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sociedad - MARTES, 23 DE OCTUBRE DE 2012


casi en soledad. fidel raso.

CRÓNICA / INMIGRACIÓN
 

Ceuta da sepultura a una nueva víctima de la inmigración clandestina

Un joven subsahariano cuyo cadáver se halló el pasado viernes cerca de Punta Almina reposa ya en Santa Catalina
 

CEUTA
Tamara Crespo \ F. Raso

ceuta
@elpueblodeceuta.com

El joven subsahariano cuyo cadáver se halló el pasado viernes en aguas próximas a Punta Almina reposa desde ayer en el cementerio de Santa Catalina, en un nicho más sin nombre. Al funeral del inmigrante acudió un puñado de personas, los operarios de la funeraria y del cementerio, varios periodistas y, como oficiante, el párroco de la iglesia del Valle.

Una nueva lápida sin nombre guarda desde ayer en Santa Catalina una trágica historia que ninguna de las personas asistentes al sepelio conocen y que nadie podrá contar. Una vez más, el cementerio católico de Ceuta acogió los restos mortales de un inmigrante, un joven subsahariano cuyo cadáver fue rescatado el pasado viernes por la Guardia Civil cerca de Punta Almina. Ningún familiar, ningún ser querido ni conocido, pudo asistir al capítulo final de esta vida truncada por el deseo de alcanzar el sueño de un país mejor para vivir.

Eran las 12.30 horas cuando la furgoneta del servicio funerario llegaba con los restos mortales del inmigrante desconocido. Los operarios colocaban el ataúd en el suelo para que el párroco Cristóbal Flor, de la iglesia del Valle, oficiara el responso. “Pidamos al Padre de la Misericordia que lo reciba en la vida eterna”, pidió. Acto seguido, el cura elevó otra plegaria: “Se haga siempre la voluntad del Señor”, para pasar al rezo de un Padre Nuestro.

Como únicos testigos de las palabras del padre Flor apenas diez personas, los propios empleados de la funeraria, trabajadores del camposanto y varios periodistas.

El oficiante terminó el breve funeral con el recuerdo a la muerte de Jesús: “Se trata de un gesto humano pero evocador”, destacó que la ceremonia, para agregar que sirve a los cristianos para “recordar cómo los amigos de Jesús le colocaron en su lugar de descanso”. “Pero este no será su lugar definitivo”, concluyó Flor en referencia a la resurrección.

Acto seguido, los empleados de la funeraria y del camposanto subieron los doce peldaños de metal de la escalera y colocaron el ataúd en un nicho que quedó sellado con una tapa de madera con silicona en la que no había ninguna referencia, ni un número ni una letra, ni un nombre. Sólo doce escalones entre un sueño y su tumba.
 

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