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OPINIÓN - DOMINGO, 21 DE ABRIL DE 2013

 
OPINIÓN / COLABORACION

La refundación del capitalismo

Por Álvaro Pérez


En el contexto actual de crisis económica que vivimos, se ha oído y leído muchas afirmaciones, algunas disparatadas, desde los ámbitos empresariales, sindicales – estos parecen paralizados -, políticos y sobre todo, los medios de comunicación, no digo todos, pero sí aquellas firmas que dan por bendecidas las medidas que el gobierno de España ha puesto en movimiento en el sector financiero.

Lo cierto es lo que leemos en los boletines oficiales, por un lado el Real Decreto Ley de 10 de octubre, que crea un Fondo con cargo al Tesoro con una dotación inicial de treinta mil millones de euros para adquirir a las entidades financieras activos de máxima calidad (no se especifica qué calidad es esa). Por otro, el Real Decreto Ley de 13 de octubre que dispone el otorgamiento de avales del Estado a las operaciones de financiación nuevas que realicen las entidades de crédito residentes en España. En concreto en 2008 se podrían conceder avales hasta un importe de cien mil millones de euros.

Y todo ello, tras una extensa retahíla de algunos medios centralistas que nos repetían que los bancos españoles estaban fuera de toda sospecha de crisis, en una solidez incomparable con la debilidad del resto de la banca internacional. Los titulares que asomaban y siguen exhibiendo esta indolencia suenan más a clientelismo bancario, acaso nacionalismo económico español, que a la pura y dura realidad: el Estado pone dinero de todos los contribuyentes para dotar de liquidez a las entidades financieras españolas que, en la última década especialmente, se han dedicado a invertir en mercados especulativos sospechosos, redondeando suculentos beneficios repartidos en pocas manos que ahora se esconden. Los discursos del exPresidente Zapatero,sobre todo y el ahora también Presidente Rajoy defendiendo estas medidas en el Parlamento del Estado, sigue en coherencia con la de los pregoneros mayores del reino: las grandes empresas multinacionales, la banca y los medios afines. En el contenido del mismo, sitúa la causa del problema en las turbulencias financieras de Estados Unidos, como epicentro, con la existencia de activos tóxicos, fruto de una especulación salvaje y descontrolada que ha terminado por mermar la desconfianza y, por lo tanto, la solvencia de los mercados bancarios, con la consiguiente “contracción de la liquidez”. Por lo visto la periferia que acudió a operar y recibir dividendos queda exenta de toda responsabilidad.

En su cansina exposición no paró de citar entidades norteamericanas, para aseverar que tales males made in USA llevarían al colapso financiero si los gobiernos no ponían sobre la mesa ingentes cantidades de dinero público para los pobrecitos bancos europeos, víctimas – según se desprende de ese discurso socialista – de las malas mañas norteamericanas.

No hay en toda su elocución ni un atisbo de crítica al comportamiento de los banqueros españoles que se fueron con el dinero de sus clientes a pastar por tierras neoyorquinas en busca de ganado, para regresar con el culo al aire y sin ovejas, pidiendo agua por señas a un gobierno, que no sólo acude raudo, a sacar las perritas de los españoles para dárselas a cuatro empresas en crisis – por la avaricia de sus actos económicos -, sino que justifica “el buen comportamiento de las entidades financieras españolas”. Singular pero increíble diagnóstico económico.

Esas entidades, que tras sus ruinosas maniobras especulativas, se van a beneficiar del dinero de todos los españoles, son las mismas que han venido actuando sin escrúpulos con las familias – a las que han hipotecado hasta las cejas en tipos de interés usureros – y las pequeñas y medianas empresas, que han venido soportando gravosas imposiciones destinadas a suculentos beneficios de créditos miserablemente caros.

Las mismas que llevaban ganados 22.400 millones de euros en los 9 primeros meses de 2008. Las que estimaron en un 6% más que el año anterior el crecimiento para el tercer trimestre.

Por si fuera poco, alguno, como el Santander, insiste en que en 2008 conseguirá ganar 10.000 millones que s había propuesto y hasta podría sobrepasar ampliamente esta cifra si consigue cerrar la venta de Cepsa, que está negociando.

A pesar del discurso de ZP y de sus dos decretos de inyección económica, los bancos españoles aseguran tener bastante liquidez o al menos, creen ser capaces de conseguirla. Santander y BBVA dicen tener 50.000 millones cada uno; Banco Popular, 19.000 millones; Sabadell, 9.000 millones, y Banesto, 7.000 millones. A todo habrá que añadirle el RESCATE FINANCIERO para quienes han ayudado o han sido culpables de esta situación, por el momento insostenible. Habría que preguntarle a los consejeros de Obama en sus negociaciones con los banqueros norteamericanos.

