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sucesos - DOMINGO, 9 DE JUNIO DE 2013


José Ángel Uceda es subinspector de la UPR. GARDEU.

José Ángel Uceda / Subinspector de la UPR del Cuerpo Nacional de Policía
 

«El CNP está en formación entre las mejores policías de Europa y del mundo»

El subinspector de la UPR José Ángel Uceda habla en esta entrevista del suceso que le llevó a actuar como mediador esta semana en el centro de menores Punta Blanca, y en general de este tipo de trabajo policial

CEUTA
Tamara Crespo

ceuta
@elpueblodeceuta.com

Aunque no cuenta con el curso específico de mediador policial, el subinspector del Cuerpo Nacional de Policía José Ángel Uceda explica que se ha interesado por este tipo de trabajo y que, además, en formación el CNP es de las mejores policías de Europa y del mundo. Él ha tenido que poner en práctica los conocimientos con que cuentan los policías para responder a estas labores de mediación en varias ocasiones. La última fue esta semana en el centro de menores Punta Blanca, donde un joven de 17 años retuvo a una psicóloga, a la que amenazaba con un trozo de loza cortante. Durante más de 40 minutos, los trabajadores del centro intentaron que el menor depusiera su actitud y al no lograrlo, medió el policía, quien consiguió que liberara a la rehén.

Pregunta.- El de la mediación es un tema en el que usted se ha interesado como policía al margen de la formación específica que ofrece el CNP. ¿Cómo es el trabajo de un mediador policial?

Respuesta.- Es complicado. Hay que tener en cuenta que se va a desarrollar en una situación límite, en la que por ejemplo hay una víctima, una persona que está secuestrada, detenida ilegalmente, y siempre el secuestrador utiliza a esta persona para conseguir sus fines bajo la amenaza de matarla o dañarla. Tenemos multitud de ejemplos en la prensa e internacionalmente, con los secuestros de Al Qaeda y otras organizaciones terroristas.

P.- En el caso concreto de Punta Blanca la actuación policial fue rápida y en la parte final, ¿no? Según contaba el director del centro a EL PUEBLO, el personal llevaba unos 40 minutos tratando de convencer al joven para que depusiera su actitud.

R.- Sí, cuando empezamos la intervención y yo llegué allí lo primero que hice fue recabar la máxima información sobre la persona, sobre el secuestrador, porque esa información podemos utilizarla a la hora de hablar con él y de negociar. Cuanto más información se tenga, mejor. Por eso lo primero que hice fue enterarme de quién era, qué edad tenía, de sus antecedentes, que por cierto tenía bastantes antecedentes policiales. Además, particularmente yo le conocía por mis intervenciones en el Príncipe. Sabíamos que era duro, peligroso, y de hecho está en Punta Blanca por haber cometido varios delitos con violencia e intimidación y había utilizado armas blancas en numerosas ocasiones. También es importante saber si está bajo los efectos de alguna droga o de una medicación, porque si es así puede ser que la persona no controle sus acciones.

P.- ¿Era así en este caso?

R.- El personal del centro nos dijo que no, que no tenía constancia de que hubiera consumido ninguna sustancia estupefaciente y que tampoco estaba medicado, lo que ocurre es que se trata de una persona muy violenta, agresiva. Es que cuando hablamos de un menor parece que estemos hablando siempre de un pobre niño y por ejemplo este tiene 17 años y un físico considerable.

P.- ¿Cuál era la situación cuando ustedes llegaron?

R.- Cuando llegamos, los servicios del centro, que ya de por sí están muy bien dotados de psicólogos, sociólogos..., nos informaron de que todas sus gestiones habían sido negativas. Eso ya daba un plus de dificultad porque si los verdaderos especialistas que viven con él, los educadores, no habían conseguido resolver la situación...

P.- Parece ser que su intervención fue lo que definitivamente le hizo liberar a la psicóloga. ¿Por qué lado afrontó la situación?

R.- En principio, cuando yo entré estaba muy nervioso, muy alterado, lo que quería es estar solo con ella, no quería que nadie entrara, intentó el director hablar con él, no quería nada. Luego decía que quería hablar con un psiquiatra que él conocía de hace tiempo... Tampoco había nada específico.

P.- Eso será casi peor, ¿no?

