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OPINIÓN - JUEVES, 13 DE DICIEMBRE DE 2012

 

OPINIÓN / EL OASIS

Bien por nuestro alcalde
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

La tertulia transcurre con sosiego. A pesar de que la crisis sigue siendo, y lo que te rondaré, morena, salsa de toda conversación. Aun así, he notado entre los contertulios que se ha hablado menos que otras veces de un asunto que nos permitirá ver la cara más cruel a medida que se acerquen las fiestas navideñas. Pues surgirán dramas por doquier.

Será así, porque hay seis millones de parados en una España en la que se nos dice por parte de reputados profesores de economía que la vida que nos espera, y sobre todo a los jóvenes, va a ser dura como el pedernal. Hoy, sin embargo, he creído percibir que la gente se va haciendo a la idea del momento tan difícil que vivimos y lo va aceptando con resignación cristiana. Más o menos la que parece aconsejarnos Carlos Rontomé para convivir en tierra habitada por varias culturas.

Flota en el ambiente una especie de calma chicha. De la que uno no se fía. Ya que los bandazos y el extremismo son muy de nuestra manera de ser. Por lo cual pasamos de la quietud a la convulsión en un amén.

A mí, porque escribo en periódicos, los hay que se interesan por mis ideas. Y siempre les digo lo mismo: llevo muchos años siendo capaz de vivir tranquilamente sin ideas... Así puedo permitirme el lujo de tenerlas cuando me dé la real gana, sin miedo a convertirlas en absolutos.

Los contertulios me miran como diciendo que no les he dicho lo principal; es decir, con qué partido simpatizo más. Y les contesto que ninguno goza de mi confianza. Y, a renglón seguido, recito de memoria una frase de Miguel Herrero de Miñón: “Debe ser tristísimo dedicarse a la política por necesidad, porque no se sabe hacer otra cosa”.

Los partidos políticos son un mal necesario. No lo vieron así nuestros intelectuales del 98 y cuando se dieron cuenta hubieron de soportar una Dictadura. La de don Miguel Primo de Rivera. Que blanda o menos blanda, no les permitió ya a los pensadores expresarse con la libertad deseada.

Tras mis palabras, alguien prefiere darle un vuelco a la conversación y habla de títulos universitarios. Nos dice que la Universidad concede prestigio y realza cualquier opinión que se emita frente a quienes son autodidactos. Y se tira discurseando un rato sobre la cuestión. La cual suscita pareceres distintos. El mío, cuando me toca intervenir, otra vez, en relación con algo que ya ha sido muy manoseado, fue el siguiente: Recibir una educación superior es muy importante. Faltaría más. Pero de qué vale un título que se ha sacado sin provecho y que acaba siendo colgado de una pared de una sala de estar para ejemplo de cómo una carrera universitaria muchas veces hace a los hombres inútiles. Tontos de los pies a la cabeza.

No obstante, de autodidactos geniales podríamos hablar y no acabar en mucho tiempo. Los ha habido escritores –Hemingway- y estadistas –Churchill-. Científicos, actores, actrices, músicos, poetas… En España, por ejemplo, a Fernando Fernán Gómez, según dijera de él Umbral –otro perteneciente a la cofradía de los intitulados-, le faltaba solamente haber inventado el avión para poderle llamar renacentista o leonardesco.

Como fin de fiesta, salió a relucir la higa que le ha hecho el alcalde a los representantes de la Asociación Watani catalana. Y el grito fue unánime: ¡Bien, coño, bien…! Aplausos como cierre de la tertulia.
 

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