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OPINIÓN - DOMINGO, 17 DE MARZO DE 2013

 

OPINIÓN / EL OASIS

Comentarios del fin de semana
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Me encuentro con un militante del PP, cuyo nombre no menciono, porque él así lo quiere, que, cuando me oye decir el nombre de Luis Bárcenas, se expresa así: “Ese tío no es bueno ni picao pa albóndigas”.

Al militante del PP le salió del alma su andalucismo cordobés. Al contestarme con esa locución, que indica que uno es muy mala persona. Y dado que veo que no está el horno para bollos, me despido de él en cuanto puedo.

Más que mala persona, según vengo comprobando cada día, desde que surgió el lío del alpinista onubense, éste se ha convertido en un demonio. Hasta el punto de que el presidente del Gobierno se ha prohibido referirse a quien él considera el Maligno en persona. Y creo que está cometiendo un error mayúsculo.

Me explico: “Los enemigos son grandes según el miedo que nos producen”. Y Mariano Rajoy, negándose a pronunciar por sistema el nombre del extesorero y gran amigo suyo que fue -no en vano llegó a poner la mano en el fuego por él, cuando el célebre Congreso de Valencia-, está propiciando que el miedo a Luis El cabrón se siga extendiendo en su partido. Hasta el punto de que mentarlo deja paralizado a cualquier afín a la derecha española.

Un gitano amigo, que se cantiñea bien y con quien llevo hablando desde hace la tira de tiempo, cada vez que nos tropezamos por las calles céntricas, me saca a relucir el tema de Bárcenas para decirme que los del PP le tienen “cangui” al charrán del tesorero. Se les nota que la jindama les puede y los deja achantado.

A mí me encanta el vocabulario gitano. Me he criado entre ellos, y me agrada sobremanera oír lo de “cangui”. Canguelo. Vamos, Miedo. Derivado de ese “cangui”, recelo. Y qué decir de jindama. De esa jindama que les tienen todos los que tienen que temer algo de Bárcenas. Por cierto, le digo a mi amigo: no me cabe la menor duda de que el extesorero carece de lacha. Y él, con gran celeridad, me contesta: Manolo, ese andoba no conoce la vergüenza.

Me despido de mi amigo, no sin antes que se arranque por lo bajinis con un fandango del Corruco de Algeciras: “A pedirme se acercó…”. Y a mí me anima tanto que acelero el paso para presentarme en ‘El Mentidero’ y tomar asiento con quienes comparto mesa los sábados. Por cierto, que ya llevaba dos sin acudir a la cita. Y es que a mí cuando marzo marcea se me quitan las ganas de muchas cosas.

Se me quitan las ganas de hablar de todo menos de fútbol. Que es de lo que se habla hoy en todos los sitios de la ciudad.

Es curioso: un partido de Tercera División ha conseguido que la gente recuerde la extraordinaria labor que vienen haciendo los directivos del Ceuta. Que eche la vista atrás para comentar aquellos partidos de otrora entre algecireños y ceutíes. Y a mí me toca contar anécdotas vividas como entrenador que fui de ambos conjuntos. Las tengo, sin duda alguna, varias y muy interesantes.

Cuando se habla de un Algeciras-Ceuta o la inversa, los sentimientos se acumulan y los recuerdos afloran. Mañana –hoy para ustedes- es más necesario que nunca que los aficionados acudan al Murube. Para animar a un equipo que viene haciendo una temporada magnífica. Porque están en juego tres puntos vitales para hacerse un sitio entre los cuatro primeros equipos del Grupo X de Tercera División. Y quién sabe si, al final, el premio es gordo: es decir, quedar el primero. Con lo cual habría muchas ventajas a la hora de jugar la fase de ascenso. ¡Todos al Murube…!
 

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