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OPINIÓN - JUEVES, 11 DE OCTUBRE DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

El Himno de la Guardia Civil
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

He asistido, un año más, a los actos celebrados por la Guardia Civil en honor de su Patrona: la Virgen del Pilar. El mejor momento que he vivido, el más emotivo, ha sido cuando han sonado las notas del himno de una Institución que me merece un respeto impresionante.

En tales momentos, no he podido evitar que los recuerdos afloraran. Y con los recuerdos me ha sido imposible no mirar hacia atrás. Hacia aquellos años en que muchos guardias civiles vigilaban nuestras costas y estaban sometidos a la tortura de unas deficiencias físicas y psíquicas, que les acortaban la vida.

La Guardia Civil, cuerpo recio y comprometido con mantener el orden sin exquisiteces, fue evolucionando a medida que España lo hacía. Aún recuerdo cuando Franco aceptó un día ser invitado de Fernando Terry en su mansión de El Puerto de Santa María; mansión esplendorosa, que estaba situada a veinte metros de El Penal de El Puerto. Y oyó, en noche de viento de levante, los tétricos alertas de quienes custodiaban la prisión desde unas garitas expuestas a vientos y tempestades.

Preguntó Franco por quienes hacían guardia en el recinto carcelario. Y cuando le dijeron que eran soldados de reemplazo, puso el grito en el cielo y ordenó que fuera la Guardia Civil quien se encargara de un cometido tan desagradable como complicado. Y es que los guardias civiles han estado siempre en España exigidos hasta límites insospechados.

La Guardia Civil se ha ganado a pulso ser mencionada como la Benemérita. Adjetivo ganado en buena lid. Debido a la estimación que se le debe por sus grandes servicios. Cierto es, y negarlo sería una estupidez, que en su dilatada trayectoria hubo errores de bulto y aciertos inconmensurables. Pero fueron muchos más los aciertos. Tantos, que bien haríamos en calibrarlos hasta el extremo de perdonarle los deslices que pudiera haber cometido a lo largo de tantísimos años.

Ha sido en el Parador Hotel La Muralla donde la Guardia Civil ha dado la copa de vino español a quienes hemos querido participar en los actos celebrados en honor de una Institución gloriosa. De una Institución repleta de problemas. Y que está pidiendo a gritos que el Gobierno atienda las reclamaciones de sus miembros. Por ser éstas dignas de atención.

Durante la copa de vino, he tenido la oportunidad de pegar la hebra en distintos corrillos. Y me ha sido posible pulsar la opinión del momento tan complejo que estamos viviendo. Alguien, a quien le profeso estima y considero que piensa bien, me ha dicho, es la segunda vez que me lo echan en cara, que mis escritos rezuman pesimismo. Y, claro, mi respuesta ha sido la misma que di días atrás: tengo a mis hijos y yernos en el paro.

Un paro que está ya compuesto por seis millones de personas. Mientras los políticos siguen viviendo como privilegiados. Sin darse cuenta de que están generando una fobia que no decrece. Y que al paso que va, es decir, a ritmo de desfile de legionario, día llegará en que ni la Guardia Civil pueda parar esa marea humana que saldrá a la calle a decir basta ya.

Y es que la señora Merkel y la señora Lagarde, damas de alta alcurnia y de baja cama, están dando pie a que se arme, en cualquier momento, la de Dios es Cristo. Y, entonces, veremos si la Guardia Civil no se pone del lado de quienes deben… De los más necesitados. Como debe ser.
 

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