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cultura - LUNES, 26 DE NOVIEMBRE DE 2012


las tutoras de digmun acompañan a los niños. c.r.

reportaje / educacion
 

Ellos también quieren ir al cole

El taller ‘Integra2’ de Digmun atiende diariamente a una treintena de niños de distintas edades que, por distintas situaciones de irregularidad, no están escolarizados
 

CEUTA
Cristina Rojo

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Un heterogéneo grupo de niños de distintas edades corretea en el parque de la barriada del ferrocarril. Niños y niñas, más grandes y más pequeños, suben y bajan por el tobogán, se persiguen, montan en los columpios. Es la hora del recreo en la única escuela de la ciudad que atiende sus necesidades educativas, un taller organizado por Digmun y que funciona gracias a la colaboración de la asociación Intervida. Gracias a su trabajo, 29 chicos en situación irregular reciben clases de lunes a viernes en esta misma barriada, en la sede de la Asociación de Vecinos del Ferrocarril, que cede su local a la ong por las mañanas para que pueda atender a este colectivo de niños. Es una escuela ‘de quita y pon’.

A primera hora, los alumnos más mayores ayudan a distribuir las mesas y sillas en las dos salas (una para los niños más pequeños y otra para los demás) y, antes de la hora de comer, repiten el mismo proceso a la inversa. Las sillas quedan apiladas y la sede vecinal dispuesta para las actividades que deseen llevar a cabo sus usuarios. A pesar de las deficiencias, los talleres de ‘Integra2’, que se llevan a cabo aquí por segundo año, son lo más parecido a una escuela que han visto muchos de estos niños, ya que algunos de ellos nunca han estado escolarizados. Y es que, aunque cada uno de ellos responde a una casuística diferente, todos tienen algo en común: son menores en situación irregular.

Entre ellos hay de todo, aunque se repiten los casos de niños marroquíes que han sido adoptados en Ceuta mediante ‘Kafala’, la figura legal que regula lo más parecido a la adopción en el país vecino, ya que la adopción como tal no existe en la legislación marroquí. Esta fórmula es similar al acogimiento permanente de un niño, con una sentencia judicial de declaración de abandono que permite que la persona que ha acogido el niño pueda establecerse con él de manera permanente en el extranjero. Debido a los trámites burocráticos, y el hecho de que Kafala y adopción no se corresponden exactamente uno con el otro, muchos niños que son acogidos por ceutíes se ven paralizados en un limbo legal mientras su situación termina de regularizarse. Este proceso puede llevar meses o, como en el caso de uno de los niños de ‘Ingegra2’ , cuatro años.

“Yaya nunca había sido escolarizado antes. Sus padres lo trajeron de recién nacido, pero en su documentación falta un sello. La Administración española dice que ese sello solo lo puede poner Marruecos, pero allí dicen que después de este tiempo viviendo en España es este país quien debe hacerse cargo”, explica Carmen Mancilla, coordinadora del taller y una de las profesoras del mismo junto a Alicia Morales. La coordinadora dice que este es uno de los casos más comunes, pero hay muchos otros, como el de cuatro hermanos que han estado viviendo en Tarragona y desde este curso se encuentran de vuelta en Ceuta, pero sin acceso al padrón porque han perdido la residencia.

También están los casos de familias en situación irregular y con falta de ingresos cuyo hijo vive en Marruecos pero es ceutí, como Yiman, que dispone de un carnet que le permite entrar todos los días con su madre y venir a esta escuela. Cada caso se estudia de manera individual por los voluntarios de Digmun, entre los que se encuentran también una abogada y una trabajadora social. A través de entrevistas con sus padres van elaborando un expediente y les ayudan como pueden a regularizar cada caso.

Sin padrón no hay escuela

A lo largo del curso 2010-2011 y gracias a la sintonía con la Dirección Provincial de Educación entonces, se consiguió escolarizar a varios de ellos, que a día de hoy siguen estudiando en centros oficiales de la ciudad. “Aquellos días fueron de una felicidad inmensa”, recuerda Alicia Morales. Pero con el cambio de Gobierno en noviembre de 2011, “los criterios se han endurecido”.

