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OPINIÓN - DOMINGO, 28 DE ABRIL DE 2013

 

OPINIÓN / SNIPER

Entre fatwas y el Sáhara: Mohamed
VI, más rey que nunca

 


José Luis Navazo
yebala07@yahoo.es

 

El reciente ataque de nervios sufrido en Rabat tras la iniciativa norteamericana con la MINURSO ha dejado paso a la calma chicha, habitual tras las tormentas, mientras se evalúan los severos daños de imagen sufridos en el contencioso sahariano y el aparato administrativo luce en la cara lo que por estos pagos llaman “sonrisa amarilla”, o sea una mueca de circunstancias. “Victoria pírrica”, cuento a mis queridos amigos marroquíes a quienes cuesta reconocer (el árbol no les deja ver el bosque) que solo se ha ganado tiempo y que, por el contrario, han quedado expuestas algunas debilidades estructurales del país mientras el ciudadano de a pie intuye que, pese al “bombardeo” mediático oficial, la situación jurídica internacional de las marroquíes “Provincias del Sur” no es tan sólida como se vende. Y mientras, desde la portada de Le Temps del viernes 26 se airea el mensaje de estos días, o “Cómo el Rey ha salvado el Sáhara”.

Porque esta grave crisis cerrada en falso ha demostrado por lo demás, a propios y extraños, que en el Reino de Marruecos la única administración que hay y cuenta es la real, sin entrecomillar pero en el sentido mayestático de la palabra: el gobierno Benkirán ha sido apartado del dossier sin contemplaciones, bruscamente y diría incluso con un toque de soberbia, tomando desde el primer momento los consejeros reales (los Fassi y los Fihri, los Fihri y los Fassi) las riendas de la situación, dejando a un lado, cuando no aparcados, a los representantes políticos elegidos por el pueblo marroquí. Sin subterfugios ni complejos, que donde manda patrón no manda marinero. ¿La nueva y flamante Constitución....? Un brindis al sol. Porque si es cierto que la figura del rey, el joven soberano Mohamed VI, concentra de hecho y de derecho las últimas decisiones en los cruciales aspectos de exteriores y defensa, también es verdad que los consejeros reales son eso... consejeros y no tienen estatuto político ni administrativo para recibir a los representantes del pueblo, los diputados, esa es la labor del gobierno, de un gobierno que ha sido eclipsado y echado a un lado del foco de los acontecimientos como se ha visto desde el primero momento, el 14 de abril, en Fez... O en Moscú. ¿Quién y cómo entregó la carta personal de Mohamed VI a Putin..? ¿El ministro de Exteriores y titular oficial de la cartera, El Othmani, o su segundo en teoría, el sobrado ministro delegado Fassi Fihri...? Que me lo cuenten. Porque además lo que no deja de publictarse desde Rabat es que la diplomacia marroquí ha mostrado sus límites (volvemos a Le Temps), siendo salvada la situación por “la intervención firme y sin equívocos del Rey Mohamed VI”, cuya iniciativa personal habría desactivado “la bomba del Sáhara” (sic).

Si esto ocurre en el digamos frente exterior, en el que Mohamed VI es más rey que nunca, lo mismo ocurre dentro del país. Y es que la severa crisis sufrida con las Provincias del Sur ha desdibujado la crucial y decisiva intervención del propio Mohamed VI ante la preocupante e indecente“fatwa” (o fetua) sobre la apostasía, muy en consonancia por lo demás con la tradición islámica, emitida alegre e imprudentemente por el Consejo de Ulemas del Reino (¡en teoría presidido por el mismo rey!), que recomendaba literalmente la pena de muerte para cualquier musulmán que abandonara su religión. Tal cual. Con dos cojones en los tiempos que corren y siendo, Marruecos, socio preferente de la Unión Europea.

Los primeros en llamar la atención sobre la misma fueron diferentes asociaciones de derechos humanos marroquíes, encabezadas hay que decirlo por El Mahjoub El Haiba, al frente de la Delegación Ministerial de Derechos Humanos (DIDH) advirtiendo que (maticemos que para muchos ésta execrable fatwa encaja al dedo en la sharía o ley islámica), vulneraría todas las convenciones y tratados de derechos humanos ratificados por el Reino de Marruecos.

Añadiría más: ¡iría contra la el espíritu de la nueva Constitución!. Efectivamente, además de reconocer la libertad de culto (Artículo 3) y “reafirmar su acatamiento a los derechos del Hombre tal y como son universalmente reconocidos” (Preámbulo), se infiere que cada uno posee la libertad de conciencia, de creencia y de convicciones religiosas, es decir una forma quizás sutil de reconocer tácitamente la libertad de conciencia. Por lo demás, en El Corán la sura medinesa de “La Vaca” (de 286 aleyas), establece claramente en su aleya (versículo) 256 que “No cabe coacción en religión” (en la popular edición del arabista Julio Cortés), si bien la versión de El Noble Corán traducida y comentada por el ministerio de Asuntos Islámicos de Arabia Saudí es más críptica correspondiendo la cita a la aleya 255 (“No hay coacción en la práctica de Adoración”), advirtiendo en las notas (estamos hablando del wahabismo hambalí, la cara más espesa y dogmática del Islam) que, entiendo bajo la ley de los abrogantes y los abrogados este interesante verso coránico (para los musulmanes dictado por Dios al Profeta Mahoma a través del arcángel Gabriel) habría sido superado por la aleya 5 de la sura 9, At-Tawba (El Arrepentimiento), con mucha enjundia y que no tiene desperdicio pero ahora no viene al caso.

A lo que íbamos y vamos indo, total que en la “jotba” (plegaria) del pasado viernes 19, en plena crisis sahariana y delante del mismo Mohamed VI, el imam de la mezquita Ohoud de Safi dedicó la misma ¡a la libertad de conciencia! (olé y olé), especificando (y en Ceuta más de un sectario grupo islamista sin enterarse) que “el Islam garantiza la libertad de religión, la libertad de conciencia, la libertad de opinión y de expresión” y que, por consiguiente, Amir Al Moumenim (el Emir de los Creyentes, o sea Mohamed VI) es el único habilitado para regular esta libertad.

Bien por el sunnismo malikí y, sobre todo, bien por el “Islam a la marroquí”, es decir el Islam propiciado por el Estado marroquí. Ahora comprenderán por qué este escribano del limes, en materia religiosa cuando menos, defiende a capa y espada al joven soberano Mohamed VI, aireado sea sin complejines y como se dice en aviación “de frente y por derecho”. Visto.
 

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