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OPINIÓN - DOMINGO, 2 DE DICIEMBRE DE 2012

 
OPINIÓN / BATALLAS

Batalla de los bosques de Teutoburgo

Por Juan Manuel Sánchez Valderrama


Suetonio nos dejó escrito que el emperador Augusto se tomó el desastre tan a pecho que «siempre celebró el aniversario como un día de profundo pesar» y «a menudo se golpeaba la cabeza contra una puerta y gritaba: “Quintili Vare, legiones redde! ¡Varo, devuélveme mis legiones!”»

Durante el otoño del año 9 d.C. tuvo lugar en Germania, la batalla también llamada el Desastre de Varo, enfrentó a un grupo de tribus germanas lideradas por el querusco Arminio a un ejército de Roma comandado por Publio Quintilio Varo, gobernador de la provincia Germania Magna.

Los antecedentes

La idea general de Roma siempre era la de romanizar a todos aquellos pueblos conquistados, en este caso no fue distinto y Varo partió de la capital del imperio con esa misma consigna, Augusto deseaba consolidar y pacificar una zona de frecuentes conflictos. Para realizar su labor contaba con tres legiones, la XVII, la XVIII y la XIX además de seis cohortes de tropas auxiliares y tres alaes de caballería.

Los contendientes

Aunque en el caso de Varo el orden de marcha no se conoce, sí sabemos cual era el sistema típico que guiaba la organización del ejército gracias al autor Flavio Josefo, por lo que sería el siguiente:

• Arqueros y auxiliares, que actuaban como exploradores.

• La vanguardia: una legión (cerca de 5.000 hombres) apoyados por 120 jinetes.

• Pioneros o zapadores, que mejoraban el camino y al final del día construían el campamento.

• La primera parte del bagaje: las posesiones del general y de los oficiales.

• El general y sus extraordinarii o guardia de corps.

• La caballería de las siguientes dos legiones (240 jinetes).

• La segunda parte del tren: mulas con la artillería romana.

• Los suboficiales y los portaestandartes (aquilifer).

• La fuerza principal: dos legiones (cerca de 10.000 hombres).

• La tercera parte del tren: el bagaje de los soldados.

• La retaguardia, conformada por tropas auxiliares.

Lo que hace un total aproximado de 20.000 efectivos.

Por lo que se refiere a las tribus germanas, no se conocen las cifras, se especula que pudieron participar entre 15 y 20.000 guerreros.

La emboscada

No lejos estaba el bosque donde se decía que los restos de Varo y de sus legiones quedaron sin sepultura. A Germánico le vino el deseo de tributar los últimos honores a Varo y a sus soldados. Esta misma conmiseración se extendió a todo el ejército de Germánico, pensando en sus parientes y amigos, en los azares de la guerra y en el destino de los hombres. En medio del campo blanqueaban los huesos, separados o amontonados, según que hubieran huido o hecho frente. Junto a ellos yacían restos de armas, y miembros de caballos y cabezas humanas estaban clavadas en troncos de árboles. En los bosques cercanos había altares bárbaros, junto a los cuales habían sacrificado a los tribunos y a los primeros centuriones. Tácito

La estructura del ejército romano se adaptaba perfectamente al combate en espacios abiertos, donde los hombres maniobraban con fluidez y agilidad, por el contrario era muy complicado organizarse cuando el camino era estrecho, las largas filas de soldados e impedimenta hacían difícil la comunicación.

La traición de los exploradores germanos fue la primera señal, el ejército romano quedo desorientado en un bosque desconocido.

El ataque se inicia sobre el centro de la larga columna romana, una lluvia densa de flechas y dardos se abate con furia sobre los desprotegidos legionarios.

Las reacciones de pánico se suceden, bien huyendo, bien desenvainando y esperando a un enemigo que no llega a materializarse. A pesar del impacto, el ataque no produce graves daños en la organización romana, al menos físicos, porque esa estrategia de ataques repentinos y de gran intensidad sobre distintos puntos de la columna es lo que durante todo el día los germanos practicaran, causando daños en la moral de las tropas romanas. En algunas ocasiones sus ataques con dardos y flechas se complementan con cargas rápidas de germanos que caen sobre la columna y antes de que esta reaccione vuelven a desaparecer, conocen el terreno y su equipo es ligero. El hostigamiento va dando sus frutos, las bajas romanas comienzan a ser cuantiosas, cae la noche y la desorganización y el desanimo cunden por todos lados, el bosque no tiene principio ni fin.

A duras penas consiguen reunirse en un claro del bosque y organizar una defensa para pasar la noche, una noche bajo el frio y la humedad, desamparados. En un gesto de desesperación la caballería romana deserta dejando a sus compañeros solos, no servirá de nada, será alcanzada y aniquilada antes de poder salir del laberinto.

Los legionarios al amanecer desmontan su improvisado campamento y continúan la marcha buscando siempre la salida, el terreno despejado, donde les sería fácil enfrentarse a los germanos.

Varo es herido en uno de los ataques que, de nuevo se repiten, antes de ser capturado decide, junto con otros altos oficiales romanos suicidarse, el que queda al mando, buscando una salida se entrega a los germanos con parte de ejército, no sabe que los germanos nunca hacen prisioneros, así que tras acordar los términos de la rendición son todos asesinados.

El resto del ejército, sin apenas oficiales, se enfrenta a la noche amparados en fosos que ellos mismos cavan, la luz del día no cambia las cosas, de nuevo ataques inesperados, el cansancio y el desanimo hacen más daño que los ataques germanos, muchos huyen para caer en manos germanas, donde serán ejecutados.

La agonía todavía se prolonga una tercera noche, con el nuevo día se produce la batalla final, el paso por un desfiladero de los desorientados romanos hará que los germanos se decidan a atacar en masa, el combate es sangriento, los romanos son, en su mayoría, masacrados.

Casio Querea, al mando de un pequeño grupo consigue escapar del exterminio y dar a conocer la batalla.

Las bajas que se produjeron en el ejército romano fueron enormes, prácticamente todo, legiones, auxiliares, alaes, caballería, los que no fueron muertos en la batalla, fueron ofrecidos como sacrificio siguiendo la costumbre de los pueblos germánicos y celtas. En cuanto a los germanos, no hay datos y por tanto no es posible cuantificarlas.

Tras esta batalla ninguna legión del Imperio Romano llevó los números XVII, XVIII y XIX.

Las Consecuencias

Se trata de un enfrentamiento que marcó la política de expansión romana en esas tierras, el limes se estableció entre los ríos Rin y Danubio, los llamados Campos Decumanos, este limes se consolidó posteriormente con empalizadas y torres de vigilancia. La matanza de legionarios romanos fue considerado un hecho luctuoso de gran magnitud, como prueba de su importancia, los números de la legiones derrotadas, como decía antes, jamás fueron utilizados en toda la historia militar romana.

Arminio por el contrario es considerado como el héroe germano por excelencia, el único que se enfrentó a Roma y fue capaz de vencerla.
 

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