Dicho todo esto, las encuestan no cuadran, o cuanto menos, no se está diciendo la verdad a los ciudadanos que no cesan de quejarse, con sólidas razones, de las medidas de los Gobiernos de España, que, dejémonos de dudas, no están destinadas a los trabajadores, ni a las familias, ni a las pequeñas y medianas emprendedores

En Europa lo dicen con más claridad: se trata de refundar el capitalismo. Lo que es posible que avergüence reconocer con nitidez a aquellos que en la Moncloa, vestidos de chaqueta y corbata, deciden seguir ese camino, mientras en la calle, disfrazados de progres, cara al electorado, se hacen llamar defensores del electorado, lo que no deja de ser un sarcasmo.

Sin embargo, veamos que hay tras esa frase pomposa que suena a salvadora de todos los males del mundo. “Lo que quieren es refundar el sistema financiero internacional, que desde 1973 ha crecido al margen de la regulación de las reglas establecidas en Bretton Woods, poner orden el uso de los derivados financieros, en los bancos de inversión, pero eso no es refundar el capitalismo”, asegura José Carlos Díez, profesor de Economía Internacional de la Universidad de Alcalá de Henares y economista jefe de Intermoney, es decir, nada sospechoso de ser hostil a la economía de mercado.

Evidentemente, aquellos que han sido colocados en el poder por las grandes empresas transnacionales, por los sectores mediáticos afines a los poderes fácticos económicos, no van a tocar ni un ápice de un sistema que les permite vivir con inmensos recursos, beneficios y excedentes. No van a eliminar la explotación del hombre por el hombre, ni siquiera se plantean – como ha presumido alguna vez Zapatero -, social-democratizar la economía, que en cualquier caso, a ver qué quiere decir este término que lo distancie del capitalismo que vivimos.

¿Alguien puede pensar que la cumbre del 15 de noviembre en Washington pueda salir algo que cambie este orden económico que ha llevado a cuatro de cada cinco seres humanos a la pobreza más absoluta?

Todo está analizado desde hace más de un siglo en los tres volúmenes de Das Kapital, Desde la producción y circulación del capital hasta el proceso global de producción capitalista y su seña de identidad: la plusvalía.

Y no hay alternativa al neoliberalismo que nazca del mismo orden de ideas y mucho menos de sus defensores más leales, los banqueros.

Lo que sí ilumina a pueblos como el nuestro es que es posible comenzar a construir modelos económicos que sean capaces de distribuir riqueza de manera más justa, un modelo de tránsito que piense en los derechos universales de los ciudadanos. Mientras vivamos en un mundo globalizado, bajo el imperio económico de los Estados Unidos, es viable comenzar a perfilar nuestra sociedad, mirando al futuro en lo energético, y sentar las bases de un desarrollo sostenible que dé amparo a nuestra gente, rompiendo paulatinamente nuestra dependencia exterior y eliminando las grandes diferencias sociales que aún perviven de esquemas obsoletos, copias clónicas de lo que se hace en ese mundo que ahora se pretende refundar.

La solución al capitalismo es que deje paso a un estadio superior de la humanidad, más justo y avanzado, como analizaba con rigor F. Engels en su libro El origen de la familia, la prosperidad privada y el estado. Y desde luego, los dirigentes del G20 y todos los G que ustedes quieran no están por esa tarea.

Sin embargo, es totalmente viable, en la dinámica de los pueblos, en las enormes contradicciones internas del actual orden de cosas, que genera cambios e impulsa ideas de solución real. La lucha por la identidad de los pueblos es una de ellas. La construcción nacional propia, liberada de centralismos neo coloniales voraces. La contradicción de la globalización es la unidad nacional, ello ocurre en la periferia, que se opone al modelo.

El centro no debe tener réplicas exactas de modelos, sino contestación de modelos nacionales alternativos a su inercia capitalista centralizadora.

Pero, ello requiere el compromiso y el movimiento de mujeres y hombres libres de prejuicios, pequeño burgueses, intelectuales progresistas, jóvenes de compromisos firmes y pueblos conscientes de su identidad propia, diferente a las estructuras que lo oprimen.

Es la hora de trabajar, de verdad, desde todo el País, por un nuevo orden internacional en que las palabras paz, justicia y libertad, tengan auténtico sentido, individual y colectivo.
 

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