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OPINIÓN - DOMINGO, 13 DE ENERO DE 2013

 

OPINIÓN / SNIPER

En Azawad se está poniendo el sol
 


José Luis Navazo
yebala07@yahoo.es

 

Hoy 13 de enero, los imazighen (beréberes) celebran su Año Nuevo, el Idh Yennayer, que alcanza la respetable cifra de 2963, casi tres milenios de una densa historia agrupada a veces en Estado y que ha visto crecer y morir a culturas e imperios diferentes desde los tiempos de Cartago y Roma. Repartidos en la actualidad por el norte de África, bien asentados en la Cabilia argelina y en Marruecos desde el Rif, al Atlas y el Sous, en el sur el pueblo amazigh entroncaría directamente con los “hombres azules”, los tuaregs. Su historia nunca ha sido fácil, encorsetada las más de las veces por pueblos o culturas dominantes pese a los que el genio amazigh supo siempre adaptarse y trascender hasta la actualidad: desde los reinos númidas de Sifax, Masinisa y Juba II a los imperios almorávide y almohade en el Medievo, o a la república del Rif en el siglo pasado, los imazighen han sabido resistir al viento de la historia, capeando tormentas y, luchadores natos, triunfando siempre en la ardua tarea por la supervivencia.

Quizás sea hoy en Marruecos donde los imazighen, si bien aun bajo algunos condicionantes, se encuentren mejor integrados pues el régimen ha tenido cintura y ha sabido, aun de forma tímida y renuente, ir soltando lastre evitando con ello que salte la espita étnico y social: aun están vivos y presentes los dolorosos recuerdos, tras la independencia, de la sangrienta represión en el Tafilet (enero de 1957), el Atlas y el Rif (mayo 1958 a enero 1959). Desde la “crisis berberista” de la primavera y verano de 1994 al Manifiesto Beréber de Mohamed Chakif (1 de marzo de 2000) o la creación del IRCAM (Instituto Real de Cultura Amazigh) el 17 de octubre de 2001, se ha ido recorriendo un largo camino no exento de obstáculos. La nueva Constitución, refrendada de forma mayoritaria, el 1 de julio de 2011, pareció abrir las puertas a la normalización de pleno derecho de los imazighen en Marruecos, la tierra de sus ancestros, pues al fin y al cabo los árabes y su peculiar colonialismo vinieron mucho después. Incluso en el actual gobierno, al menos dos personalidades son de neta ascendencia beréber: uno el ministro de Exteriores, puede que la cara más amable sin duda la mejor valorada del ejecutivo, el doctor en psiquiatría Saâdeddine El Othmani (PJD); otro, el titular del ministerio del Interior, el harakí (Movimiento Popular, partido beréber oficial) Mohad Laenser. No obstante queda mucho por hacer: desde las altas instancias del Estado, en Rabat, el Idh Yennayer está pasando desapercibido, incluso “en la indiferencia gubernamental” al decir de Ahmed Arrehmouch, coordinador de la Red Amazigh para la Ciudadanía, para quien “hay que seguir reclamando la promoción y la protección de la lengua, la cultura y la civilización amazighes” A título de ejemplo, las disposiciones constitucionales siguen sin desarrollarse, en concreto la aplicación de la ley orgánica del artículo 5 de la Carta Magna. Mismamente, el acuerdo para pasar de 6 a 24 horas la difusión del canal de televisión amazighe está pendiente y las autoridades, particularmente consulares, siguen rechazando prenombres amazighs para los recién nacidos, lo que no deja de ser además de una anomalía jurídica una muestra de segregación e, incluso, un tipo larvado de “racismo étnico”. En cuanto al IRCAM, se piensa que podría y debería implicarse más en el proceso so pena de arriesgarse a quedar superado por los acontecimientos. No obstante, el pasado 18 de octubre y en el Club de la Prensa de Rabat, el líder tuareg Mussa Af Attaher intentó que los imazighen marroquíes reconocieran al insurgente MNLA (Movimiento nacional para la Liberación de Azawad), quien el 12 de abril de 2012 y tras seis años de lucha proclamó la independencia de Mali sobre un terreno de unos 800.000 km2 y que, posteriormente y debido en parte a la intoxicación mediática de Francia y en menor medida Argelia, fue batido por las bandas del terrorismo yihadista derivadas de AQMI, Al Qaïda en el Magreb Islámico.

Tras los recientes ataques franceses del viernes y sábado sosteniendo a las magras fuerzas del ejército de Mali, que luchan contra la penetración de las bandas yihadistas hacia el sur del país, el reino de las sombras parece abatirse hoy sobre las dunas del Sahel y el nuevo triángulo de la muerte a caballo de Mali, Mauritania y Argelia, patria sin frontera de los errantes tuaregs, los imazighen del sur. Si Francia lo ha tenido claro en lanzarse al combate y Argelia permanece a la expectativa, el Reino de Marruecos pueda que estos días tenga que redefinir su estrategia en la convulsa región, sobre la que no hace mucho el titular del ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, El Othmani, pensaba que era mejor no intervenir militarmente. El salafismo yihadista que infecta ya todo el norte de África y que ha logrado posicionarse, camuflado, en Siria, podría estar hoy reorganizándose en el Sahel de la mano de un antiguo miembro de la Yamaâ al Tabligh y ex yihadista del GSPC (Grupo Salafista para la Predicación y el Combate), el tuareg Omar Ould Hamaha, alias “Barbarroja” por usar ésta teñida de henna y quien presume de haber predicado con la espesa secta tablighi “por más de cuarenta países del mundo, desde África o Asia hasta Europa”, sosteniendo que “no hay más legislación que la sharia (ley islámica)” y permitiéndose el lujo, desde su base volante de Mali, de amenazar a Occidente “con un 11 de septiembre multiplicado por diez”. Crudo lo tienen los imazighen del sur en esta oscura y confusa lucha, cuyos actores no deben reducirse al ejército de Mali, las tribus tuaregs y las bandas afines al terrorismo yihadista. ¿Cómo han logrado instalarse allí?, ¿quién las financia?, ¿quién las protege....? Porque, como ya saben, en el mundo del terrorismo nada es lo que parece. De hecho y tras el confuso despertar del fanatizado islamismo radical tras la llamada “Primavera Árabe”, parece legítimo preguntarse ¿quién está detrás?. Apuntaré dos cosas: el oscuro papel de la cadena Al Yazzira y del intrigante emirato de Qatar. Y tras el telón, el impresentable wahabismo hambalí de Arabia Saudí y su protector, los mismos Estados Unidos, meciendo, meciendo la cuna. Visto.
 

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