparables. Las de Marco Antonio en vanguardia, las de Cleopatra en retaguardia.

Para Octavio enfrentarse directamente era un suicidio, así que en principio optó por dejarlas pasar y atacar por detrás, pero cabía la posibilidad de que con todo el trapo desplegado fueran imposibles de alcanzar y escaparan, evitando la batalla para posteriormente reagruparse en otro lugar, con lo que no habría batalla. Agripa, cuando las tuvo encima maniobró haciendo creer que se replegaba dejando que se confiaran, bruscamente giró sobre si mismo y dividiendo sus efectivos atacó sus costados. Marco Antonio al ver sus flancos en peligro, inició la batalla.

La maniobra de Octavio y sus generales buscaba romper los remos de los poderosos quinquerremes, acosándolos sin cesar lanzando flechas y proyectiles. Las naves de Marco Antonio por su parte lanzaban sus garfios buscando atrapar a las pequeñas trirremes y amarrarlas junto a ellas. Cuando lo conseguían, se producía el abordaje y un duro combate cuerpo a cuerpo.

Los barcos de Cleopatra se mantenían a la expectativa, observando desde lejos el desarrollo de la contienda. Estaba claro que se trataba de una batalla que acabaría decidiendo su futuro, ambos bandos estaban inmersos en una lucha sin cuartel, ya no sería posible la huida, así que, sin previo aviso, Cleopatra optó por salir de allí, a toda vela, en el momento en que el viento roló a una dirección favorable, atravesó las líneas en combate seguida por sus naves de escolta. Los hombres de ambos bandos observaron la maniobra, pero Marco Antonio, cuando se dio cuenta, no lo dudó, abandonó su nave trasbordando a una pequeña y rápida embarcación y salió en pos de su amada.

Los romanos que luchaban a su lado quedaron atónitos viendo como su general huía del combate, abandonando a sus hombres a su suerte.

A partir de este momento, la balanza se inclinó definitivamente del lado de Octavio que, una a una destruyó la flota de su enemigo.

Los relatos de los historiadores concluyen que la batalla duró algo menos de cinco horas, pero también afirman que los quinquerremes permanecieron a flote y en llamas durante gran parte de la noche.

Por su parte Marco Antonio alcanzó la nave de la reina egipcia y, según Plutarco, permaneció todo el tiempo que duró la travesía en la proa con las manos en la cabeza y sin pronunciar palabra. A la altura del cabo Tenaro se detuvieron para aguardar a los barcos rezagados.

El desastre se había consumado, en una sola batalla lo había perdido todo, incluso sus tropas terrestres que se pasaron en bloque al, hasta entonces su enemigo, Octavio las trató con clemencia.

7. LAS CONSECUENCIAS

Octavio resultó vencedor absoluto. Como homenaje fundó la ciudad de Nicópolis, donde había estado instalado su campamento.

La batalla fue decisiva, pero no supuso el final de la guerra, Marco Antonio y Cleopatra habían conseguido refugiarse en Alejandría. Aunque sin tropas, estas se habían incorporado, tras la batalla, a la disciplina octaviana, su resistencia en Alejandría no podía tener otro final que la derrota.

Acorralados y vencidos, su final tiene el sabor de una tragedia griega. Marco Antonio cree que su amada se ha suicidado y, preso de dolor, se atraviesa con su propia espada, Cleopatra hizo lo siguió al conocer la noticia, no quería verse desfilando en la entrada triunfal de Augusto en Roma.

La fecha de esta batalla se ha empleado para definir el final de la República Romana y el comienzo del Imperio.

8. EL ANÁLISIS

Al margen de la publicidad romana, que hizo de Accio una batalla gloriosa donde se enfrentaron no ya dos ejércitos, sino dos formas de ver el mundo, por un lado la depravación oriental, por otro la virtud romana, si evaluamos crudamente la realidad observamos que tiene poco de gloriosa, Marco Antonio desde el principio no quería plantear una batalla, prefería claramente huir y buscar un mejor escenario. Sabemos que con las velas desplegadas no se podía pelear, así que su idea era clara, lo que ocurrió después es objeto aun de controversia, para los historiadores antiguos la culpa cae sobre Cleopatra, ella fue la que con su gesto arrastró al romano que, por amor, olvidó sus deberes.

Lo realmente llamativo de todo este enfrentamiento es que a priori Marco Antonio contaba con claras opciones para derrotar a su enemigo, disponía de más tropas y embarcaciones que su contrincante, contaba con experiencia en el mando, disponía del apoyo de los reinos próximos…

¿Por qué no planteó una batalla terrestre?

¿Por qué no utilizó su supremacía marítima en número y tamaño?

Las respuestas están en la precipitación, en la presión que soportaba, en la íntima convicción de que iba a ser derrotado, incluso en el hecho de que al final de todo, Marco Antonio era un noble romano que estaba traicionando toda la esencia de Roma.

¿Y si hubiera vencido?

Se abrían dos caminos, tras la destrucción de su enemigo Octavio, habría quedado Roma a sus pies y podría optar bien por castigar a la ciudad y a los nobles que le habían traicionado, para a continuación nombrarse dictador de por vida como Julio Cesar, instalándose en la capital del imperio. O bien podría haber optado por olvidar Roma y trasladarse a Alejandría que pasaría a ser el corazón de un nuevo imperio gobernando junto a Cleopatra, como los antiguos reyes Egipcios, fundando una nueva dinastía, el mundo hubiera sido muy distinto del que conocemos.

Pero esto es historia ficción.

9. CEUTA EN EL CONTEXTO HISTÓRICO

En tanto que romanos contra romanos se enfrentaban en luchas de poder decisivas, qué podemos decir de nuestra ciudad en esa época.

Se puede afirmar que ni las fuentes clásicas, ni la epigrafía han proporcionado ninguna información determinante sobre el estatuto jurídico de Septem en época altoimperial. El Itinerario Antonino alude a la statio Ad Septem Fratres y a la Ad Abilem en la región ceutí. Se ha planteado, al parecer sin fundamento, que Augusto le hubiera otorgado el rango de colonia.

El Itinerario Antonino solamente cita a Septem Fratres como estación costera, por tanto nada permite afirmar que la statio citada pertenezca a una aglomeración de tipo urbano o rural, ni si estaba dotada de alguno de los monumentos representativos de una ciudad romana.

Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz varias industrias de salazones cuyo inicio se data a finales del s. I a.C., siendo uno de los principales recursos de la ciudad en la antigüedad, junto con la pesca. La expansión en Septem de las actividades salazoneras en este momento coincidió también con el mismo fenómeno en la orilla hispana del Estrecho.

En resumen se trataría una zona en la que predominaban las industrias del salazón, acompañada de barcos pesqueros que saldría a faenar a las aguas de estrecho, trayendo consigo la materia prima que se transformaba en las fábricas y se exportaba a través del mediterráneo.
 

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