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OPINIÓN - DOMINGO, 18 DE NOVIEMBRE DE 2012

 

OPINIÓN / EL MAESTRO

Para un viaje de fin de curso
 


Andrés Gómez Fernández
opinion
@elpueblodeceuta.com
 

En mis últimos años, como maestro y tutor de un grupo de alumnos, que ponían fin a su escolaridad, programamos una visita a Jimena de la Frontera, donde tanto alumnos como profesores acompañantes lo pasamos muy bien. En una reciente visita a Jimena he recordado con añoranza aquella visita, con el añadido de conocer algo que no existía o no se ha había promocionado, como es el caso del “Parque de las Aves”. Se trata de una finca con una superficie de 220.000 metros cuadrados, con una amplia selección de animales de los cinco continentes en estado de semilibertad, junto a dos parques Infantiles, pajarera, recinto del mapache, diversas aves y mamíferos en estado salvaje.

El Programa de Actividades es el siguiente: Recorrido por todo el Parque con monitor especializado, donde se podrán ver canguros, ciervos, cebras, gacelas… Y actividades con exhibición de vuelos con aves rapaces, safari en vehículos, reportajes fotográficos, paseos en canoas e hidropedales en el “Lago de los Cisnes”, junto a diferentes especies de aves; visita a la llamada “Casa de Tarzán”, junto al recinto de los monos.

Y con un programa apretado quedará tiempo para visitar los monumentos de interés que tiene la ciudad. “Nada deba escribirse de la Muy Noble, Muy Leal y Fiel Ciudad de Jimena de la Frontera si no son elogios. Comenzando por su larga memoria, sea Oba, Succuba, sea Xemina o noble villa de Ximena, y terminando con su privilegiada situación en el corazón del Parque de los Alcornocales: los remotos vestigios dan fe no sólo de los asentamientos neolíticos sino de una permanente invitación al extraño, como hoy día sucede para instalarse en tan generoso y bello paraje. La ciudad a sus pies, en la carretera, acogiéndose a una afortunada frase de Cayetano Luca de Tena, se exhibe “como en un escaparate, tallado en escalones de blancura casi hasta las mismas derruidas murallas del antiguo castillo”. En la memoria reposando en el regazo, la edición de José Riquelme Sánchez sobre Jimena, “entre la prosa y la pintura”, la realidad se confunde con la plasmada en los lienzos de Bertuchi, en los de López Canales… en los de tantos que no se han resistido al encanto del lugar: si existe el cielo, probablemente su trayecto final, el último tránsito, sea muy parecido a cualquier cuesta arriba del Barrio Alto, cuando en otoño, colorean con rabiosa luz y alegría….

Y tendremos que hacer huecos para visitar sus monumentos de más relieve, como es el caso del “Castillo de Jimena”, que es el edificio emblemático de la ciudad, probablemente levantado sobre las ruinas de la romana Oba y que, por su fácil defensa y localización estratégica, con la dominación musulmana y, sobre todo, con su posición fronteriza en el período cristiano y el reino nazarí cobrar su máximo esplendor.

Consta de una irregular muralla alargada para adaptarse al terreno hábil de la cima. Torreones dispuestos por trechos, el conjunto de la torre del Reloj con el arco acodado de ingreso, aljibes de distinta época y construcción más el Alcázar, muy reformado tras la toma por parte de los cristianos, con su airosa y circular torre del homenaje que, en su interior oculta otra anterior de planta poligonal, conforman una apresurada vista de conjunto.

A espalda del castillo existen posibles restos, en planta, de iglesia mozárabe cuales una pila, conocida por “el baño de la reina mora” y excavados en vertical de la roca, cuatro grandes nichos.

Otros monumentos de interés son: la Iglesia de Nuestra Señora la Coronada: aislado en medio de la plaza de la Constitución, casi como emerge un faro del mar, que el campanario, testigo de la antigua y desaparecida Santa María la Coronada, parroquia que ya durante el XVIII, amenazaba ruina: una torre prismática de dos cuerpos; el inferior un recio paralelepípedo con escalera de caracol interior para acceder al superior o cuerpo de campana, con cuatro vanos, en tradicional ladrillo visto y ochavado.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, situada en el Barrio Alto, surge dicha iglesia, de dos naves y aneja al antiguo convento de los frailes Mínimos o “Victorios”, quienes, en torno a 1600 se instalaron en el lugar, haciéndose cargo de dicha Iglesia, anterior, cuya advocación primera persistió en la denominación de la frontera y actual calle de Santa Ana.

Muy reformada, conserva el airoso campanario, aportada muy simple, nave central y otra lateral a su izquierda y un hermoso patio.

De especial importancia es el Santuario de Nuestra Señora de los Ángeles, que se encuentra a unos dos kilómetros de Jimena. Construido a finales del siglo XV, albergó a Franciscanos y, tras la toma de Gibraltar por los ingleses, sirvió de refugio a las monjas de Santa Clara que huían del Peñón. Hoy día se puede visitar la Iglesia, de una nave cubierta con bóveda de cañón y lunetos que conduce hasta la capilla mayor, está cerrada por cúpula sobre trompas y coro alto a los pies. La sacristía es digna de mención y el claustro, cuadrado, con arquerías y pilares de ladrillo, al igual que otros de la misma Orden, muy fresco, posee un hermoso jardín con pozo en el centro. La imagen titular de la Virgen, en piedra pintada, parece ser muy primitiva hasta el punto de que la tradición la considera obra del Apóstol San Lucas: el primer domingo de septiembre se renueva devotamente el juramento de fidelidad a la misma…

Elaborar un proyecto de visita a Jimena resultaría muy ameno, interesante, uniendo a lo lúdico a lo cultural. Por supuesto que los alumnos no se aburrirían y pasarían una jornada irrepetible.
 

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