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OPINIÓN - DOMINGO, 6 DE ENERO DE 2013

 
OPINIÓN

Miscelánea semanal

Por Manuel de la Torre


LUNES 31.

Me llama Enrique Ávila, secretario de la UNED en Ceuta, y me alegra sobremanera charlar con él. Enrique, entre otras cosas, me dice que sigue leyendo el pesimismo que me embarga. Aunque es justo reconocer, dice él, que la situación que estamos viviendo no es para tirar cohetes. Cierto, Enrique. Lo cual hace que el fatalismo cunda entre mucha gente. Sobre todo cuando estamos a punto de ingresar en la cofradía de los seis millones de parados y el presidente del Gobierno de España no se aclara nada más que a la hora de decirles a sus ministros que anuncien recortes a granel. Por lo cual no debe extrañar a nadie que la gente esté asustada por lo que pueda ocurrir a partir de mañana. Es decir, a partir del 2013. Año, además, de los considerados gafes. Y ya sabemos que los españoles somos muy supersticiosos. En fin, que ojalá mi fatalismo, tipo de los personajes del 98, sea solamente motivado por mis lecturas de quienes vieron siempre que en España la anormalidad era lo normal. Enrique y yo no deseamos felicidades y suerte para Rajoy. Que será la suerte de todos los españoles.

Martes. 1

No sé que ha pasado este año que mi teléfono ha sonado más que ningún otro año, por estas fechas. Hoy les ha tocado alegrarme la vida a varios ex jugadores de fútbol a quienes tuve la suerte de dirigir varias temporadas. Voy a mencionar a uno de ellos, que ya habrá tiempo para referirme a los otros. Escribiré, pues, de Suano. Corría la temporada 79-80 y un día me fui a ver un partido de patio de colegio. Y allí estaba él participando. Era un chaval de baja estatura, tez aceitunada, y con apariencia de ser poquita cosa. Era verano y el sol apretaba de lo lindo cuando comenzó el partido. Pronto me di cuenta de que Suano, que era de raza gitana, corría como un poseso y además lo hacía con cabeza. Con mucha cabeza. Jugaba con una sencillez pasmosa. Era sacrificado, valiente, manejaba el balón con ambas piernas y rezumaba desparpajo. Accedí a él, por medio de un amigo, y me enteré de que era el mayor de varios hermanos, cuando acababa de cumplir los 18 años. Lo cité en el José del Cuvillo para que hiciera la pretemporada. Y fue titular desde que principió un Campeonato en el cual el equipo consiguió 16 victorias, 14 empates y 8 derrotas. En una eliminatoria de Copa del Rey frente al Atlético de Madrid, en el Manzanares, hizo tal partido que Pereira, Leivinha, Navarro y otros futbolistas ‘colchoneros’, acudieron a nuestro vestuario a felicitarle. Un día, sabedor yo de que estaba viviendo en condiciones desfavorables para el rendimiento que se le exigía, le dije que estaba dispuesto a pagarle su alojamiento en un hostal cercano al estadio. Y me respondió de esta guisa: “Mister, cómo voy yo a vivir tan bien mientras mis seis hermanos no lo hacen igual que yo”. Lo que ganaba en el fútbol, que no era mucho, la verdad sea dicha, en esa su primera temporada como sub-20, lo entregaba en su casa. Hoy, al cabo de tanto tiempo, me ha contado que lleva veintitantos años trabajando en una gran empresa y que su hijo ha cumplido la veintena. Su llamada, además de alegría, me ha proporcionado motivos suficientes para reírme con las ocurrencias de Suano. Un gitano de El Puerto. Un hombre de verdad. Desde que tuvo uso de razón.

