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OPINIÓN - SÁBADO, 18 DE MAYO DE 2013

 

OPINIÓN / EL OASIS

Diego Sastre
 


Manolo De la Torre
manolodelatorre@elpueblodeceuta.com
 

Mi querido amigo y compañero de tantas horas de trabajo en medios de comunicación: dirigirme a ti, cual amigo y compañero, me ha costado lo indecible. Incluso he tenido que escribirlo con una mano mientras que con la otra me tapaba la nariz. Para evitar el hedor que destila tu conducta y que viene reflejada en la portada de ‘El Pueblo de Ceuta’, hoy viernes cuando escribo.

Antes de ponerme ante el ordenador, y antes de tenerle que evitar a mis pituitarias percibir la desagradable fetidez que tu presencia en la primera de este periódico me producía, he sentido una enorme tristeza por ti. Y he estado a punto de llamarte para convencerme de que era verdad lo que estaba viendo y leyendo acerca de un comportamiento tuyo tan detestable.

Mi querido amigo y compañero de tantas horas de trabajo, debo decirte que todavía no puedo dar crédito a lo que has hecho. Y hasta tengo el presentimiento de que acabas de quedar marcado para siempre. Para toda tu vida. Y me apena muchísimo que, a partir de ahora, no seas distinguido por ser persona afable y lisonjera con quienes siempre han tenido ascendencia sobre ti. Es decir, Rafael Montero y Juan Luis Aróstegui. Sino que habrás de acostumbrarte a llevar en tu frente la señal de quien ha atentado contra una empresa y contra todos los empleados de ella. Terrible situación la tuya. Máxime siendo tú empresario.

Verás, Diego, yo sé que corren tiempos duros, muy duros; recios, como diría Santa Teresa de Jesús, y que tú también has sufrido las tarascadas de la crisis. Me consta que es así. Porque lo hemos hablado. Ya que, considerándote amigo, he sabido de situaciones tuyas como tú de las mías.

Aunque nunca podía imaginarme que te hubieras atrevido a participar en un concurso ‘amañado’ para ‘El Faro’. Por más que tú le estés tan agradecido a Montero como a su socio Aróstegui. Sí, ya sé que ambos te echan una mano en cuanto a ti se ocurre pedir un remolque.

Pero insisto: cualquier hombre que se vista por los pies jamás habría aceptado ese papel de comparsa al que te ha obligado a representar Guillermo Martínez. Guillermito para los padres y cuya nariz ha entrado ya en el museo de los apéndices grotescos. Y todo por mor de que pagaba y pagaba y seguía pagando camiones amortizados y lo ha venido negando. Por cierto, lo de los camiones puede ocasionarle a Guillermito un disgusto morrocotudo. ¡Pobres padres, con la fe que habían depositado en un hijo que ellos no se cansan de venderlo como un cráneo privilegiado! La pasión es ciega. Ciega y atrevida.

Diego Sastre, de ciega y atrevida y, desde luego, de infame se cataloga ya tu intervención en el concurso público ‘amañado’ para ‘El Faro’. Y yo me pregunto: ¿Pensaste bien en el lío que te ibas a meter cuando te propusieron que participaras en algo tan sucio? ¿Has dormido bien después de la bribonada que has cometido? ¿Has pensado que, desde ahora, serás señalado con el dedo de quienes se han dado cuenta de qué clase de persona eres?

Mira, Diego, cuando Pedro Gordillo cayó en desgracia por un lío de faldas, yo tuve los arrestos suficientes para pedir para él piedad y perdón. Aun sabiendo que sus enemigos y los míos me iban a perseguir con saña. Pues bien, para ti, que has participado en algo que es considerado una canallada, porque puedes dejar a muchas personas en el paro, ni quiero ni puedo pedir árnica. Olvídame. Amigo. Y que te aproveche económicamente tu conducta.
 

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