“Antes, con el informe social de la situación de la familia recurríamos al derecho de todo niño a ser escolarizado”, explica Verónica, trabajadora social voluntaria en la asociación. “Poníamos como ejemplo los Menores Extranjeros No Acompañados, que sí acuden al colegio. ¿Por qué ellos pueden estar escolarizados y estos no?”, se pregunta.

Aún así ni el curso pasado ni este han conseguido escolarizar a ninguno. “Sin padrón, no hay acceso a la educación”, dice la coordinadora del taller. La profesora explica que es una situación complicada, porque “tampoco es cuestión de escolarizar a todo Marruecos, pero muchos niños, nacidos aquí, necesitan ese acceso a la educación. Es un derecho fundamental”. Según denuncian desde Digmun, este limbo legal en el que se encuentran muchos niños deriva de un problema de falta de información. De niños cuyas madres marroquíes vienen a dar a luz en Ceuta pensando que aquí sus hijos tendrán una vida mejor y que después de verles nacer se quedan, lo que da lugar a múltiples irregularidades.

Tal y como explica Mancilla los padres también permanencen en la ciudad en situación irregular y, aunque no tengan permiso de residencia ni de trabajo, “se buscan la vida haciendo chapuzas o como pueden”.

El fenómeno de todos estos niños, que con anterioridad no tenían ningún sitio donde recibir educación, ha ido creciendo poco a poco, y según avanzan las semanas, llegan nuevos alumnos, esta misma semana, han apuntado a dos más. “Al principio, atendíamos a los hijos de mujeres que venían a talleres de alfabetización. Eran dos o tres, pero poco a poco se fue corriendo la voz y cada vez son más”, dice Mancilla, que coordina el taller desde el año pasado, aunque Digmun ya empezó a atender a estos chicos entre 2006 y 2007 y han sido muchos los voluntarios y voluntarias que han pasado por la asociación.

Laarbi El Ftouh, de 16 años, es uno de los veteranos de la escuela taller. Lleva cuatro años acudiendo a clase cada mañana. “He aprendido a hablar y a leer mucho. Me gustaría seguir estudiando y convertirme en profesor de matemáticas”, dice. Su tutora, Alicia, se lamenta porque, aunque su alumno tiene “un nivel de Secundaria bueno, con muchas inquietudes y ganas de estudiar, esto ya se le queda corto”.

Ilusión por aprender

En las dos aulas de la Asociación de Vecinos, los niños tardan unos minutos en tranquilizarse tras recreo, pero poco después, cada uno está concentrado en su tarea, supervisado por las tutoras que les van ayudando individualmente, dependiendo del nivel. “Unos saben leer y escribir, otros ni hablan castellano”. Pero, según apuntan las dos tutoras, todos comparten su ilusión por ir al colegio.

“Los niños lloran por venir a clase. Ven a sus amigos, vecinos o familiares que pueden ir al colegio y para ellos, éste es su cole”.

La próxima semana, además de sus contenidos habituales de matemáticas, lengua, plástica o conocimiento del medio, los alumnos recibirán también un taller sobre violencia de género y uno de higiene que les ofrecerá una odontóloga local de forma voluntaria.

“Intentamos que el taller se parezca lo más posible a una escuela, aunque con los recursos que tenemos es difícil”, apunta Alicia Morales. Aunque son realistas, las tutoras y voluntarias de Digmun esperan que a lo largo del año se consiga escolarizar a algún niño. Su encomiable iniciativa consiguió hace escasas semanas la renovación de la colaboración de Intervida, que este año incluirá 1.000 euros más en el proyecto ‘Integra2’ pese a los recortes en su presupuesto, una buena noticia, que agradecen aunque recuerdan: “Esperamos que en un futuro no se necesite colaboración ni personal de apoyo para que menores que vivan en Ceuta tengan derecho a una educación digna”.
 

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