Miércoles. 2

Un jueves, 25 de octubre de 2007, el director del Hotel Parador La Muralla, Jesús López, llamó mi atención para comunicarme que lo habían destinado a Melilla. Y cuando me estaba contando las pocas ganas que tenía de irse de Ceuta, y así era, según la enorme contrariedad que se reflejaba en su cara, apareció en escena Pedro Fernández. Que me fue presentado por JL, inmediatamente, como su sustituto. A partir de ese momento, en el cual yo despedía a un amigo y a una persona educada y afable, comencé a tratar a otra que no admite parangón en lo que es: un tipo excelente en todos los aspectos. Pedro Fernández Olmedo, con quien hablé días atrás, así como con Juanita, su mujer, ha dejado huella en una ciudad donde cuenta ya con innumerables amigos. Los que, sin duda alguna, hemos aprendido a su vera qué significa discreción, llaneza y deseos de atender, en la medida de sus posibilidades, cuantas peticiones se le formulaban. Pedro Fernández Olmedo, tras su jubilación, va a residir en Cádiz. Y le deseamos toda la suerte del mundo. Pues ha dado muestras evidentes, durante cinco años, de ser un hombre cabal. Lo cual nunca se olvida.

Jueves. 3

Un día a la semana, a veces dos, recorro yo los bares de la calle Jáudenes. Sí, ya sé que he escrito en más de una ocasión acerca de este asunto, pero no tengo el menor inconveniente en repetirme, para decirles a ustedes que siempre me olvidé de mencionar el dirigido por Manuel Hernández Prieto, conocido, sobre todo, por el sobrenombre de Pachi (olvido, como debe ser, del que me culpo por más que careciera de mala intención). De Pachi he oído, muchas veces y a personas muy distintas, que es un tío cojonudo. Tío excelente y que se hace querer en cuanto lo tratas aunque sea lo justo. El bar de Manuel Hernández Prieto, “Pachi”, se llama Café Bar Corocotta. Hoy, en compañía de unos amigos, he bebido su vino y he degustado unas tapas excelentes. Y a Pachi, nuestra visita, le ha sabido más que bien. Y, por tanto, he decidido airearlo.

Viernes. 4

Visito a Ángel Muñoz -gerente del periódico- en su despacho, y tras los saludos de rigor, lo primero que hace es entregarme una felicitación navideña, enviada por José María Campos. Y se me ocurre decirle, tras leerla, que o bien es la primera que recibo por parte de José María, o nunca antes, es decir, durante años anteriores, nadie decidió entregarme la postal de marras. De cualquier manera, aprovecho el motivo para saludar a quien siempre ha participado –y participa- activamente en todo cuanto concierne a la vida de esta ciudad. Por ser persona destacada de la misma, al margen de sus actividades empresariales, debido a su vasta cultura, a su saber estar, y sobre todo a la educación exquisita que suele mantener en sus relaciones diarias. Todo ello, unido a otros saberes, le permiten ser un personaje de referencia en Ceuta. Eso sí, lo cortés… no evitó que en ocasiones disintiera de él por alguna que otra opinión. Como no podía ser de otra manera. Un abrazo.

Sábado. 5

Se me ha olvidado, en estos días de llamadas telefónicas para intercambiar mensajes navideños, preguntarle a Emilio Lamorena por Pepe Sillero, amigo de ambos, y a quien le tengo ley. Así que me pondré en contacto con Emilio, cuanto antes, con el fin de que me ponga al tanto de cómo está PS, al cual no veo desde hace ya mucho su tiempo. Y ya, aprovechando la ocasión, diré que a Pepe y a mí nos costó lo suyo entendernos. Al principio, parecía que, cuando nos veíamos, cualquier motivo nos valía para discutir. Aunque sin perder los papeles. Todo hay que decirlo. Pero nuestras relaciones fueron mejorando y llegó un momento donde la amistad se tiño de verdad y principió una extraordinaria estimación entre nosotros. Por tal motivo, y dado que no me he tropezado con Pepe, desde hace meses, emplazo a Emilio, aunque sé que anda muy atareado, haciendo labores de abuelo, a que me llame y me ponga al día de cómo se halla nuestro amigo: Pepe Sillero.
 

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