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OPINIÓN - VIERNES, 5 DE OCTUBRE DE 2012

 
OPINIÓN / ANALISIS

El fraude no tiene clase social en la ciudad de los bulos

Por Juan Merino


Vaya, hombre, resulta que nuestro delegado del Gobierno se ha puesto a llamar a las cosas por su nombre. Se ha referido a quienes propalan rumores, rumores, (como diría Rafaella Carrá en su conocida canción) y esos bulos llegan a creérselos algunos. Por ejemplo: “No se va a suprimir el plus de residencia. Que no mientan”, ha dicho Francisco Antonio González. Además, si el fraude no revienta la partida de 8.610.000 euros anuales, es cantidad considerada suficiente en época de crisis para alcanzar la bonificación del 50% al transporte marítimo para residentes. Lo peor, es que nos salgan “residentes camuflados”. ¿Qué se hará? Pues cruzar datos. Desde el Ministerio de Fomento y desde luego, poner fin a los denominados “pisos patera”, entiéndase viviendas con no menos de veinte empadronados.

En la mañana de ayer, un amigo me decía que, en un negocio había empadronados unos cuantos y llamó la atención a su interlocutor que reclamaba su mediación administrativa, porque no puede ser que nadie viva en una tienda en estado de hacinamiento; no es creíble. Ni es entendible, ni verdad ni legal. Y a estos subterfugios son a los que se ha referido González Pérez. Parece que se quiere poner fin al “todo vale” o a la manga ancha cuando antes tenía sordina, indiferencia o actitud negligente.

La economía de guerra del país no está para estas fraudulentas alegrías, como tampoco para todos esos defraudadores que viven en Marbella o Castillejos. Ya lo ha dicho el delegado del Gobierno: “El fraude no tiene clase social”. Sí, como suena: el fraude es desclasado, atípico, multiusos y caradura por naturaleza. Un perfil pérfido. Y la perfidia, aunque sea el título de una bella canción romántica de Los Panchos, aquí no hablamos de una cantinela sino de una cruda realidad de individuos adosados a la realidad social de Ceuta como parásitos de nuestras ventajas en razón a las singularidades. Pero nunca podrá ser una “singularidad” de Ceuta el fraude como venía siéndolo.

Se impone el control en estos asuntos porque Ceuta no puede ser un problema para el Estado a cuenta de sus abusos. También lo ha dicho González Pérez, en su intervención sin pelos en la lengua. Un comportamiento que viene demostrando desde que llegó a su nuevo cargo de responsabilidad. ¿Saben cuál es la ventaja con la que juega? Pues que se trata de un “perro viejo” en política, un verdadero “animal político” en el buen sentido y en toda su extensión. Vamos, que no se la dan con facilidad, porque tiene muchos tiros pegados y ha luchado en más batallas que Cascorro. Un veterano de la política con cinco legislaturas a sus espaldas como diputado y un largo recorrido que le hacen estar de vuelta de casi todo en su carrera de fondo, como a él le gusta llamarla.

Como no es un recién llegado, se las ve venir. Y las huele a distancia. Conoce a unos y a otros, cuenta con valiosos contactos en Madrid y tiene una vocación de ceutismo compulsiva, porque se impuso desde el primer momento, entregarse a esta tierra que es la suya, si no por origen sí de adopción y por irrenunciables vínculos familiares.

En una España de pícaros, también vivimos en una Ceuta donde hay más de un pillo que trata de aprovecharse de las circunstancias vía fraude: a ver qué saco de aquí y de allí. No es cuestión de crisis económica, es algo fuera de contexto: es cuestión de poca vergüenza y ningún escrúpulo.

Claro que tenemos a un Delegado del Gobierno valiente. Tan es así que no tuvo rubor en confesar que suele pasear sin escolta por nuestras barriadas periféricas y se encuentra mucho más cómodo y seguro que por la Puerta del Sol de Madrid. Vaya, lo dice un madrileño, que ha de saber algo de esto.

Conocida la confesión, una de dos: o el delegado del Gobierno es un iluso o está convencido de que por muchas bandas de las que se hable, aquí estamos seguros. Sí reconoció que había “movimientos extraños” que él relacionó con el robo de motos. “La Policía sabe por dónde van los tiros”, argumentó haciendo el juego de palabras para darle sentido a su mensaje. Y dijo que las balas utilizadas por esos supuestos malhechores, son de fogueo. “La ciudad de Ceuta es, en general, segura”, afirmó con una frase tranquilizadora.

Al final de la rueda de prensa de una hora, reloj en mano, nos quedamos que, en la Ceuta del bulo, hay dispuesta una campaña contra el fraude desde la Administración Central contando con la autonómica. Se ha declarado la guerra a los falsos residentes para que no acaben con la bolsa de subvención destinada a los que residimos aquí con todas las de la ley. Mal lo tienen aquéllos que han estado encubiertos con subterfugios de lo más variopintos. Una campaña dirigida a todas las clases sociales. Alguno habrá de atarse los machos. Las pintan crudas. Se ha puesto fecha de caducidad al uso y abuso residencial. Ya era hora, Paco Antonio. Ya era hora, delegado. Había que ponerle los cascabeles al fraude.
 

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