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OPINIÓN - MIÉRCOLES, 23 DE ENERO DE 2013

 
OPINIÓN / COLABORACION

Un cuento para el Doctor Abdelkrin:
“El elefante azul con patines rojos”

Por Ángel Díez


Porque… el Doctor Abdelkrin, era un hombre de bien…era un hombre bueno, cuya existencia fue necesaria para muchos. Es más… creo… que en toda Ceuta seria difícil encontrar a una persona que no hayamos tenido una historia llena de humanidad con él. Por eso, ante el estupor de su definitiva marcha no he sabido que decir. Y tan solo se me ha ocurrido contar un cuento. Cuento que le dedico a él, porque creo que así, con sus más y sus menos, fue su vida entera de entrega y dedicación a los demás.

“Érase una vez que se era... Un elefante azul con patines rojos, que todos los días cantaba una canción de cuna a todas las palomas naranjas y otros colores, que se arrullaban en las cestas de lana que la selva todas las tardes fabricaba. Por cierto…los patines rojos eran para ir más de prisa a donde los demás animalitos le necesitaban, ya que a estos siempre algo les pasaba. Porque, no lo he dicho antes pero este elefante azul de patines rojos era un elefante bueno, que por las mañanas nadaba en el lago haciendo cascadas con su trompa, para que los pájaros y los peces de colores jugaran. Y por eso, todos los animales de la selva, las flores y sus árboles, le querían y estaban con él encantados.

Por cierto, la trompa de la que nunca se desprendía el elefante azul de patines rojos, era algo que desde muy niño se había esforzado en tener. ¡Solo, los demás niños con los que a veces jugaba, saben cuanto le costo conseguir esa trompa tan excelente!. Porque su trompa era extraordinaria, ya que con ella sabia lo que a los demás les pasaba y además con ella sus daños les curaban. ¡Trompa, que por cierto ni de noche ni de día nunca se quitaba!

Pero un día, algo cambio en el bosque de los sueños de color. Y de esta manera, que no de otra, en algún lugar y por alguna razón, un periquito verde y amarillo de color pedaleando una bicicleta blanca por las sendas de la selva apareció. Y fue tal la sorpresa y la emoción, que desde ese momento hasta las estrellas, la luna y el sol se reunieron formando un celeste balón, para ver todas juntas la bonita atracción que tanto les divertía en la soñada selva del elefante azul con patines rojos. Era tal el espectáculo que todos los animales de la selva, las flores y sus árboles, dejaron de jugar y hacer caso al elefante azul de patines rojos, para ver con entusiasmo las piruetas que el periquito verde y amarillo hacia con su bicicleta blanca. Y todos estaban contentos y aplaudían el espectáculo, olvidándose del elefante azul de patines rojos, ya que distraídos con el periquito apenas jugaban él.

Y elefante estaba triste, porque ni cuando hacia cascadas de agua con su trompa en el agua, los peces y los pájaros ya no jugaban. Por eso, desde aquel día, debajo de un árbol solo estaba. Y así pasaban los días y hasta las semanas. El elefante azul solo bajo su árbol, y todos los demás animales de la selva de color divirtiendose con el periquito que hacía piruetas con la bicicleta blanca.

Mas, un día algo sucedió. El periquito verde y amarillo se distrajo cuando hacía rodar su blanca bicicleta chocando con una gran jirafa, que ensimismada con las copas de los árboles por allí pasaba. Con el golpe, una rueda de la bicicleta se deshinchó y además a la jirafa le hizo tanto daño en una pata que se puso a llorar, y como era tan alta parecía que en vez de lágrimas, sobre el suelo de la selva soñada de color cayeran las gotas de agua de una nube enfadada. Y tanto se asustaron los animales, las flores y sus árboles, que unos se marcharon corriendo a esconderse y los otros se callaron arropándose en el silencio. Y allí, solo quedaron, el periquito, la bicicleta deshinchada y la jirafa llorando. Y todo el bosque parecía triste, porque nadie jugaba ni cantaba.

Y fue tanto el silencio, que hasta el árbol bajo el que elefante azul de patines rojos se encontraba llegó. Y al elefante, este silencio le extraño mucho. Por eso, preocupado y como también era muy curioso, se puso a patinar por toda la selva para averiguar que es lo que había pasado. Y patino...y patino… tanto, que al final, ni antes ni después sino al mismo tiempo, llegó al lugar donde el periquito y la jirafa lloraban junto a la deshinchada bicicleta blanca. Y al verlos al elefante le dio mucha pena. Porque… no sé si los demás lo saben, pero al elefante azul no le gustaba ver llorar a nadie y por eso siempre les ayudaba. ¡Era su propia naturaleza la que se lo ordenaba!.

Pronto, se puso manos a la obra, y en un trís trás con su trompa infló la rueda pinchada de la bicicleta blanca del periquito verde y amarillo, que feliz y riéndose de nuevo se montó en ella para seguir haciendo sus piruetas. Pero la jirafa seguía llorando de dolor por el daño que le hacia la pata magullada. Tampoco dejaría de ayudarla el elefante azul de patines rojos, así que llenándose la trompa de barro caliente al que añadió hierbas calmantes y medicinales que el conocía, y olvidándose de su mal sabor, roció la pata de la jirafa con el lodo que su trompa acumulaba. Y la jirafa sonrió viendo su pata llena de barro e hierbas, pero que ya curada no le causaba ningún dolor.

Después, el elefante azul de patines rojos, se fue corriendo al río para lavarse, porque la trompa le dolía y además le olía mal. Y ya, como siempre, olvidándose del bien que siempre hacía, estaba en el río haciendo cascadas que limpiaban su trompa manchada. Pero, cuando en esto estaba, oyó risas y ruidos a su alrededor. Y vio que los peces y los pájaros de color jugaban de nuevo con el agua derramada que de su trompa arrojaba, y también vio como la jirafa y el periquito con su bicicleta blanca le daban las gracias desde la orilla del río donde él se bañaba. Entonces, el elefante azul de patines rojos también sonrió y así siguió siempre ayudando a todos los que lo necesitaban.

Pero, un día, el elefante azul de patines rojos se durmió y nunca más se despertó. Sus sueños se fueron a un castillo encantado donde los que caminan no pueden alcanzar, y allí es donde ahora anda jugando y ayudando a los habitantes de su nuevo mundo. Y en la selva soñada de color los animales, las flores y sus árboles, el periquito verde y amarillo con su bicicleta blanca y… hasta la jirafa, miran todos los días al cielo recordando al elefante azul de patines rojos que con su trompa a todos tanto ayudaba.”

Y… colorín…colorado este cuento se ha acabado.

Adiós… Doctor Abdelkrin. ¡Gracias por haber existido!
 

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