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OPINIÓN - DOMINGO, 18 DE NOVIEMBRE DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

El estallido se percibe
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Muchas han sido las veces que los sondeos de opinión nos han dicho que la gente de la calle tiene mal concepto de los políticos, odia a los banqueros, siente aversión hacia los sindicalistas y desconfía de la Justicia.

Este panorama no ha cambiado. Es más, se han recrudecido los pareceres reseñados, excepto en lo referente a la Justicia. Que está siendo mejor mirada gracias a que los jueces han decidido dar muestras humanitarias ante la terrible situación que atraviesan las personas que están siendo desalojadas de su vivienda.

Los desahucios, si algo bueno han tenido, es hacernos ver, ya era hora, que impartir justicia es muy difícil, tremendamente difícil, y que las personas que lucen puñetas en la bocamanga de la toga tienen también sus sentimientos a flor de piel cuando se ven obligadas a afrontar decisiones que les desagradan en extremo.

En la calle se percibe cada vez más la tirria que se les tiene a los políticos. Están en el punto de mira de todas las protestas y de todas las desesperanzas que van aumentando con el paso de los días. Se les achaca la ruina económica que se ha instalado entre la clase media. Comparten el ciento por ciento de culpabilidad con los Bancos.

Políticos y banqueros son forjadores de una trama donde los dineros han circulado más con fines apropiados para enriquecerse ellos que para el fin primordial al que se deben. Y han conseguido que la mendicidad se vaya imponiendo entre la clase media e incluso que los pobres de pedir los sean más.

La gente sigue preguntándose cómo es posible que un alcalde gane más de setenta y tantos mil euros años. Que viaje en un coche blindado y que perciba dietas hasta para ir al baño. La gente no comprende que un simple concejal gane más dinero que un especialista capaz de poner a punto el corazón de cualquiera de nosotros. La gente no entiende que un patán, que a lo más que podría aspirar es a ser vigilante de jardines, con todos mis respetos para los vigilantes de jardines, se esté haciendo rico como concejal de no sé qué. Y encima se permite el lujo de hacer chistes obscenos del alcalde. La gente, cada vez que abre la boca un senador, acerca de cómo ayudar a los jóvenes a formarse en una industria, no concibe que este hombre viva de un cargo que no vale para nada. La gente…

La gente, cada vez que ve una fotografía de políticos reunidos, riéndose a mandíbula batiente, se muerde los labios para no comenzar a farfullar interjecciones contra ellos. Porque los políticos deberían saber que (debido al hambre que hay en España, debido a la gente que ha pasado de tener un vivir digno a verse sometida a la humillación de quedarse sin nada y obligada por tanto a frecuentar los comedores sociales, debido a…) festejar públicamente su extraordinaria situación produce rabia infinita. Cólera indefinida. Ira multitudinaria.

Así que cuidado… Cuidado con las ostentaciones porque no está el horno para bollos. Pues cómo explicarles a las gentes lo que está ocurriendo; cuando, como dice un amigo mío, miles de españoles descubren con espanto que sus heces ya ni siquiera tienen la consistencia necesaria para atascar el retrete.

Hacen mal los políticos en seguir pavoneándose del fracaso de la huelga pasada. Ya que el estallido social puede producirse en cualquier momento. Se palpa. Se ve venir. Oído al parche.
 

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