R.- Claro, porque cuando hay una serie de peticiones concretas pues sabes a qué atenerte. Pero la dificultad era sobre todo porque la tenía asida fuertemente con el objeto cortante [una loza] y casi pinchándola. Por eso apremiaba, actuar con rapidez, porque con el nerviosismo podría escapársele un impulso y le hubiera podido cortar el cuello. Un trozo de loza puede no parecer un arma, pero tenía unas aristas muy cortantes y le podría haber cortado la yugular porque la tenía colocada a esa altura.

P.- ¿Al ser la rehén psicóloga, pudo contribuir a que se resolviera mejor la situación?

R.- Claro, las víctimas suelen estar casi siempre paralizadas porque no son conscientes de la situación que están viviendo y por la fuerza o por la violencia, tanto verbal como física, suelen quedarse paralizadas, en una situación como de limbo. Pero en este caso, es psicóloga y supo llevarlo bien. Aparte, luego ella me comentó que por la forma en que se desarrolló el diálogo conmigo se sintió tranquila.

P.- ¿Qué fue lo primero que hizo?

R.- Entré en la habitación desarmado, sólo llevaba los grilletes y una defensa policial extensible. No llevaba el arma porque puede ser contraproducente. Lo primero que hay que hacer es tratar de calmar al agresor, rebajar la tensión, porque no puedes mantener una conversación, articular ningún tipo de norma si no está normal, si no te entiende y tú no entiendes lo que te dice. Además empezó a gritar, que si la mato, que si esta no vuelve a casa..., lo típico para amedrentar. Una vez que se le tranquiliza ya empieza un diálogo más o menos coherente. Desde el primer momento le dije lo que podía ser y lo que no, hay que marcar bien claro que una cosa es negociar pero hay cosas que no...

P.- ¿Qué fue lo que desbloqueó la situación?

R.- Hubo un momento en el que guardó silencio, bajó los brazos, la soltó y me hice cargo de ella, la saqué de la habitación y luego ya lo inmovilicé a él.

P.- ¿Era la primera vez que actuaba en una situación de esta naturaleza?

R.- En este tipo de negociación sí. Hace un año y medio o dos intervine con un pobre hombre del CETI. Esa intervención me gustó más por su carácter. Era un inmigrante que se encaramó de noche a la chimenea de un barco de Baleària con la intención de irse a la península, estaba desesperado, no quería bajarse. Me gustó más por el tema humano, porque claro, si no le bajábamos convencido no había forma de bajarle, habría que haber llamado a los bomberos con una escala y ni aún así, si se hubiera opuesto... Con ese hombre sí que me sentí a gusto porque estuvimos casi veinte minutos hablando allí, de noche, con las estrellas, hablando sobre la vida... Al final nos hicimos amigos, y yo mismo le llevé al CETI. Me gustó más por el carisma de la persona. Hace tiempo, cuando estaba en la comisaría de Vallecas también me encontré con un caso de un chaval que tenía problemas de identidad sexual, se encerró en una habitación y empezó a lanzar objetos por la ventana, amenazaba con tirarse y pasó lo mismo, iba sin uniforme y hablé con él. Al final lo que quieren algunas personas es que se las escuche, que se les comprenda.

P.- Al margen de la formación específica todos los policías deben tener algún conocimiento de este tipo de actuaciones, ¿es así?

R.- Sí, además el Cuerpo Nacional de Policía ya desde la fundación de la Escuela de Ávila, en formación está entre las mejores policías de Europa y del mundo, contrastado con otras academias. Yo he tenido la oportunidad de viajar por el extranjero por mi trabajo y tenemos una reputación muy grande. Dentro de los programas de formación se forma al policía en diferentes facetas, psicología, sociología, ética..., aparte de las técnicas policiales.

P.- Satisfecho entonces cuando una actuación así termina bien...

R.- Sí, satisfacción sobre todo del deber cumplido, de que hay una persona a la que hemos ayudado, porque el policía está para ayudar, los que estamos por vocación estamos porque queremos ayudar, para hacer una primera justicia, y cuando ves que tu trabajo ha salido bien y que no ha pasado nada pues te vas a casa con la conciencia traquila, con el deber cumplido, y si encima ves que luego te lo agradecen, mucho más.
 

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