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OPINIÓN - MARTES, 9 DE OCTUBRE DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

Manos largas y conciencias sucias
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

La gente sigue clamando contra la clase política. Conque no creo yo pecar de disparate si digo que los políticos, a los ojos de los ciudadanos, han llegado a transformarse en enemigos públicos. Y es que se han ganado con creces la fobia que se les tiene.

De nada les vale a los políticos señalarse con el dedo y acusarse recíprocamente de todo lo malo habido y por haber, porque el ciudadano piensa que todos tienen razón, que todos son corruptos, que todos van a lo suyo, y que el deseo de poder produce los mismos efectos que el poder. Lo cual no deja de ser una situación preocupante, por no decir algo más grave.

Es el caso, por ejemplo, de Alfredo Pérez Rubalcaba. Cuya oposición carece de todo crédito y, por tanto, se muestra incapaz de sacarle rédito a la desafortunada gestión que está haciendo Mariano Rajoy. Quien sólo ha necesitado nueve meses en el cargo para dar pruebas evidentes de ser un gobernante indeciso, pusilánime, mentiroso, indolente…

No es extraño, pues, que en la calle se oiga la misma cantinela: Los políticos se parecen demasiado entre sí, son todos de la misma estatura y de la misma calaña. Ya sean del bando que sean. Usan un lenguaje vulgar, son tediosos, demagógicos y no suscitan ni ilusión ni esperanza.

No hace falta ser sociólogo para asegurar que la decadencia de la clase política es una realidad. Y no vale decir que es así porque no deja de ser reflejo de nuestra sociedad. Lo cual es muletilla en bocas interesadas. Los políticos no hacen bueno eso de que tienen que vivir entre la mierda, pero no confundirse con ella. Ni por asomo. Ya que la corrupción está casi generalizada. Y, desde luego, nos enteramos casi siempre de los mangazos cuando los son de millones de euros y no cuando los son de miles.

Los eres de Andalucía y los ladrones que habitan en la Comunidad Valenciana son pruebas fehacientes de tan sonadas actuaciones corruptas. Basadas ellas en apropiaciones de sumas millonarias con impunidad manifiesta. Y que se han ido descubriendo, simple y llanamente, por grescas particulares entre los tipos que se prestaban al juego sucio ideado y consentido por quienes podían hacerlo desde la cúpula del poder. Es decir, que a la cárcel han ido los Fulanos y Menganos de tercera fila. Los que salían con los bolsillos llenos, días tras días, a vivir la borrachera de la imbecilidad y de los estímulos pagados con el dinero de los contribuyentes.

El día menos pensado nos desayunaremos con que el haz de luz de una linterna autorizada ha descubierto cuentas trucadas en cualquier organismo ceutí. Y nos hablarán de una caja negra que, durante mucho tiempo, no cesaba de recibir dineros públicos y que luego, en un amén, regresaban a otra cuenta particular dispuesta al efecto.

Si ello sucede, todo es posible en los tiempos que corren, no faltarán quienes se sorprendan y digan una y mil veces que no dan crédito a lo ocurrido. Y, cómo no, gritarán a los cuatro vientos que son capaces de meter las manos en el fuego por los Fulanos y Menganos acusados de llevárselo calentito. Y hasta puede que tengamos que llevarlos con las urgencias previstas, en estos casos, al departamento de quemados con el fin de que salven esas manos que arriesgaron por tener la fe del carbonero.

Cuidado con las mosquitas muertas, de manos largas y de conciencias sucias. Sus nombres están en la punta de mi lengua.
 

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